
La recuperación hospitalaria tras un accidente cerebrovascular enfrenta un desafío concreto: sostener la participación de pacientes que atraviesan cansancio y dificultades para mantener el compromiso con ejercicios repetidos.
En ese marco, un estudio publicado en Mayo Clinic Proceedings sobre perros de terapia en personas internadas por ACV observó más participación en la rehabilitación y mayor actividad física durante las sesiones. El interés del dato está en que apunta a un problema central del tratamiento.
La investigación no presentó el uso de animales como una recomendación general, sino como una intervención orientada a mejorar la adherencia al trabajo terapéutico.

Una dificultad habitual de la rehabilitación hospitalaria
El trabajo analizó el uso de perros de terapia en un programa hospitalario de rehabilitación. Según describe el estudio, la propuesta incorporó animales entrenados y sus guías en determinadas sesiones, siempre junto al tratamiento convencional. El objetivo fue medir si ese acompañamiento podía aportar algo concreto dentro de la práctica clínica.
De acuerdo con el artículo, la intervención no buscó reemplazar la terapia física, ocupacional o del habla. La investigación evaluó si la presencia del animal podía ayudar frente a barreras como la baja motivación, la falta de energía o el menor interés por las actividades pautadas.

La investigación comparó rehabilitación convencional con sesiones que incorporaron perros de terapia
Según el estudio, la investigación incluyó 50 personas hospitalizadas recientemente por un ACV, distribuidas en dos grupos de 25 participantes. Uno recibió rehabilitación convencional con terapia física, ocupacional y del habla.
El otro hizo el mismo tratamiento, aunque algunas sesiones incorporaron intervención asistida con animales. La comparación buscó medir si esa diferencia modificaba la respuesta de los pacientes.

El trabajo se desarrolló entre febrero de 2023 y febrero de 2024 en Rochester, Minnesota, dentro del programa de rehabilitación cerebral para pacientes hospitalizados de Mayo Clinic.
Las actividades con los perros incluían caminar con el animal, jugar a buscar objetos, acariciarlo o cepillarlo. Esas acciones formaron parte de tareas integradas a metas terapéuticas ya establecidas.
Más implicación y tiempo en movimiento durante las sesiones
Uno de los indicadores centrales fue la participación en el tratamiento, medida con la Escala de Participación en la Rehabilitación de Pittsburgh, una herramienta clínica que evalúa cuánto se involucra una persona en los ejercicios indicados.

Según el estudio, el grupo con perros obtuvo una puntuación promedio de 5,6 frente a 4,96 en el grupo de control. El dato sugirió una mayor implicación durante las sesiones.
También se registró una diferencia en la actividad física. De acuerdo con el artículo, los pacientes que trabajaron con perros alcanzaron 272,57 conteos de ejercicio por minuto, frente a 199,65 en quienes hicieron rehabilitación convencional.
Además, permanecieron activos durante 89,64 por ciento del tiempo frente a 81,43 por ciento. Esa combinación de mayor participación, más actividad y más tiempo en movimiento es la que sostiene el interés del hallazgo.

El alcance del hallazgo es específico y no permite generalizaciones amplias
Los resultados no permiten afirmar que el acompañamiento con perros mejore por sí mismo todos los desenlaces de salud ni que sea adecuado en cualquier ámbito clínico.
Lo que muestra el estudio es algo más preciso: en este grupo de pacientes internados por ACV, dentro de un programa hospitalario específico y con animales entrenados, hubo más participación en las sesiones y más actividad física durante el tratamiento.

El artículo sugiere una posible mejora en la atención clínica a partir de un modelo que incorpore equipos calificados de perros de terapia y sus cuidadores.
La formulación mantiene ese marco específico y presenta la intervención como una estrategia complementaria en un punto crítico de la rehabilitación: sostener la adherencia al tratamiento.



