El 11 de septiembre es una fecha de conmemoraciones diversas en el mundo. El atentado a las Torres Gemelas en Nueva York, el día nacional de Cataluña y por supuesto, el derrocamiento de Salvador Allende en Chile. El golpe al gobierno democrático y la posterior instauración de la dictadura de Pinochet. No hay documentos sobre ese episodio violento de nuestra América Latina como La batalla de Chile, de Patricio Guzmán, que a poco de conmemorarse un nuevo aniversario ha fallecido, a sus 85 años.

En esa película documental, dividida en tres partes y catalogada por Unesco como parte de del acervo de la humanidad, Guzmán retrató uno de los episodios que más conmovieron a la Latinoamérica de los convulsionados 70. Se estrenó en su país, donde fue objeto de censura, en 1997, siete años después del regreso democrático.
Pero toda la obra de este documentalista, condecorado por el expresidente Gabriel Boric con el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales en 2023, se centró en la historia más o menos reciente de su país. “Ha partido un gigante”, dijo Boric, mientras el actual Ministerio de Cultura chileno destacaba que Guzmán “construyó un legado que trascendió fronteras y seguirá dialogando con las nuevas generaciones”.
El primer año, su ópera prima, es una crónica del primer año de gobierno de Allende, en 1970. El golpe de Estado determinó su exilio en Francia, donde terminó instalándose definitivamente. Si La batalla de Chile está entre los mejores documentales de la historia del cine, lugar que ocupa en todas las listas especializadas, su cámara, obstinada y curiosa, registró también las vidas de la clase trabajadora y el respirar de la naturaleza. La preciosa La Cordillera de los sueños, de 2019, es parte de ese canto de amor al país que nunca abandonó.
Su colega y compatriota Miguel Littin lo despidió así: “Patricio Guzmán le otorgó rostro y voz a Chile y sus dolores. Sus películas, plenas de poesía y verdades históricas, son parte de la historia de un país al cual se convirtió en su propia piel y sus ojos de cineasta comprometido con el Chile de allende. Es decir, el Chile de las esperanzas utópicas que, sin embargo, se mantienen vivas en los sentimientos más profundos de la patria. Fundó un país que vive y lucha y busca en memoria su verdad y su verdadera identidad”.




