La tragedia provocada por el desprendimiento de un glaciar en la frontera entre Nepal y el Tíbet encendió las alarmas sobre un peligro que también existe en los Andes peruanos: el desprendimiento de masas de hielo que pueden caer sobre lagunas, provocar un desembalse y desencadenar un aluvión de gran capacidad destructiva, como la de Yungay en 1970. El desastre ocurrido ayer, miércoles 26 de agosto dejó cientos de muertos y alrededor de 1.400 desaparecidos, según los reportes más recientes.
Aunque todavía se investigan las causas exactas del fenómeno en el Himalaya, las primeras investigaciones descartaron que un terremoto haya desencadenado el colapso. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) determinó que la señal sísmica registrada inicialmente correspondía al propio colapso glaciar y al posterior flujo de escombros.
El escenario guarda similitudes con algunos de los peligros identificados en el territorio peruano. Fernando Neyra, experto en gestión de riesgos, explicó en Willax que el retroceso glaciar asociado al calentamiento global puede incrementar la posibilidad de que ocurran desprendimientos capaces de generar grandes volúmenes de agua, lodo y rocas.
“No basta con tener sistema de alerta e identificar el peligro”, sostuvo el especialista al referirse a la tragedia ocurrida en Nepal.
Huaraz y la amenaza de Palcacocha

Uno de los puntos que concentra mayor preocupación es Huaraz, debido al riesgo asociado a la laguna Palcacocha, ubicada en la Cordillera Blanca.
La laguna se encuentra a unos 4.546 metros sobre el nivel del mar y se formó por el derretimiento de los nevados Palcaraju y Pucaranra. De acuerdo con el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), su volumen aumentó 34 veces entre 1972 y 2016, generando un riesgo latente de aluvión que podría afectar a más de 27.000 personas.
El peligro no es nuevo. En 1941, un desprendimiento de hielo cayó sobre la laguna y provocó el desborde de sus aguas. El aluvión descendió por la quebrada Cojup y llegó hasta Huaraz, causando una de las mayores tragedias de origen glaciar registradas en el país.
Precisamente por este riesgo, la zona cuenta con mecanismos de vigilancia. INAIGEM realiza el monitoreo de la laguna y ha instalado cámaras para observar en tiempo real la dinámica del cuerpo de agua y los posibles desprendimientos que puedan alterar sus condiciones.
El riesgo tampoco se limita a Palcacocha. Estudios del sistema SIGRID de CENEPRED han evaluado escenarios de inundación por aluvión asociados a posibles desembalses de Palcacocha y Tullpacocha, con afectación potencial en sectores de la ciudad de Huaraz.
Urubamba y el nevado Chicón

El segundo punto señalado por el especialista se encuentra en Urubamba, Cusco, donde se ubica el nevado Chicón.
La zona ya tiene antecedentes de eventos de origen glaciar. El 17 de octubre de 2010, un aluvión procedente de la quebrada Chicón afectó sectores de Urubamba. Un informe del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (INGEMMET) advierte que en el nevado Chicón continuarán produciéndose desprendimientos de diferentes tamaños y procesos de erosión del material morrénico.
El peligro ha sido estudiado oficialmente. Un informe incorporado al sistema SIGRID evalúa precisamente el riesgo de flujo de detritos y aluvión en la quebrada de Chicón, considerando los sectores de San Isidro de Chicón, Yanaconas, Chichubamba y el área urbana de Urubamba.
Para Neyra, un eventual desprendimiento en la parte alta podría generar una acumulación súbita de agua y material que descienda por la quebrada hacia la zona urbana.
La preocupación adquiere una dimensión particular porque Urubamba es un importante destino turístico y concentra población e infraestructura en el valle. Por ello, el especialista considera fundamental que la población conozca las rutas de evacuación y que estas se encuentren debidamente señalizadas.
¿Por qué un aluvión glaciar puede ser tan destructivo?

A diferencia de una inundación convencional o incluso de un huayco, un aluvión provocado por un desprendimiento glaciar moviliza una enorme masa de agua, hielo, barro, rocas y sedimentos. La velocidad y volumen del flujo generan frentes de agua y lodo capaces de golpear y derribar edificaciones, mientras arrastran todo lo que encuentran a su paso. “Es mucho más destructivo”, señala.
En Nepal, el colapso de una masa glaciar provocó una avalancha que descendió aproximadamente 1.200 metros hasta el fondo del valle. El material ingresó a un río y generó una enorme corriente de agua, barro y sedimentos que arrasó infraestructura y localidades.
Ese mecanismo explica por qué un fenómeno de este tipo puede ser mucho más devastador que una crecida ordinaria de un río.
El peligro aumenta cuando el desprendimiento bloquea temporalmente un cauce. El agua puede acumularse detrás de esa barrera natural y, cuando finalmente se rompe, liberar de manera repentina un enorme volumen de agua y sedimentos.
El antecedente que Perú no puede olvidar
El desastre de Yungay de 1970 es la principal referencia para entender la magnitud que puede alcanzar un fenómeno de este tipo en el Perú.

Aquel 31 de mayo, el terremoto de Áncash provocó el desprendimiento de una enorme masa de hielo y roca del Huascarán. El material descendió hacia el valle y sepultó Yungay.
Sin embargo, el especialista recordó que ocho años antes ya se había producido otro desprendimiento en el mismo macizo, durante el desastre de Ranrahirca de 1962. Según registros históricos, al menos 4 mil personas murieron en aquel evento.
Tras esa tragedia, científicos estadounidenses que estudiaron el Huascarán advirtieron sobre la posibilidad de un desprendimiento de mayores proporciones que podía alcanzar Yungay. La advertencia, sin embargo, fue minimizada y no fue tomada con la seriedad necesaria por el gobierno de Fernando Belaúnde Terry que los señaló de alarmistas.
Ocho años después, ocurrió el desastre.
No se trata de ser alarmistas
El experto remarcó que advertir sobre estos escenarios no significa afirmar que un aluvión de grandes proporciones vaya a ocurrir próximamente en Huaraz o Urubamba. Se trata de identificar los peligros, conocer las zonas expuestas y preparar a la población.
La experiencia de Yungay demuestra que ignorar una advertencia por considerarla alarmista puede tener consecuencias irreparables. Por ello, Neyra sostiene que los antecedentes y estudios científicos deben convertirse en acciones concretas de prevención, como sistemas de monitoreo y alerta, rutas de evacuación señalizadas y simulacros para la población expuesta.
“Hay que comenzar a tomar medidas respecto a estas zonas donde potencialmente va a ocurrir un desastre”, señaló Neyra, quien también mencionó a Tamburco, en Abancay, como otro punto que merece atención por el riesgo asociado a posibles embalses en zonas altas.
En el caso de Huaraz, la existencia de estudios sobre Palcacocha permite conocer el peligro con mayor precisión. En Chicón, los estudios también han identificado escenarios de aluvión que incluyen sectores urbanos de Urubamba.
¿Qué tendría que hacer la población ante un aluvión?
La preparación es clave porque el margen de reacción puede ser muy reducido. “Lo que queda ahí es escapar”, señala y explica que ante una eventual alerta por desembalse o aluvión, la población ubicada en las zonas de peligro debe correr hacia lugares altos y seguros, siguiendo las rutas previamente establecidas por las autoridades.
No se debe intentar escapar siguiendo el cauce de un río o quebrada. Precisamente por ello, el especialista plantea que lugares como Huaraz y Urubamba necesitan rutas de evacuación claramente señalizadas y simulacros específicos para este tipo de escenario.
La tragedia de Nepal demuestra que contar con información científica no es suficiente. También se necesita que esa información llegue a tiempo y que la población sepa exactamente qué hacer cuando se active una alerta.