Milei cree que su gobierno debe comunicar mejor: un panel de expertos dice que su problema es la gestión
Todos los gobiernos de la democracia argentina tuvieron algo en común: cuando las cosas no salían bien, todos les echaron a su debido tiempo la culpa a “errores de comunicación”. En síntesis: si la Argentina es un país de enorme potencial que nunca logra “salir adelante”, entonces debe ser que tiene
Todos los gobiernos de la democracia argentina tuvieron algo en común: cuando las cosas no salían bien, todos les echaron a su debido tiempo la culpa a “errores de comunicación”. En síntesis: si la Argentina es un país de enorme potencial que nunca logra “salir adelante”, entonces debe ser que tiene muy malos comunicadores.
Por las dudas, la semana pasada los hermanos Milei hicieron un cambio aparentemente insignificante, pero que expone el “pensamiento mágico” de que están haciendo todo bien, pero no se comunica correctamente: después de casi tres años, la gestión de la comunicación pasó de las manos del “Mago del Kremlin”Santiago Caputo -desde hace meses en guerra de poder con la “hermanísima” Karina- a las de Santiago Oría.
Al cineasta oficial del mileísmo no se le conocen otras realizaciones que un documental sobre el ascenso de Milei de panelista a presidente, una serie de streaming sobre la vida de Milei y diversos spots de campaña electoral para La Libertad Avanza.
¿El cineasta comunicará mejor para el gobierno que “El Mago”, que provenía de la escuela del gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba?
En las últimas semanas al “Mago” lo fueron despojando de a poco de algunos de los resortes de poder que había acumulado desde su ascenso en la guerra con Karina: le quitaron el dominio de la agencia de recaudación ARCA y le vaciaron de influencia su control sobre la estratégica agencia de inteligencia SIDE, aunque le dejaron poner a un hombre propio al frente: Cristian Auguarda.
Inicialmente llegó a manejar el Correo Argentino, la empresa satelital ARSAT, el sistema estatal de radio y TV RTA, y todavía mantiene su poder sobre el ministerio de Salud -a través del padre de su socio en la consultora Move, el médico Mario Lugones-. También conserva poder en el Ministerio de Justicia, a través del secretario Sebastián Amerio, y conserva algunos tentáculos en Cancillería, aunque Karina viene avanzando lentamente sobre el reinado del “Mago”.
Ahora se verá si Caputo, el jefe de la agrupación “Las Fuerzas del Cielo” -una especie de “think tank” virtual libertario comandado por su lugarteniente, el pediatra santiagueño Daniel Parisini, alias “El Gordo Dan”- logra retener una parte del enorme poder que acumuló, o si Oría -con la venia de la “hermanísima”- lo destrona completamente.
Por lo pronto el sofisticado mercado argentino de profesionales de comunicación, encuestadores y consultores políticos -muchos de los cuales triunfan profesionalmente en la política y la comunicación empresaria en toda la región- no opina que el problema de la caída en las encuestas de Milei sea culpa de su mala comunicación: un panel de 64 profesionales de comunicación, encuestadores y consultores políticos convocado por la revista Imagen opina que, en el caso del gobierno de Milei, “son tan malas la gestión como la comunicación”. Apenas el 12 por ciento cree que la gestión es buena, “pero la comunicación no permite notarlo”.
Los expertos en el panel convocado por el portal especializado en comunicación sostienen -previsiblemente- en un 70 por ciento que la buena comunicación puede mejorar la percepción de la opinión pública sobre una buena gestión. Para eso se forman los comunicadores profesionales: para mejorar la imagen de políticos, empresas y productos, difundirlos mejor y vendernos esos “productos”.
Oría, por lo pronto, ya empezó su gestión con una metida de pata: el cineasta que tomó la posta del “Planeta Milei” (las redes sociales) arrancó con un posteo en la red X que fue mal “viralizado” por las “granjas de trolls” -como se llaman en la jerga las cuentas falsas automatizadas- dejando en evidencia que toda la viralización era artificial: un error de principiante que fue durante unas horas el hazmerreír del submundo virtual tan importante en la comunicación oficial.
¿Podrá Oría recuperar el liderazgo que supo tener Milei en las redes sociales? Los social media en los últimos tiempos no estuvieron devolviéndole al gobierno un panorama muy diferente que las encuestas del mundo “real”: según la consultora Ad Hoc, especializada en medir y auditar la “conversación” en las redes para políticos y empresas, “la caída del protagonismo digital de Milei es un proceso consolidado” mostrando en un gráfico cómo desde el escándalo de la criptomoneda $LIBRA que comprometió a los hermanos Milei en sospechas de promover un esquema piramidal desde la Casa Rosada, la caída del “protagonismo digital” del Presidente “es paulatino y persistente”.
Pero no solo cae Milei en el mundo virtual, sino que -según Ad Hoc- se viene abajo desde principios de año toda la “comunidad digital libertaria”, que era el mayor activo del mileísmo: no se trataba solo de “granjas de trolls”, sino de personas de carne y hueso que alentaban al gobierno desde sus teléfonos o computadoras en las redes sociales y creaban una sensación de inmensa popularidad.
Pero las redes no hacen más que reflejar el deterioro de la aprobación de la gestión de Milei en la opinión pública “real”: la última encuesta de Equipo Mide, la encuestadora del politólogo Gonzalo De Janín, muestra cómo cae la proporción de argentinos que creen que el país va “en la dirección correcta” a 37 por ciento, contra 63 por ciento que cree que va en dirección equivocada.
De hecho esa encuestadora mide que la cuarta parte de los votantes de Milei de la segunda vuelta del 2023 opinan hoy de cara a las presidenciales de 2027 que “Javier Milei no merece un segundo mandato”. Solo el 30 por ciento de los argentinos cree que hoy “merece un segundo mandato”, según Equipo Mide: es la misma proporción que lo llevó al ballotage con el tigrense Sergio Massa, que lo había superado con el 37 por ciento, pero no le alcanzó para ganar en primera vuelta: si Milei no recupera a buena parte de los desencantados que fue perdiendo en el camino, difícilmente logre su reelección.
Ante el panorama de estas encuestas, las inversiones que la economía precisa desesperadamente -fuera de sectores como energía, minería y agro- se hacen esperar, y ese deterioro económico repercute -a su vez- negativamente en las encuestas y las redes sociales: un maléfico círculo vicioso para los planes de reelección de Milei que se retroalimenta constantemente.
¿Podrá Oría cambiar esa inercia? Es difícil imaginar que sin una gestión exitosa para comunicar, el cineasta pueda hacer la magia que no consiguió el “Mago del Kremlin”.
De hecho, los buenos comunicadores saben que la comunicación es algo así como un “ida y vuelta”, y que su misión no es solo “hacerle propaganda” a un líder, sino estar en condiciones de poder advertirle al líder cuando está a tiempo de cambiar que debe cambiar. Pero -para eso- un consultor debe mantener la independencia suficiente como para poder decirle en la cara que va por mal camino. Y el líder debe ser lo suficientemente abierto de mente como para aceptar esos consejos “maquiavélicos”.
En la relación entre Santiago Caputo y Javier Milei no pasaba nada de eso: el “Mago” solo se preocupó por acumular poder y negocios, con lo cual perdió toda independencia como consultor para poder advertirle a tiempo a Milei que su estilo y sus políticas corrían el riesgo de “chocar la calesita”.
Un ejemplo del panel de consultores y encuestadores de Imagen: la mayoría cree que los insultos cada vez más furibundos de Milei al periodismo, como el de la semana pasada a Marcelo Bonelli, “lo muestran ante la opinión pública impotente y poco serio”.
¿Pero si Caputo se la pasaba pidiéndole al Presidente más poder y más negocios, cómo podría al mismo tiempo plantarse para decirle en la cara que va por mal camino atacando al periodismo? Caputo violó la regla principal del consultor que es conservar siempre una cuota de independencia para contradecir al líder.
Quizás vio Caputo que su líder no tiene una contextura psicológica particularmente abierta a aceptar críticas y que se lo ve siempre más preocupado por demostrar su infalibilidad, y por eso podría haber elegido concentrarse en los negocios y el poder. Es una pregunta que deberán responder los historiadores.
¿Podrá ahora Oría resolver ese dilema que no pudo solucionar el “Mago”? El tiempo dirá si el cineasta devenido en jefe de la estrategia comunicacional del gobierno protagonizará una película de ciencia ficción o de terror.