Pocos diseñadores tienen la sensibilidad extrema de Pablo Ramírez, apodado “el hombre de negro de la moda argentina” para contar su historia en la moda.
Este año, cumpliendo 25 en la industria, el diseñador publicó Archivo Ramírez y ahora transformó las páginas del libro autobiográfico en una performance que se robó todos los aplausos.
El evento fue en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires en el marco del cierre de Designers Buenos Aires, una semana de moda con una grilla atravesada por el diseño de autor, producida por Guillermo Azar.
En una de las salas del museo, sobre un telón blanco, apareció un cortometraje de Ignacio Masllorens, realizado en el marco de Archivo Ramírez, publicación de Fundación Medifé.
Luego se abrió el telón y 12 modelos en bata blanca y cancan negras, sentadas en elegantes sillas, esperaron pacientemente a que Ramirez, Gonzalo Barbadillo (socio y pareja del diseñador) y sus asistentes las ayudaran a cambiarse con los distintos modelos pertenecientes a las colecciones Ramírez.
“12 piezas icónicas que invitan a pensar el diseño como lenguaje, memoria y construcción de identidad. Ramírez propone una mirada sobre aquello que permanece y aquello que se transforma en la moda argentina” dice el texto ofrecido para contar el momento de moda más aplaudido de la temporada en Buenos Aires.
Archivo Ramírez en acción
“Cuando Guillermo (Azar) me convocó para hacer el cierre de Designers en el moderno, se me ocurrió que era el lugar ideal para proyectar el corto documental que estaba haciendo Ignacio Masllorens y, por otro lado, hacer una performance donde mostrar una pequeña parte de todo el archivo de piezas que conservo de mis colecciones, las que por suerte no se vendieron”, comentó Pablo Ramírez a TN Estilo.
Sobre el escenario fueron apareciendo modelos del 2006 (Ten piedad), 2023 (Evita), 2008 (Gaucho) 2015 (Cameron), 2002 (Poesía), 2007 (Fanny & Alexander), 2009 (Kouka), 2012 (Carmen), 2011 (L`Ecole), 2006 (Beaton & Burton), 2003 (Bodas) y 2026 (Rock Couture).
“En estos 26 años de desfiles siempre me llamó la atención la curiosidad de todo el mundo por el backstage, por conocer o ver la intimidad de un atelier”, continuó Ramírez. “Me pareció que esta era la ocasión justa para hacer este ejercicio, sacar del archivo piezas icónicas de algunas de mis colecciones y mostrarlas en vivo, pero desde la intimidad, con mi equipo descolgándolas del perchero, vistiendo a las modelos”.
“Pense en esta especie de atelier-laboratorio todo blanco, mi equipo y yo vestidos de blancos y las modelos en sus batas blancas, para que se pudiera apreciar la silueta negra de cada uno de los trajes”, explicó el diseñador.
“Por otro lado, trabajé con Ferdinando en el diseño sonoro para que, además de un sonido ambiente del atelier, aparecieran melodías y sonidos que inspiraron cada una de esas colecciones, como pequeños gestos o recuerdos”
“Fue muy emocionante para mí compartir esa performance en ese museo con el pequeño grupo que tuvo la suerte de poder asistir a esa experiencia. Siento que monté una pequeña pieza teatral, y por momentos me imagino que es algo que podría repetir”.


