El rock argentino despide a una de sus figuras más singulares. Miguel Zavaleta, cantante, compositor, tecladista y fundador de Suéter, murió este lunes a los 71 años luego de atravesar un cáncer. La noticia fue confirmada por personas de su círculo cercano, entre ellas el periodista Sergio Marchi y la cantante Hilda Lizarazu. Zavaleta ocupó un lugar particular en la historia del rock nacional. Su nombre quedó asociado inevitablemente a Suéter, pero su recorrido artístico había comenzado mucho antes y se extendió durante más de cuatro décadas. Fue parte de una generación que, entre los últimos años de la dictadura y el regreso de la democracia, transformó los sonidos, las estéticas y las formas de hacer canciones en la Argentina. Antes de formar Suéter, Zavaleta integró Bubu, una agrupación vinculada al rock progresivo y teatral de la escena underground porteña de los años 70. Aquella experiencia fue un primer laboratorio para un artista inquieto, que nunca pareció sentirse cómodo dentro de los moldes establecidos. En 1981 fundó Suéter, banda que rápidamente encontró un espacio propio dentro de la renovación que atravesaba el rock argentino. Con una propuesta que combinaba new wave, pop, rock y reggae, el grupo incorporó además una característica que sería inseparable de la personalidad de Zavaleta: el humor, la ironía y una particular manera de observar la vida cotidiana. El debut discográfico llegó en 1982 y, poco después, Suéter comenzó a ganar reconocimiento. “Amanece en la ruta”, “Vía México”, “Él anda diciendo”, “Extraño ser” y “Comiendo gefilte fish” se transformaron en algunas de las canciones más recordadas de aquella etapa. Uno de los momentos importantes de la historia del grupo llegó con “20 caras bonitas”, editado en 1985 y producido artísticamente por Charly García. La relación con García también había llevado a Suéter a compartir escenario con él en 1982, en el recital de Ferro donde presentó Yendo de la cama al living. Pero Zavaleta no fue solamente el intérprete de aquellos clásicos. También fue un compositor con una mirada propia, capaz de construir canciones que podían ser populares y accesibles sin resignar una cuota de extrañeza. En ese sentido, su obra se apartó de la solemnidad que muchas veces había caracterizado al rock y encontró en lo cotidiano, lo absurdo y lo humorístico una materia artística. La historia de Suéter tuvo separaciones y regresos. Tras la primera disolución, en 1989, Zavaleta continuó trabajando en distintos proyectos y colaboraciones. También emprendió una carrera solista y participó junto a artistas de distintas generaciones. Entre sus trabajos posteriores se encuentran No lo sé, suerte quizás y Volver a nacer, este último producido por Pedro Aznar y editado años después de haber sido grabado. Su vínculo con la música tampoco quedó encerrado en la nostalgia por los años 80. Suéter volvió a los escenarios en 2023 y al año siguiente publicó La Reserva Moral de Occidente, un trabajo que recuperó y renovó canciones de la banda junto a invitados como Hilda Lizarazu, Nahuel Pennisi, Rubén Rada, Marcelo Moura, Leo García, Javier Malosetti y Daniel Melingo, entre otros. En 2024, además, Zavaleta volvió a compartir escenario con músicos de distintas etapas de Suéter en La Trastienda. Aquel reencuentro, registrado en fotografías y recuerdos de sus compañeros, quedó ahora como una de las últimas postales públicas de un artista que siguió vinculado a sus canciones y a su público hasta los últimos años. Más de cuatro décadas después de aquellas primeras canciones, la figura de Miguel Zavaleta permanece ligada a una época fundamental de la música argentina, pero también a una manera muy personal de entender el oficio artístico. Fue un músico difícil de encasillar, un compositor de canciones memorables y un protagonista de una generación que hizo del rock un territorio más amplio, irreverente y diverso. Su voz queda en esas canciones que atravesaron generaciones. Y también en una forma de mirar la música con humor, inteligencia y libertad.