Ni papel film ni bolsa plástica: cómo conservar el queso para que no se reseque ni le salgan hongos
Conservar correctamente el queso es clave para mantener su sabor, textura y frescura durante más tiempo. Aunque muchas personas recurren al papel film o a las bolsas plásticas apenas abren un trozo, especialistas en gastronomía aseguran que este método no es el más adecuado y puede acelerar claramen
Conservar correctamente el quesoes clave para mantener su sabor, textura y frescura durante más tiempo. Aunque muchas personas recurren al papel film o a las bolsas plásticas apenas abren un trozo, especialistas en gastronomía aseguran que este método no es el más adecuado y puede acelerar claramente su deterioro.
Un video compartido por la cuenta @sibaritasclub, que ya superó los 220 mil likes en Instagram, explica cuál es la mejor forma de almacenarlo en la heladera y por qué conviene cambiar algunos hábitos. El principal error consiste en envolver el lácteo directamente con film transparente: si bien parece una solución práctica, el material impide que el alimento respire correctamente y favorece la acumulación de humedad.
A su vez, esa combinación puede provocar la aparición de hongos o alterar su textura. Además, también es capaz de hacer que algunas variedades pierdan parte de sus características originales.
Según la recomendación del clip viral, la mejor alternativa es emplear papel de hornear o papel vegetal para llevar a cabo el proceso, ya que permite que la comida tenga más aire mientras la protege del exceso de humedad.
Por qué hay que guardar el queso dentro de un recipiente
Así, ayuda a que se conserve mejor tanto su consistencia como su sabor. Una vez envuelto, el siguiente paso es colocarlo dentro de un recipiente, aunque con una condición importante: no debe cerrarse completamente. Dejar una pequeña circulación evita la condensación y reduce las posibilidades de que aparezca moho bastante antes de tiempo.
La ubicación también influye claramente en la conservación. Los especialistas aconsejan guardarlo en una zona estable de la heladera, donde la temperatura no cambie constantemente cada vez que se abre la puerta. De esta manera, el producto permanece en mejores condiciones durante más tiempo. Otro consejo es retirar el queso del electrodoméstico unos 20 minutos antes de consumirlo.
Al alcanzar una cantidad de grados más cercana al ambiente, recupera mejor su aroma, su textura y permite apreciar con mayor intensidad todas sus cualidades. Además de envolverlo en film transparente, otro hábito frecuente es almacenarlo dentro de bolsas plásticas completamente herméticas. Aunque puedan parecer prácticas, generan un ambiente húmedo que favorece la proliferación de hongos.
Asimismo, acelera el deterioro del producto e impide que se pueda consumir al cabo de unos pocos días, ya que se modifica tanto su coloración como la sensación al tacto. Lo mejor también es evitar dejar el queso expuesto al aire sin ningún tipo de protección, ya que esto provoca que se reseque rápidamente y pierda parte de su sabor y cremosidad.
Queso envuelto en papel vegetal. Foto: imagen ilustrativa generada con Gemini IA.
Con pequeños cambios, es posible prolongar la vida útil del lácteo y disfrutarlo por más tiempo, sin tener que recurrir a métodos demasiado complicados. Por ejemplo, envolverlo en papel vegetal, colocarlo en un recipiente apenas ventilado, elegir una zona estable de la temperatura dentro de la heladera y retirarlo unos minutos antes de servirlo son tips clave relativamente sencillos que ayudan a conservarlo en mejores condiciones.
Cuáles son los quesos que mejor resisten al almacenamiento
No todos los quesos resisten igual el almacenamiento prolongado, Los que soportan bien el paso del tiempo son los de pasta dura o semidura, como el parmesano, el sardo, el reggianito, el provolone, el gouda o el cheddar, ya que tienen menor contenido de humedad. En el freezer pueden aguantar entre seis y ocho meses sin inconvenientes, aunque es posible que al descongelarse cambie ligeramente su textura.
En cambio, los quesos blandos y frescos, como la mozzarella, el queso crema, la ricota y el brie, no son los más recomendables para congelar porque suelen perder cremosidad y volverse granulados. Si se congelan, lo ideal es consumirlos dentro de uno o dos meses y utilizarlos preferentemente en preparaciones cocidas.