Desde muy chico, Mercedes Sosa ocupó un lugar central en la vida de Nahuel Pennisi. A los 8 años, en Florencio Varela, el músico la escuchó por primera vez en una radio folclórica y ese descubrimiento dejó una marca profunda en su formación. Aquella voz, que apareció en medio de una infancia atravesada por la música, se convirtió con el tiempo en una referencia decisiva para su camino artístico.
Ese vínculo temprano hoy encuentra una nueva forma en Nahuel Pennisi canta Mercedes Sosa, el disco con el que el cantante rinde homenaje a la artista tucumana a través de diez canciones. El álbum, producido junto a Joaquín Guevara y Pablo Durand, propone un recorrido por folklore, tango y rock, géneros que también dieron forma al repertorio de La Negra. El proyecto incluye además videoclips filmados en Tucumán, con dirección de Niko Sedano.
El primer tema que Pennisi escuchó de Sosa fue “Alfonsina y el mar”. Después llegó “Canción con todos”, una obra que años más tarde eligió como adelanto de este trabajo. El lanzamiento también remite a sus propios comienzos: antes de afirmarse con composiciones propias, el artista construyó su recorrido interpretando canciones ajenas en la calle y en radios. Así las cosas, en diálogo con Teleshow, el artista contó los detalles de su disco y de su vida.
—¿Cómo viviste este homenaje a Mercedes?
—Estoy muy contento. Era un proyecto que imaginaba para algún momento de mi vida, aunque nunca pensé que iba a ser ahora. Me sorprendió, pero también me sirvió para reconectar con una faceta muy ligada a la interpretación y a versionar canciones, algo que Mercedes hacía de una manera muy especial.
—¿Cómo decidiste la selección de temas?
—Fue difícil. Cuando empezamos a armar la lista con los productores, teníamos cerca de cuarenta canciones y era imposible grabarlas todas. Ahí apareció un filtro muy claro, que fue la emoción. Escuchaba cada tema y pensaba qué me pasaba, qué me traía, hacia dónde me llevaba. Las diez canciones que quedaron representan muy bien este momento de mi vida y mi alegría por interpretar obras que forman parte del universo de Mercedes.
—Hablaste con la familia de La Negra y te dieron su visto bueno con las canciones. ¿Cómo fue eso?
—Fue muy lindo. Yo imaginaba que iba a haber buena recepción, pero desde el primer momento quise hacerlos parte, sobre todo por agradecimiento y por afinidad. Ya conocía a Agustín y a Araceli, los nietos de Mercedes, y siempre tuvimos una muy buena relación. Cuando les empecé a mostrar las canciones, tuvimos charlas muy lindas, sobre todo con Agustín, que me compartió lo que sentía frente a este homenaje. Escucharlo hablar de su abuela también me permitió acercarme a Mercedes desde un lugar más humano.
—¿Vos los buscaste para conocer su mirada desde el principio?
—Sí. Ya tenía relación con ellos por distintos homenajes colectivos a Mercedes en los que coincidimos. En esos encuentros siempre le decía a Agustín cuánto la admiraba y cuánto me emocionaba su obra. Cuando surgió esta oportunidad, sentí que tenía que incluirlos enseguida. Podía avanzar sin hablar con ellos, pero me parecía mucho más honesto que se involucraran, que fueran parte del repertorio y que me dieran su opinión. Las reuniones fueron muy positivas y Agustín estuvo muy cerca durante todo el proceso. Me acompañó incluso a los videos.
—¿Qué pensás que diría Mercedes de este homenaje?
—Es una pregunta que me hago seguido. Me gusta imaginar que lo hubiera recibido con respeto, como ella respetaba a tantos artistas. Quiero creer que le habría gustado. Tal vez también me habría marcado cosas para mejorar. Era una persona muy sensible y creo que le daba mucho lugar a la emoción. Ojalá le haya gustado. Me gusta pensar que, en algún lugar, lo está escuchando.

—¿Tuviste señales de que ibas por buen camino?
—Sí, y hubo una señal muy linda. Cuando hablábamos de la lista de canciones apareció el nombre de Charly García. Yo le dije a Agustín que tenía muchas ganas de grabar un tema suyo y finalmente elegimos “Promesas sobre el bidet”, a partir de una versión de Mercedes que me había conmovido mucho. Entonces Agustín me contó que esa era la canción de Charly que más le gustaba a Mercedes. Yo no sabía esa historia. Ahí sentí un guiño muy fuerte, una señal de que iba por el camino correcto. Después también me emocionó mostrarles el disco a personas cercanas a ella y recibir tanta energía buena.
—¿Este proyecto también te lleva a tu infancia y a tus orígenes con la guitarra y la música?
—Totalmente. Me transporta al momento en que descubrí distintas músicas a través de la radio. Encontrar a Mercedes ahí fue una salvación, porque hasta ese momento no había escuchado música argentina. Mis viejos eran más rockeros, así que el folklore apareció para mí como una revelación. La voz de Mercedes me impactó desde muy chico y me conecta con mis años de escuela, con los actos en los que sonaba “Canción con todos”, con recuerdos muy profundos. Este disco me desbloqueó mucho de todo eso.
—¿Cómo eras de chico?
—Los que me conocían dicen que era bastante inquieto, curioso y también insistente. Cuando me decían que no, quería entender por qué. Me intrigaba todo y me gustaba ir un poco más allá. Siempre tuve mucha curiosidad, muchas ganas de hablar con la gente y de aprender. Me interesaban los oficios, las historias, lo que cada persona podía contarme. Como en mi casa casi todos los que iban eran músicos, durante un tiempo pensé que todo el mundo tocaba un instrumento. Entonces iba, por ejemplo, a una verdulería y le preguntaba al verdulero qué tocaba.

—Hablando de la infancia, ¿qué dibujitos te gustaban? ¿Cómo eran las mañanas en tu casa?
—Me gustaba mucho Piñón Fijo. También recuerdo a Caramelito y “A jugar con Hugo”. Una vez llamaron a mi hermano desde el programa a la casa de mi abuela, que era la única que tenía teléfono en la cuadra, y él no estaba. Fue un drama. También me encantaban las músicas de algunos dibujitos. La de Dragon Ball me fascinaba y ya ahí se despertaba mi curiosidad por la música. También me gustaba Pokémon. Todo eso me recuerda mucho a mi casa, a la televisión en la habitación de mis papás, a las mañanas en familia. Y también al Family, que jugábamos con mi hermano: Pac-Man, Mario Bros., juegos de motos y un juego de un ratoncito que no recuerdo bien. Son recuerdos muy presentes.
—¿Y cómo hacías para jugar?
—Me daba cuenta de si ganaba o perdía por los sonidos. Mi hermano me iba guiando: me decía si tenía que seguir derecho o si había perdido. Y también memorizaba mucho. Me divertía porque lo importante era estar integrado, compartir ese momento con mis hermanos. Los juegos me ayudaron a sentir que podía socializar, que había un mundo para descubrir. De chico tal vez no interactuaba tanto con otros nenes porque era más introspectivo y me refugiaba mucho en la radio. Ahí aprendí a disfrutar de la soledad, pero también a encontrar formas de integrarme. La música siguió tendiendo ese puente.

—¿Cuál fue la lección más importante que te dieron tus papás?
—Creo que la enseñanza más fuerte tuvo que ver con el afecto. Siempre me dijeron que había que ser amable, mostrarse como uno es, saludar con cordialidad y mantener el respeto incluso en un mal día. Me enseñaron a respirar hondo antes que entregarme al drama. Todo eso me sirvió mucho en mi relación con la gente. Les agradezco especialmente esas herramientas vinculadas al amor, al cariño y a dar la vida por el otro. Eso es lo que más aprendí de ellos y también lo que intento transmitirles a mis hijos.
—¿Y qué de todo eso les trasladás a tus hijos?
—Hay algo que intento aplicar, aunque no siempre me sale, y es no perder la calma cuando hacen alguna travesura. En lugar de gritar, trato de hablarles despacio, de decirles lo mismo pero desde otro lugar. Me pregunto qué les queda más: si una reflexión o el mal momento. Entonces intento que prevalezca el aprendizaje y no la tensión.
—¿Con tu hijo Mateo sos más estricto?
—Con Mateo tengo un vínculo muy especial porque es el primero y porque compartimos muchísimo sus primeros años. La pandemia me permitió estar con él todos los días durante un tiempo muy importante. Vi sus primeros movimientos, sus primeros pasos, muchos momentos únicos. Con Alma fue distinto porque yo estaba de gira y con otra dinámica. Siento que ella es muy pegada a su mamá. Con Mateo fui más compinche y lo sigo siendo. A Alma la trato con una delicadeza especial, quizás por una percepción mía y por el cuidado con el que me nace vincularme con ella.

—¿Qué pasiones compartís con tus hijos? ¿La música, el fútbol?
—Muchas. La música, por supuesto, es una de las principales. Les compré un teclado para el cumpleaños de Mateo y a veces nos ponemos a tocar. Él escucha melodías, me dice qué le gusta y aprende rápido las letras. También compartimos el fútbol. Con el Mundial, el álbum y las figuritas, Mateo se enganchó muchísimo y se acuerda de nombres y resultados. Y otra pasión que compartimos, aunque parezca raro, son los perfumes. Ya me conocen mucho en eso. A veces me piden perfume y les enseño cómo usarlo.
—¿Qué perfumes te gustan o qué aromas te atraen?
—Me gustan muchos porque cada perfume desbloquea recuerdos. Me atrae mucho el sándalo, los aromas cítricos como la naranja y también ciertas notas especiadas. La pimienta, por ejemplo, potencia mucho una fragancia. Me fascina ese mundo porque cada perfume tiene una identidad distinta, incluso según la estación del año. Es una pasión muy fuerte para mí y, de hecho, dentro de poco voy a sacar mi propio perfume.
—¿Cómo se va a llamar?
—La marca va a llevar mi nombre y este primer perfume se va a llamar Latido. Fue muy interesante trabajar la composición con la perfumista, porque conversamos mucho sobre mi historia, mis gustos y mis recuerdos. A partir de eso fuimos probando distintas versiones hasta llegar al perfume final. Quise llamarlo Latido porque siento que soy una persona sencilla y cercana, y me gusta la idea de compartir una parte de mi identidad desde ese lugar.

—¿Cómo describirías ese aroma?
—Es una fragancia floral y dulce, con algunas notas de cuero, un poco de sándalo y un toque de pimienta, que le da proyección. También cambia con el paso de los minutos, cuando empieza a asentarse en la piel. Es un perfume unisex.
—¿Lo vamos a conocer cerca de la primavera?
—Sí, esa es la idea. Ojalá salga por esa época. Sería lindo que convivan las dos cosas: el disco homenaje a Mercedes y este perfume, como otra forma de acercarme a la gente.
—Me imagino que tu mujer ya lo probó. ¿Le gustó?
—Sí, ella está siempre acompañándome. Es una persona muy importante en mi vida y en mis proyectos. Me apoya mucho tanto en la música como en esta pasión por la perfumería. Siempre piensa en lo mejor para mi camino. Además es diseñadora gráfica, así que también tiene una mirada muy valiosa.
—¿Hace cuánto se conocen?
—Hace aproximadamente ocho años.

—¿Te acordás cómo fue la primera vez que se vieron?
—Sí. Nuestra historia empezó por trabajo. Yo fui a tocar a Tucumán para unos festivales y ella trabajaba con la productora de su familia, que era la que me había contratado. Le tocó acompañarme en la recorrida por los medios y ahí empezamos a hablar. Conversamos de muchas cosas, de valores, de la familia y de la vida. Fue muy lindo porque disfrutábamos mucho de charlar, y eso para mí siempre es una señal importante. El vínculo fue muy sano desde el primer momento y algo que me gustó mucho es que ella no conocía mi música.
—O sea que no era fan.
—Tal vez eso también ayudó a que conectáramos más. A mí me gustaba hablar de la vida y no tanto de música. A veces uno está tan metido en ese mundo que necesita ir hacia otros temas.
—¿Cómo la conquistaste?
—Hubo un gesto que creo que a ella le gustó. Yo estaba con mi asistente y ella se comunicaba con él para organizar horarios y traslados. Después de un par de días, le pedí a mi amigo que le preguntara si le molestaba que yo tuviera su número y le escribiera. Quise hacerlo con respeto. Ella dijo que sí, que le escribiera. Cuando tuve el número, tardé un poco en mandarle el mensaje, pero después me confesó que esperaba que lo hiciera ese mismo día. Al final, salió bien.




