Fernando Valenzuela, Luz Abadía, María Victoria Angulo, Mercedes Mateo Díaz y Emiliano Pereiro

Los resultados de PISA 2025 volvieron a exponer una dificultad que América Latina arrastra desde hace años: una parte demasiado grande de sus estudiantes atraviesa la escuela sin alcanzar aprendizajes fundamentales. Esta vez, además, el retroceso se produce en un escenario internacional adverso, con caídas en distintos países y señales preocupantes en lectura, donde empiezan a pesar no sólo cuánto comprenden los jóvenes, sino también cómo leen, cuánto tiempo pueden sostener la atención, qué ocurre cuando deben enfrentarse a textos largos y complejos.

La pandemia sigue siendo, en parte, la explicación; sin embargo, cinco años después resulta insuficiente. Los cierres prolongados dejaron consecuencias que todavía se perciben, y a ellos se suman otros fenómenos: la pérdida del hábito de lectura, el crecimiento del ausentismo, el tiempo que los docentes deben dedicar a sostener las condiciones básicas del aula, las redes sociales y la inteligencia artificial y, sobre todo, la dificultad de muchos sistemas educativos para sostener políticas de mejora durante el tiempo necesario. Es una serie de recurrencias que se suceden en todos los países del continente —con la casi excepción de Chile y Uruguay— y que plantea con urgencia por qué, aun cuando conocemos buena parte de los problemas, cuesta tanto modificar los aprendizajes.

TICMAS convocó a referentes de la región para analizar los resultados de PISA 2025 y pensar qué hay detrás de una caída. Problemas complejos que no pueden explicarse por una sola causa. María Victoria Angulo, Mercedes Mateo Díaz, Fernando Valenzuela Migoya, Emiliano Pereiro y Luz Karime Abadía parten de experiencias distintas, pero coinciden en varios puntos: la urgencia de recuperar los aprendizajes fundamentales, fortalecer el trabajo docente, revisar el vínculo entre tecnología y atención y, sobre todo, diseñar políticas capaces de atravesar gobiernos, coyunturas y diagnósticos.

María Victoria Angulo

María Victoria Angulo, ex ministra de Educación de Colombia

En América Latina se juntaron varios factores. La pandemia golpeó con especial fuerza a la región, con cierres prolongados y enormes desigualdades para sostener el aprendizaje. Pero no todo se explica por la pandemia. También vemos menos lectura por gusto, más tiempo frente a pantallas, dificultades de concentración y una entrada muy rápida de la inteligencia artificial en la vida escolar. La tecnología puede ser una gran herramienta, pero tiene que estar al servicio del aprendizaje y no reemplazar la lectura, el razonamiento y el esfuerzo de los estudiantes. A esto se suma que, en muchos casos, se ha debilitado el acompañamiento de las familias.

Hay además un problema de continuidad. Mejorar la calidad educativa requiere sostener durante muchos años políticas de evaluación, formación y acompañamiento docente, innovación y un foco claro en los aprendizajes fundamentales. En algunos países, la discusión educativa termina concentrándose más en asuntos laborales o sindicales que en lo que están aprendiendo los estudiantes. No se puede generalizar: Chile y Uruguay, por ejemplo, tienen realidades sindicales distintas y también retrocedieron en algunos resultados, pero siguen liderando la región. Una diferencia importante es que han logrado mantener durante cerca de dos décadas políticas de calidad, evaluación e innovación educativa que trascienden los cambios de gobierno.

Un primer análisis de PISA 2025 deja una señal preocupante para Colombia: 381 puntos en matemáticas, 399 en lectura y 414 en ciencias. En lectura y matemáticas los resultados están por debajo de 2022. Más allá de la variación entre una medición y otra, preocupa que sigamos sin recuperar una trayectoria clara de mejora y que demasiados estudiantes no alcancen los aprendizajes fundamentales. En 2021 se estructuró con el Banco Mundial una agenda de recuperación de aprendizajes que incluía evaluación frecuente en lectura y matemáticas, nuevos materiales para el aula, tutorías y mejores sistemas de información. Esa agenda no tuvo continuidad. Retomarla en el nuevo gobierno debería ser una prioridad: evaluar para saber qué están aprendiendo los estudiantes y actuar a tiempo.

Yo pondría el énfasis en tres asuntos: recuperar los aprendizajes fundamentales y evaluar para actuar a tiempo; fortalecer la formación, la permanencia docente y el liderazgo escolar; y mejorar las condiciones en las que los estudiantes aprenden, incluyendo la asistencia, el acompañamiento de las familias y un uso de la tecnología y la inteligencia artificial realmente conectado con lo pedagógico. También necesitamos recuperar hábitos de lectura, concentración y razonamiento. Experiencias como Ceibal, en Uruguay, muestran que construir capacidades toma tiempo. Colombia necesita volver a sostener sus políticas educativas y, sobre todo, lograr que esas decisiones se traduzcan en lo que pasa todos los días en las aulas en las distintas regiones.

Mercedes Mateo Díaz

Mercedes Mateo Díaz, jefe de la División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)

Una lectura clave de los resultados de PISA es que la caída observada en América Latina y el Caribe forma parte de una tendencia global. Aunque se redujeron las brechas con el promedio de la OCDE y entre los propios países de la región, esto no se debe a mejoras generalizadas, sino en gran medida a retrocesos en los países de mayor desempeño. En otras palabras, se observa una convergencia hacia abajo más que un proceso de mejora educativa.

El hecho de que esta sea la segunda edición consecutiva de PISA con resultados en descenso sugiere que no se trata de un fenómeno aislado o exclusivamente regional, sino de un desafío estructural. Detrás de esta tendencia parecen confluir factores globales que están afectando los aprendizajes en muchos países, junto con desafíos específicos de América Latina y el Caribe que continúan limitando la recuperación y el avance de los sistemas educativos.

Consideramos que la caída se debe a tres causas.

La primera causa es estructural y global: estamos viviendo un cambio generacional en cómo los estudiantes se relacionan con la lectura y la conversación, y esto no es exclusivo de América Latina. Un estudio de 2026 que siguió a más de dos mil personas de entre 10 y 94 años en Estados Unidos, Europa y Australia encontró que hoy se hablan 28% menos palabras por día que en 2005, y que esa caída es casi 50% más rápida entre los menores de 25 años. Es la generación que más necesita practicar la conversación, construir vocabulario, razonar en voz alta, y es la que más está callando.

Si un estudiante no comprende lo que lee, no puede resolver un problema matemático con varios pasos ni evaluar evidencia científica. La lectoescritura no es un dominio más entre tres: es la puerta de entrada a los otros dos. Por eso, cuando uno mira dónde está el deterioro más marcado, aparece en tareas específicas: leer textos largos, cruzar varias fuentes, sostener la atención el tiempo suficiente para evaluar información. Casi se duplicó la proporción de lo que PISA llama “hasty readers”: estudiantes que responden rápido, pero mal.

La segunda causa, también estructural y global: el “cognitive offload” tecnológico y como los estudiantes se relacionan con el esfuerzo cognitivo. Es importante no demonizar la tecnología, sino entender cómo se usa. Leer y hablar no son capacidades innatas del cerebro: hay que enseñarlas y practicarlas activamente, todos los días. Cuando una pantalla resume lo que había que leer, o redacta lo que había que escribir, esa práctica desaparece junto con el esfuerzo. PISA 2025 ya empieza a mostrar esa correlación: los estudiantes que más delegan tareas de lectura y escritura en inteligencia artificial son, precisamente, los que puntúan más bajo en esas dos habilidades. El fenómeno es global. No es que la tecnología sea el problema: usada bien, puede ser parte de la solución. Todo depende de si se usa para evitar el esfuerzo que construye la habilidad, o para reforzarlo.

La tercera causa es específica de la región: la región invierte, en promedio, casi cuatro veces menos por estudiante que la OCDE. Pero a pesar de que invierte menos, la mayoría de los países están por debajo de la línea de tendencia: obtienen menos resultados de los que esa inversión debería producir. El problema no es únicamente cuánto se invierte, sino cómo se forma y se acompaña a los docentes, y cómo se usa realmente el tiempo dentro del aula.

Los desafíos urgentes son, en el fondo, la respuesta a cada una de las causas que mencionaba arriba.

Uno. Volver a lo básico, literalmente. El desafío central es asegurar el logro oportuno de habilidades fundamentales. El desafío en la región de adquirir habilidades fundamentales empieza mucho antes de los 15 años. No basta con mantener a los niños matriculados: la escuela tiene que garantizar que aprendan efectivamente a leer y a razonar con números, desde el primer grado, porque los déficits en estas dos áreas son acumulativos. Hoy, los sistemas educativos de la región no han logrado asegurar una mejora significativa de esos resultados. Y esto no se resuelve con buena voluntad, se resuelve con evidencia. En matemática, por ejemplo, la enseñanza explícita y altamente estructurada (objetivos claros, explicaciones secuenciadas, modelamiento, práctica guiada, verificación constante de comprensión) genera mejoras profundas en aprendizajes.

Dos. Tecnología: usarla para potenciar al docente, no para reemplazarlo; usarla para apoyar al estudiante, no para ofrecerle atajos. Si el problema es que los estudiantes están delegando cada vez más el esfuerzo de leer y escribir en herramientas digitales, el desafío no es prohibir la tecnología ni negarla. Es gobernar su uso. La IA y las herramientas digitales no vuelven menos importantes las habilidades fundamentales: las vuelven más importantes, porque exigen un lector y un escritor capaz de evaluar críticamente lo que la máquina produce. El desafío urgente es diseñar esa frontera con criterio pedagógico.

Tres. Optimizar el gasto, de modo que cada dólar invertido se traduzca efectivamente en aprendizaje. Optimizar no es un ejercicio contable. Exige reformas estructurales de los sistemas educativos. Sin esas reformas, cualquier aumento de presupuesto corre el riesgo de financiar, simplemente, más de lo mismo.

Fernando Valenzuela Migoya

Fernando Valenzuela Migoya, referente global de educación

Lo que vemos en este primer análisis es una caída y un declive global. Están cayendo los resultados en todo el mundo. Finlandia, que era el fenómeno, ha perdido muchísimos puntos en los últimos años. Por primera vez PISA fracciona el análisis de la caída.

Hay varias capas que explican el el declive. La primera tiene que ver con la atención. No es tanto que esté cayendo el conocimiento. No es un declive en la lectura unifome como era antes, sino que empieza a caer, por ejemplo, la lectura de textos largos y los procesos más complejos: los que requieren evaluar, reflexionar, integrar fuentes, etc. Hay otras habilidades lectoras que no caen tanto, como localizar un dato puntual. También hay muchos más lectores apresurados; cosas que antes PISA no decía. Hay lectores que leen más rápido pero son incorrectos por el tema de la atención. Eso casi se duplicó en muchos países del mundo. El desempeño cae en secciones más avanzadas de la prueba —en la parte final y no en el principio.

Otra capa es el tema del tiempo docente que se está empezando a erosionar. Antes iba a entregar contenido y ahora tiene que mantener el orden o controlar el bullying y las amenazas entre los alumnos. Empiezan a emerger las presiones que le preocupan al docente, que le dedica mucho más tiempo a las condiciones. Eso genera una fricción en la condición docente.

La tercera capa, sí, es evidente que tiene que ver con el hábito de la lectura. Esto también pasó en los papás. Ya casi no hay casas donde el pasatiempo de los adultos sea leer. Hay otras causas como el ausentismo. Estas son las globales.

Ahora, si miramos la Latinoamérica: se ha dado el fenómeno de incorporar a jóvenes que antes estaban excluidos de la educación y eso mejora el acceso pero erosiona el aprendizaje. Acceder no significa necesariamente aprender. Incluso los estudiantes de elite, que eran quienes podían levantar un poco el promedio de PISA, cayeron. La elite de América Latina aprende menos que los mediocres y los bajos en los países más avanzados. El sistema, en casi todos los países de América Latina, dejó de producir estudiantes de excelencia. Estamos más cerca del mínimo y probablemente hay ciertos países —México, por ejemplo— que tienen mejores índices de motivación, de curiosidad, de valoración de la escuela. Sin embargo, el aprendizaje está mucho peor. No hay falta de motivación, hay falta de aprendizaje.

Ahora, los países avanzados: China, Singapur, Estonia, Japón; el Reino Unido volvió a crecer. Básicamente está la teoría del gasto por estudiante. El gasto por estudiante explica hasta un monto, pero hay países —Luxemburgo— que invierten casi 300.000 dólares por alumno y no está cerca de los más avanzados. Hay una especie de umbral que dice que si gastas más o menos 85.000 euros o dólares anuales acumulados por alumno, el desempeño crece aceleradamente, pero luego, por más que gastes, deja de crecer.

Los países que están creciendo no llenan el currículum con muchísimos temas, pero lo hacen con mucha más profundidad y maestría. En lugar de hacer listas superficiales y alinear currículums y evaluar y hacer que el horario esté lleno, enseñan menos, pero aprenden más. Países como Inglaterra lo empezaron a hacer y empezaron a generar un crecimiento evidente.

Otro factor importantísimo es el el docente. Los sistemas que funcionan bien desarrollan las destrezas de los docentes con mucha mayor profundidad. ¿Qué significa explicar con claridad, qué significa gestionar el aula, qué significa sostener la motivación? Ya no es solo conocer la materia, que es como se hace la formación docente en América Latina. Hay muchos mecanismos de trayectorias, incluso de carrera, diferenciadas en los docentes. Hay mucho más estudio de clases entre pares de docentes, que en América Latina todavía no hay. En Estonia: mucha autonomía para las escuelas y mucha confianza al docente. Eso no se explica solo por salarios extraordinarios.

Otra mejor práctica que se ve en PISA es la inclusión. Hay países como Canadá, otra vez Estonia, Irlanda, incluso Japón, que empiezan a asignar recursos de acuerdo a la necesidad de las escuelas. No hay segregación en los estudiantes. Hay una educación más temprana y universal. En América Latina, la equidad es más bien que nadie destaque. Chile, por ejemplo, lo hace muy bien con lo que llaman estudiantes desaventajados, que subieron algunos puntos mientras que los estudiantes aventajados se mantuvieron estables. Ahí se parece a Estonia, donde están incorporando de abajo hacia arriba.

El último componente tiene que ver con el uso de datos en educación. Al digitalizar más la educación empiezas a tener datos. Si esos datos son interoperables y tienes ciclos cortos de mejora, el aprendizaje se va adaptando. Empiezas a hacer que la escuela intervenga mucho más antes que al final del ciclo, al final del mes, al final del examen. Si utilizamos la inteligencia artificial y nos genera información para tomar mejores decisiones de los docentes, ahí empieza a intervenir.

Básicamente, como colofón, hay que gobernar mejor la atención. Los sistemas que son líderes no son los más ricos, sino los más coherentes, los más enfocados, los que manejan la docencia más profesionalizada y los que tienen en su diseño la equidad, la atención protegida, la retroalimentación más frecuente basada en datos.

Emiliano Pereiro

Emiliano Pereiro, jefe de Pensamiento Computacional de Ceibal (Uruguay)

Otra vez salen los resultados de PISA y otra vez esperamos que las cosas cambien sin haber tenido una política educativa que pretenda cambiar esos resultados. Hace años que sabemos que en la región tenemos problemas con estudiantes que no comprenden un texto. Sabemos, por evaluaciones de PISA pero también por evaluaciones nacionales, que tenemos un gran problema de comprensión lectora y un gran problema en matemática. Hay un porcentaje muy importante de estudiantes que no alcanzan el mínimo y no hay política que focalice en eso. No hay políticas que busquen mover la aguja. Es muy difícil obtener resultados diferentes si siempre estamos haciendo lo mismo.

Con respuesto a Uruguay, no diría que tiene buenos resultados porque muy por debajo del promedio de OCDE. Tiene muchos estudiantes que no alcanzan los niveles mínimos de aprendizaje. Es verdad —y es importante destacarlo— que se mantiene. Sostiene los resultados en un momento donde caen a nivel regional. Y a nivel internacional, OCDE también está cayendo.

Es importante preguntarnos por qué Uruguay logra sostener relativamente estos resultados en un contexto de caída general. PISA 2025 muestra que esto no es solamente una crisis latinoamericana. Uruguay muestra cierta capacidad para sostener los resultados. Matemáticas se mantiene prácticamente estable respecto a 2022. En ciencias se mejora y alcanza el mejor resultado de la serie desde que Uruguay participa en PISA. Lectura cae un poco y tenemos ahí una señal de alerta. Como dije al principio, necesitamos tener políticas focalizadas para mejorar los resultados de comprensión lectora. La comprensión lectora es todo. Para mejorar otros campos necesitás primero tener una buena comprensión lectora.

También podemos hacer una comparación con Argentina que nos permite pensar alguna hipótesis. Una de las cosas que impactó bastante fue la pandemia y el cierre de escuelas. Uruguay tuvo una ventaja: fue uno de los primeros países de la región en volver a la presencialidad. Tuvo menos días de escuelas cerradas; un periodo de cierre considerablemente menor a la Argentina, que por otro lado, tuvo uno de los cierres más prolongados del mundo. Y esto importa porque hoy tenemos evidencia. Hay un estudio del Banco Mundial que muestra una relación muy fuerte entre la cantidad de días de cierre y la pérdida de aprendizajes.

En ese estudio también se resalta la importancia de la infraestructura tecnológica que tiene Uruguay y que ayudó a mantener los resultados. Según ese estudio, Uruguay fue el país que tuvo menos pérdida de aprendizaje porque pudo mantener su sistema educativo a través de Ceibal. Al tener el sistema educativo digitalizado se pudo continuar con clases a través de diferentes plataformas que el Estado uruguayo brindó a la población. Para el uso de plataformas como Conference, que era open source, se liberó el uso de esos datos —en Uruguay la compañía telefónica es propiedad pública— y los estudiantes no pagaban por usar esos datos. Todo eso ayudó a la continuidad, que es la clave de estos resultados de Uruguay. Menos cierre y más continuidad durante el cierre.

Ahora, la discusión más importante para Uruguay, para Argentina y para toda América Latina es qué hacemos hacia adelante. Necesitamos políticas públicas de mayor impacto. Para mover la aguja en comprensión lectora y en matemática hay que poner recursos. No hay otra. Hay que poner plata y gente y política educativa y centralidad. Tenemos que establecer objetivos concretos y medibles de aprendizaje. Si no nos ponemos una meta central de nuestros sistemas educativos —que todos nuestros estudiantes comprendan lo que leen— va a ser muy difícil mover la aguja. Ese es el mensaje que debería dejarnos PISA. Uruguay muestra capacidad para sostenerse en un escenario complejo y en caída. Pero sostenerse no puede ser nuestra aspiración. El desafío debe ser mejorar. Para eso necesitamos políticas sostenidas, evaluadas y diseñadas específicamente para producir la mejora.

Luz Karime Abadía

Luz Karime Abadía, Decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad Javeriana (Colombia)

La caída en el desempeño académico que muestran los resultados de PISA en áreas básicas de conocimiento en varios países del mundo —incluyendo, por supuesto, países de América Latina— puede tener tres razones principales. Una de ellas, la pandemia. Los jóvenes de esta generación sufrieron los efectos de la pandemia y el cierre prolongado de colegios. La segunda, las redes sociales. Hoy en día niños, niñas y jóvenes pasan mucho tiempo en redes sociales consumiendo contenido de entretenimiento que les compite con la lectura, el estudio, la capacidad de concentración. Y a esto se suma, sin duda, la irrupción de la inteligencia artificial, que puede ser una gran herramienta para aprender, pero también un atajo para no leer, no pensar, no escribir, no resolver problemas. La tecnología está cambiando a los estudiantes mucho más rápido de lo que estamos cambiando la educación en muchos países. El reto es enorme: lograr que la tecnología y la inteligencia potencien el aprendizaje en lugar de sustituir el pensamiento.

Colombia tiene muchos desafíos en educación, pero, sin duda, si quiere revertir la tendencia de los malos resultados de PISA, tiene que hacer una política educativa centrada en lograr aprendizajes fundamentales. Esto pasa por capacitar a los docentes y, para capacitar, es muy importante medir, evaluar —no solo de pedagogía, sino de conocimientos básicos en ciencias, en matemáticas, en lenguaje, en inglés, de manera que podamos usar esos resultados para poder hacer intervenciones. Lo segundo, programas de tutorías dirigidos a los maestros y acompañamiento, dotación de material relevante para el aprendizaje. Tercero, debemos usar la tecnología y sobre todo la inteligencia artificial. Hoy en día, con la IA se pueden tener plataformas que se usen desde el celular para aprender matemáticas de manera divertida, con aprendizaje adaptativo. Está demostrado que esto impulsa el aprendizaje de los estudiantes de una manera rápida porque los puede nivelar y puede ser un tutor personalizado.

Sin duda necesitamos una gran apuesta para recuperar los aprendizajes básicos. No podemos simplemente hacer caso omiso y esperar cada tres años estos resultados o cada cuatro años, con un gobierno diferente. Cambiar las políticas, porque la educación es una inversión que tiene retornos a largo plazo.