El hombre que dedicó su carrera a evitar que los arsenales nucleares de las dos superpotencias se volvieran incontrolables murió el 3 de septiembre en Washington (Missy Ryan)

Durante casi tres décadas, mientras Estados Unidos y la Unión Soviética acumulaban decenas de miles de cabezas nucleares, Thomas Graham Jr. fue uno de los pocos funcionarios con acceso real a las negociaciones que buscaban poner límites a esa carrera.

Abogado de formación y diplomático por vocación, Graham murió el 3 de septiembre en su domicilio de Washington a los 92 años, según confirmó su hijastra, Missy Ryan.

En el pico de la Guerra Fría, Estados Unidos llegó a acumular 32.500 ojivas nucleares y la Unión Soviética, 45.000. Más armas de las que cualquier conflicto podría haber justificado (REUTERS/Pavel Mikheyev/File Photo)

En 27 años de carrera, Graham negoció todos los grandes acuerdos nucleares de la Guerra Fría

Su trayectoria arrancó en 1970, cuando se incorporó como letrado joven a la Agencia de Control de Armas y Desarme (ACDA), y no se detuvo hasta 1997, cuando se retiró con rango de embajador tras servir como representante especial del presidente Bill Clinton para el control de armas.

En ese lapso, fue asesor legal principal de la ACDA bajo cuatro presidentes y tuvo injerencia directa en el SALT, el START y el resto de los grandes tratados que durante décadas marcaron el eje de la política de seguridad nacional estadounidense.

La magnitud de lo negociado nunca dejó de perturbarlo. “Estados Unidos construyó más de 70.000 armas nucleares y los soviéticos, 55.000; en el pico, que fue en los años 60 para Estados Unidos, teníamos 32.500 en nuestro arsenal y los soviéticos llegaron a tener 45.000, muchas más armas de las que jamás podrían haber tenido misiones, incluso en la guerra nuclear más desatada”, señaló en una historia oral publicada en 2013, según recogió el New York Times, en diálogo con la Asociación para Estudios Diplomáticos y de Capacitación.

Desde el SALT hasta el START, Graham estuvo presente en cada mesa donde Washington y Moscú discutieron los límites de su poder destructivo (Global Security Institute)

El memorándum sobre la “Guerra de las Galaxias” encendió un debate político en el Congreso

En 1985, Graham desató una tormenta política con un memorándum legal en el que argumentó que la Iniciativa de Defensa Estratégica propuesta por el presidente Ronald Reagan —el llamado sistema antimisiles “Guerra de las Galaxias”, de despliegue terrestre y espacial— violaba técnicamente el Tratado sobre Misiles Antibalísticos de 1972.

La reacción fue inmediata: el Congreso, de mayoría demócrata, bloqueó los intentos de reinterpretar el acuerdo y el debate se extendió por meses.

Esa capacidad para sostener posiciones incómodas fue una constante de su carrera. Graham se movió a veces dentro del Partido Republicano y a veces dentro del Demócrata, pero su brújula fue siempre técnica antes que ideológica.

“Tom era alguien que dedicó su carrera a reducir el riesgo de proliferación nuclear”, dijo Daryl G. Kimball, director ejecutivo de la Asociación para el Control de Armas (ACA), en declaraciones al New York Times.

El memorándum legal de Graham que cuestionaba la

La extensión indefinida del Tratado de No Proliferación, su logro más duradero

El mayor hito de su trayectoria llegó en 1995, cuando Graham lideró la campaña diplomática que obtuvo la extensión indefinida del Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), firmado en 1970 y suscrito por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, China y Rusia. Kimball calificó ese resultado de “increíblemente importante” en declaraciones al diario neoyorquino.

Graham enfrentó a lo largo de su carrera la presión constante de congresistas y funcionarios conservadores que lo acusaban de ceder demasiado en las negociaciones. A sus interlocutores soviéticos, en cambio, los trató siempre con respeto profesional.

El negociador jefe soviético, Vladimir S. Semyonov, “daba la impresión de ser inflexible, inconmovible y difícil”, recordó en la historia oral. “Lo era, pero también era un profesional. Quería avanzar”.

Graham impulsó en 1995 que el acuerdo que frena la expansión del armamento atómico entre naciones dejara de tener fecha de vencimiento — su victoria diplomática más duradera (AP/IAEA)

Formado en Princeton y Harvard, Graham estudió con Henry Kissinger antes de llegar a la diplomacia

Thomas Graham Jr. nació el 9 de octubre de 1933 en Louisville, Kentucky, hijo único de Thomas Graham, banquero de inversiones con actividad en la política local demócrata, y de Charlotte (Henriques) Graham.

Cursó el bachillerato en el Louisville Male High School, se graduó en 1955 con una licenciatura en la Escuela de Asuntos Internacionales Woodrow Wilson de la Universidad de Princeton y estudió en el Institut d’Études Politiques de París, conocido como Sciences Po.

Antes de convertirse en el principal negociador nuclear de Washington, Graham pasó por dos de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos y por la École de Sciences Po de París (@GCTV with Bill Miller)

Tras cumplir servicio militar entre 1956 y 1958, cursó derecho en Harvard, donde tomó clases con el profesor Henry Kissinger, con quien luego trabajó en la administración Nixon.

Entre sus libros figuran Disarmament Sketches: Three Decades of Arms Control and International Law (2002), Common Sense on Weapons of Mass Destruction (2004) y The Alternate Route: Nuclear-Weapon Free Zone (2017).

Graham fue alumno de Kissinger en Harvard y luego su colega en la administración Nixon. Una relación que describió con cautela a lo largo de su carrera (Gerald R. Ford Library/Handout via REUTERS)

Su familia incluye a su esposa Christine Ryan, con quien estuvo casado 43 años; sus hijas Eliza Graham y Clover Graham Hackett; su hijo Tommy, los tres fruto de su primer matrimonio con Clover Nicholas; su hijastro Thomas Ryan; su hijastra Missy Ryan; y siete nietos.

El principio que guió su trabajo a través de años de negociaciones con los soviéticos, según explicó, fue uno solo: “La visión era muy clara: tenemos que llegar a algún acuerdo con los soviéticos para moderar esta competencia, o se nos irá de las manos”.