Granada, 5 sep (EFE).- El sonido del tambor y el olor a pólvora encienden una tradición con casi cinco siglos de historia, la de los Mosqueteros de Béznar, una cita en este municipio de un centenar de vecinos del Valle de Lecrín de Granada que rememora a golpe de mosquete la lucha de su antepasados contra una sublevados.

Cuatro siglos y medio de historia, 62 kilos de pólvora, medio centenar de mosqueteros y todo un pueblo dan vida cada primer fin de semana de septiembre a Los Mosqueteros de Béznar, una fiesta declarada Bien de Interés Cultural (BIC) que multiplica por diez el número de habitantes de este pueblo.

Esta fiesta que mezcla historia y cultura tiene su origen en una gesta fechada en 1566, durante el reinado de Felipe II, cuando los vecinos rescataron el Santísimo Sacramento y a una mujer secuestrados por moriscos en el marco temporal del conocido como Levantamiento de las Alpujarras.

Después de la victoria, los vecinos regresaron al pueblo y celebraron la hazaña disparando sus mosquetes, una forma de avisar a las familias de su vuelta.

"Casi todo era mujeres que los recibieron con flores, lo que marca también el atuendo de una fiesta única", ha explicado a EFE Merche López, de la hermandad del Santísimo Sacramento de Béznar que sostiene esta tradición.

Ella juega en la plaza con su hijo quien, cuando cumpla los 18 años, recibirá el mosquete original que ha ido pasando de padres a hijos para mantener viva esta fiesta que, durante dos días, disparará más de 62 kilos de pólvora con estas peculiares armas.

López ha recordado que la fiesta, que seguirá este domingo, comienza a las 6:30 horas de la mañana cuando el cabo recorre el pueblo y dispara su mosquete en la puerta de cada uno de los medio centenar de mosqueteros que participan este año repartidos en turnos de mañana y tarde.

Ese disparo sirve de aviso para que se vistan, una preparación que es un ritual familiar para desfilar con una pintoresca indumentaria: Un traje militar con un pintoresco sombrero adornado de manera vistosa con flores coloridas que también lucen en la parte trasera de su chaleco.

"Para un mosquetero, es el fin de semana que todos estamos esperando. Cuando empieza a sonar el tambor se te eriza la piel", ha explicado a EFE Jesús Ortas, que forma parte de esta tradición desde los 13 años y recuerda que, cuando otros niños veían dibujos animados, a él su madre le ponía vídeos de los mosqueteros.

"Aunque pasen los años, te sigues emocionado cada vez que te pones el traje y disparas", ha añadido este mosquetero que disfruta vestirte, desfilar y hacer honor a una tradición cada vez más popular.

Los disparos de mosquetes, el olor a pólvora, el redoble de tambores y la fiesta se repetirán de nuevo este domingo. EFE

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