
El 11 de septiembre de 2001 es una fecha que el mundo nunca olvidará. Aquella mañana, Estados Unidos vivió una de las mayores tragedias de su historia reciente: las Torres Gemelas del World Trade Center fueron atacadas y, pocas horas después, sus dos enormes estructuras terminaron convertidas en una nube de polvo y escombros. Las imágenes de los edificios en llamas, de las personas huyendo por las calles de Manhattan y de las columnas de humo que se elevaban sobre Nueva York fueron transmitidas al mundo entero y quedaron grabadas en la memoria colectiva.
En medio de esa tragedia estaba un peruano que había llegado a Estados Unidos por una razón completamente distinta. Pedro Cárdenas, fotógrafo y periodista, había viajado a Nueva York para cubrir la Fashion Week. Su agenda estaba relacionada con desfiles de moda, cámaras y pasarelas; nada hacía pensar que terminaría fotografiando el atentado que paralizó al mundo. Pero aquella mañana una pantalla de televisión, una decisión tomada casi por instinto y una caminata hacia el lugar del que todos intentaban escapar cambiaron para siempre su vida.
Un viaje pensado para la moda, no para la tragedia
Cárdenas había llegado a Nueva York dos días antes del atentado. Se hospedaba en casa de un amigo en Nueva Jersey, frente a Manhattan, al otro lado del río Hudson. Desde allí podía observar la isla donde se levantaban las torres, que ya conocía: un año antes había subido a ellas y tomado fotografías.
Su misión aquella mañana no tenía relación con el terrorismo ni con la seguridad nacional. Se dirigía a cubrir la Fashion Week, evento al que ya había asistido en jornadas anteriores. “Yo estaba para tomar unas fotos de este Fashion Week Nueva York, que es el desfile de modas. Ese era mi destino”, recuerda.
Tomó el tren hacia Manhattan con la idea de que, más tarde, podría acercarse a las Torres Gemelas para fotografiarlas de nuevo. Al llegar a la estación 42 se encontró con una escena habitual de la ciudad: vendedores callejeros, carritos de café y donas. Compró una dona y un café antes de seguir camino.
Vestía un polo blanco, pantalón oscuro y zapatos. Cargaba un maletín con una cámara Canon analógica, lentes y unos 25 rollos de película, previstos para una jornada completa de fotografía de moda. Esa misma película terminaría registrando uno de los episodios más documentados del siglo XXI.

Una pantalla de televisión cambió el rumbo de la jornada
Mientras caminaba por Manhattan, Cárdenas notó que varias personas se habían detenido frente a las pantallas de televisión instaladas en la ciudad. Se acercó y vio, en las imágenes, una de las Torres Gemelas en llamas.
Entre las conversaciones de quienes estaban alrededor, alcanzó a distinguir la palabra “fire”. Su inglés era limitado, pero comprendió que algo grave había ocurrido, aunque todavía no dimensionaba la magnitud del hecho.
En ese momento recordó que llevaba consigo una credencial de prensa de Nueva York, obtenida cuando trabajaba para El Comercio. Levantó la cámara y fotografió a las personas que observaban las pantallas. Después tomó una decisión que no respondía a ninguna instrucción de su redacción.
“En ese momento tomé las fotos que se ve que está la gente mirando la pantalla. En esos volteos dije, ‘no, no, tengo que ir para allá, tengo que ir para allá’”, recuerda.
El taxista que intentó disuadirlo de no ir a la zona del atentado
Cárdenas tomó un taxi y pidió que lo llevaran hacia las Torres Gemelas. El conductor se sorprendió e intentó convencerlo de desistir: las torres ardían y la zona era peligrosa. Cárdenas insistió. “Le dije, ‘yo quiero, llévame’”, recuerda.
El taxi avanzó hasta donde pudo. El conductor finalmente lo dejó a unas 20 cuadras de las torres. Desde allí, Cárdenas continuó a pie con su cámara y su maletín, en dirección contraria al flujo de cientos de personas que escapaban de la zona.
“Mientras yo iba caminando, iba viendo la gente que venía y yo estaba entrando y tomaba las fotos de la gente que se iba saliendo”, relata. A medida que avanzaba, presenció el impacto de los aviones y, poco después, el colapso de las dos estructuras.
El sonido del derrumbe de las torres que todavía recuerda
Pedro Cárdenas se encontraba a entre diez y doce cuadras del World Trade Center cuando una de las torres comenzó a desplomarse. Levantó la cámara y continuó fotografiando mientras el edificio desaparecía entre una nube de polvo.
Lo que más recuerda no es solo la imagen, sino el sonido del colapso. “Sentí como cuando explota una botella, un vaso, explota, lo tiras fuerte contra la pared y revienta. Así, pero bien fuerte”, describe.
Cerca del río Hudson, observó cómo el polvo avanzaba por las calles y llegó a pensar que no sobreviviría. “De verdad pensé que ahí ya era mi final”, recuerda. La escena le resultó difícil de asimilar en el momento: “Parecía una película”, dice.
A través del zoom de su cámara, vio además una de las imágenes que lo marcarían de forma permanente: personas que caían desde las torres. “Vi que la gente se tiraba. Me pareció una película, te lo juro”, recuerda. “Las veía como hormiguitas”.
La urgencia de salvar los rollos
Tras el derrumbe, Manhattan quedó cubierta de polvo. Las estaciones de metro cerraron y policías y militares comenzaron a controlar distintos puntos de la ciudad. Cárdenas, sin embargo, tenía una preocupación puntual: los más de 20 rollos que había expuesto durante la mañana.
“Mi cabeza me decía, ‘tienes que salir y tienes que ir a revelar los rollos’. Porque, ¿qué hacía yo ya más ahí?”, explica. Su experiencia previa cubriendo hechos vinculados al terrorismo en Perú influyó en la decisión: sabía que, si las autoridades cerraban completamente la zona, podía quedar atrapado sin posibilidad de salir con el material.
Tras caminar entre una y dos horas, llegó al centro de Manhattan y se dirigió a una agencia fotográfica, donde se encontró con una editora conocida. Los rollos fueron revelados en su totalidad. La editora seleccionó varias imágenes y le dijo una frase que Cárdenas recuerda con precisión: “Estas se las voy a mandar al mundo”.
Permaneció en la agencia hasta cerca de las nueve o diez de la noche, donde conversó con otros fotógrafos —algunos de habla hispana— que también llegaban con material de la jornada.

Pasó un día detenido por ser extranjero
Al día siguiente, Cárdenas intentó acercarse nuevamente a la zona cero, esta vez con motivo de una visita prevista del entonces presidente George W. Bush. Estuvo cerca de ingresar al perímetro de seguridad, pero la policía lo detuvo y lo trasladó a una comisaría.
En las horas posteriores al atentado, los ciudadanos extranjeros estaban bajo sospecha generalizada. “Me metieron preso durante un día”, recuerda. “Porque soy extranjero. Porque todos los extranjeros estaban bajo sospecha en ese momento”.
Un agente que hablaba español lo interrogó. Cárdenas mostró su pasaporte, explicó su oficio y presentó los rollos junto con la documentación de la agencia que había adquirido sus fotografías. Finalmente fue liberado, aunque el cierre del espacio aéreo estadounidense canceló su vuelo de regreso a Perú y lo obligó a permanecer varios días adicionales en el país, durante los cuales volvió a fotografiar la zona afectada.
Los negativos que nunca entregó
De regreso en Perú, las fotografías fueron digitalizadas y publicadas en medios como Caretas, La República y El Peruano. Cárdenas, sin embargo, conservó los rollos originales. “Me dieron los rollos, o sea, yo tengo los rollos guardados todavía en mi casa”, cuenta.
Entre esas imágenes hay una que tiene un significado particular: la fotografía del momento exacto en que una de las torres se desploma. “Yo estaba ahí, así que a mí no me engaña nadie. Yo vi que cayó”, afirma. La imagen fue publicada internacionalmente, pero el negativo permanece en su poder.
Pero lo que más recuerda no es solamente la imagen. Es el sonido.
“Sentí como cuando explota una botella, un vaso, explota, lo tiras fuerte contra la pared y revienta. Así, pero bien fuerte”, describe.
La dimensión histórica que comprendió al día siguiente
Durante las primeras horas, Cárdenas estuvo concentrado en el trabajo inmediato: fotografiar, avanzar, revelar el material y hacerlo llegar a la agencia. La magnitud histórica del hecho la comprendió recién con el paso de las horas.
“El comienzo del primer día, como era el primer día, no sentía de verdad importancia, pero después, al día siguiente, me di cuenta que fue la noticia del siglo”, afirma. Con los años, desarrolló una sensación particular sobre aquella jornada: “Siento como que en la historia, estoy dentro de ella”, dice.

El regreso al lugar donde estuvieron las torres
Pedro Cárdenas volvió a Nueva York en 2022, más de dos décadas después del atentado, esta vez junto a su familia. En el lugar donde se levantaban las Torres Gemelas encontró el memorial construido sobre las huellas de los edificios, con los nombres de las víctimas grabados.
La experiencia de regresar, sin la urgencia de conseguir una fotografía, le generó una sensación que describe como “bien extraña”. Recordó el humo, a las personas que vio caer a través de su lente y el momento en que pensó que podía morir. “Tenía ganas de llorar”, reconoce.
“Quería estar adentro”
Consultado sobre por qué decidió acercarse a las torres cuando la mayoría escapaba, Cárdenas no duda: “Quería estar adentro. Siempre cuando pasa algo, siempre quiero estar adentro”, afirma. En 2001 era más joven y no tenía familia, factores que atribuye a su disposición para exponerse a situaciones de riesgo en busca de una cobertura.
Esa misma inclinación había marcado episodios previos de su carrera en Perú: estuvo en la presentación pública del líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán; la toma de la residencia del embajador de Japón, donde permaneció durante la Navidad y el Año Nuevo como parte del equipo periodístico desplegado en el lugar, y la posterior operación de rescate de los rehenes, durante la cual fotografió al entonces presidente Alberto Fujimori con una bandera peruana y logró subir al bus que trasladaba a los liberados. Esas imágenes fueron publicadas por El Comercio y parte de ellas integró posteriormente el libro La base Tokio.
Una prueba física frente al escepticismo digital
Con los años, Cárdenas comenzó a utilizar las fotografías del 11 de septiembre en charlas y clases. Al mostrar una presentación donde figura su nombre junto a las imágenes, algunos alumnos descubren que el profesor frente a ellos fue quien las tomó y le preguntan si realmente estuvo allí.
En un contexto donde la manipulación de imágenes digitales genera dudas sobre la autenticidad del material fotográfico, Cárdenas conserva una prueba física de su relato: los rollos originales y la cámara con la que trabajó aquella mañana
Veinticinco años después, los negativos siguen guardados
Han transcurrido 25 años desde el atentado. Las Torres Gemelas ya no forman parte del perfil de Nueva York; en su lugar, un memorial recuerda a las víctimas. Cárdenas conserva los negativos, los rollos y la cámara que llevó aquella mañana, además del recuerdo del trayecto que lo llevó desde un puesto de café en la calle 42 hasta el borde del derrumbe del World Trade Center.
Su destino original aquel día era cubrir la Fashion Week. La decisión de cambiar de rumbo frente a una pantalla de televisión terminó por definir uno de los registros fotográficos más difundidos del atentado del 11 de septiembre de 2001.



