
Melós, el proyecto más novedoso del prometedor chef Miquel Pardo en Barcelona, acaba de entrar como novedad en la selección de restaurantes recomendados de la Guía Michelin 2026, dentro de las nuevas incorporaciones anunciadas este mes de agosto. Una buena noticia que da un buen empujón a una propuesta construida alrededor del producto, la técnica y la memoria mediterránea. “Es un empujoncito que nos da visibilidad internacional, algo que ayuda en una ciudad como Barcelona”, reconoce el cocinero castellonense.
El reconocimiento llega apenas nueve meses después de la apertura de Melós (Carrer de Mallorca, 303), inaugurado en noviembre de 2025, y supone un nuevo punto de inflexión en el pequeño universo de Pardo. Su primer proyecto, Cruix (Carrer d’Entença, 57), ya cuenta desde hace más de cinco años con la distinción Bib Gourmand, que reconoce a aquellas cocinas excelentes que mantienen un ticket justo.
Miquel Pardo nació en 1989 en Onda (Castellón) y, desde muy joven, mostró interés por la cocina. Tras formarse en la Escuela de Hostelería y Turismo del Grao y completar sus estudios en Galdakao (Bizkaia), da sus primeros pasos en cocinas como La Sucursal junto a Jorge Bretón, Boroa con Jabier Gartzia y ABaC con Jordi Cruz. Más adelante consolida su experiencia profesional trabajando en Gresca con Rafa Peña, Canalla Bistro con Ricard Camarena y Heart Ibiza con Albert Adrià.
En noviembre de 2017 funda su propio proyecto, Cruix, en Barcelona, donde desarrolla una propuesta creativa y divertida que hoy define como “arrocería contemporánea”. Un restaurante informal, cercano y centrado en la calidad del producto que pronto conquistó a la crítica en Barcelona, permitiéndole hacerse su propio hueco en la Ciudad Condal.

Un menú degustación que sabe a hogar
Melós nació como una evolución natural de esta rica trayectoria. Frente al carácter más desenfadado de Cruix, su nuevo restaurante plantea una cocina más reflexiva, donde las raíces valencianas del chef dialogan con el territorio catalán y con una forma de cocinar profundamente mediterránea. “Es una cocina muy del recuerdo, hecha desde el cariño y desde los sentimientos. Siempre hago la broma de que, como el Euromed tarda tanto, pues he tenido mucho tiempo para pensar”, dice entre risas el chef valenciano durante su charla con Infobae.
Pensar en su tierra, Castellón, y en la que lo recibe, Barcelona, así como en el mar que baña a ambas. Sus menús degustación son un fruto de estas reflexiones, con platos que recorren paisajes, recuerdos y referencias personales. “Un plato que explica nuestra filosofía es el aperitivo con el que empezamos el menú, Hogar y Sierra”, asegura el chef. Con él, dice, buscan dar la bienvenida al cliente como si de un invitado más se tratase. “Sacamos un caldito de conejo infusionado con manzanilla con un paté de conejo alrededor. Le ponemos unas hierbitas y lo acompañamos de un embutido de conejo”, explica Miquel.

Las referencias huelen a hogar, a una comida a medio hacer y al recibimiento de una abuela. “En Melós hago lo mismo que pasa en mi casa cuando yo llego, porque nosotros recibimos siempre con un poquito de embutido en la mesa y con un caldito caliente”. El conejo, gran icono en el universo paellero valenciano, abre boca para comprender qué se viene a probar aquí. “Con la manzanilla preparamos la parte digestiva que normalmente se utiliza al final. En mi casa, mi abuela me ponía hasta reventar de comida y luego acabábamos con una manzanilla, porque si no, no había Dios que hiciera la digestión”.
En el resto de secuencias, el arroz, presente desde los primeros proyectos del chef, convive con pescados, carnes, vegetales y elaboraciones que recuperan sabores reconocibles desde una mirada inocente y aventurera. Todos estos platos solo pueden probarse en sus menús degustación (Petit Melós, 80 €; Melós, 100 € o Grand Melós, 130 €) o en un menú de mediodía (45 €) formado por 5 platos para acercarnos a la cocina de Pardo.
No cree en aquellos agoreros que anuncian el final del menú degustación, un formato que el chef defiende y disfruta como cocinero y también como comensal. “Elegimos el menú degustación como formato porque queríamos contar algo y, para contarlo, tenía que tener una historia con pies y cabeza, que empezara y acabara con cierto sentido”.
Sobre la mesa, llegan otros platos como la Seta de castaño con crema de anguila ahumada del Delta del Ebro, acompañada de gel de salicornia y yema curada en salmuera; el Filete de buey cocinado a la orza, la raya a la cazuela o la tarta de miel de la Sierra de Espadán, a 20 km de Onda, el pueblo donde nació Miquel. En la secuencia nunca falta un arroz de temporada que, este verano, se elabora con cigala.

Una arrocería contemporánea en una ciudad de pizzas
Miquel Pardo aterrizó en Barcelona hace nueve años con la idea de abrir su primer restaurante. No quería etiquetas, pero sí tenía clara una cosa: quería ofrecer sus paellas porque no encontraba buenos arroces en la ciudad. Esto ha cambiado en los últimos tiempos, aunque todavía queda mucho camino por recorrer para honrar (de verdad) el recetario levantino en una ciudad tan cosmopolita.
“Creo que Barcelona está mejor a nivel de pizzas que de arroces”, sentencia el chef. “Incluso te diría que comes mejores pastas que arroces. Cruiz también fue una apuesta por querer hacer algo muy nuestro, de calidad, que a veces no se valora como debería ser”.

Cruix no es una arrocería al uso. De hecho, al principio, Miquel no se decidía siquiera a describirla como tal. “Yo en ningún momento he querido etiquetarme en ningún lado, pero sí es verdad que a la hora de comunicar, explicar y hablar, para que la gente te entienda, es necesario poner algunos matices”, asegura el cocinero. Finalmente, se decidió por ese concepto, el de una ‘arrocería contemporánea’, que explica a la perfección lo que sucede en el interior de este restaurante que celebra ya su octavo cumpleaños.
“Una arrocería es un concepto bastante tradicional; te esperas unos calamares, unos mejillones, una ensalada mixta y variedad de arroces. Nosotros, sobre todo en los entrantes, vamos un paso más allá y nos centramos en tapas de autor y viajeras”, explica el chef sobre este concepto. Su cheeseball de parmesano, el churro de bacalao con espuma de alioli o la croqueta de pato pekín son algunos de los platos que aparecen en la carta de este Bib Gourmand. “Hacemos lo que nos da la gana para divertirnos nosotros y divertir al cliente y acabamos la fiesta con un buen arroz en paella”.




