En el gobierno de Javier Milei, la Secretaría de Agricultura desmanteló prácticamente todos los sistemas de ayuda a los productores. Por caso, la Ley Ovina u otros programas destinados a impulsar la actividad de los pequeños y medianos productores. Las comunidades campesinas quedaron siendo casi parias para un gobierno que se rasga las vestiduras de haber eliminado prácticamente todos los subsidios al sector privado.
Pero esto no sería tan cierto.
El secretario Sergio Iraeta es últimamente como un cero a la izquierda, que no suma ni resta. Su cartera no tiene iniciativas propias y él ha dejado de firmar resoluciones, simplemente porque carece casi de políticas activas. Pero hay una excepción, que son las múltiples adhesiones de empresas exportadoras a los sellos de calidad y las indicaciones geográficas.
Ahí sí funciona la lapicera del funcionario.

En los últimos días, la Secretaría de Agricultura informó con regocijo que “las exportaciones bajo el sello Alimentos Argentinos crecieron 15% en valor durante el primer semestre”. En la misma gacetilla de prensa añadió que “también mostraron resultados positivos las ventas exteriores de productos identificados con los sellos de Denominación de Origen (DO) e Indicación Geográfica (IG) y Orgánico Argentina”.
En la gacetilla, Iraeta no dijo nada respecto de que este tipo de operaciones -al amparo de estos sellos- impliquen un reintegro adicional (sobre los montos de cada operación) del 0,5%.
En épocas de vacas flacas y atraso cambiario, vale oro cada dólar que se recupere de una operación de exportación. Por eso no ha cesado en este gobierno la adhesión de múltiples empresas a este tipo de sellos impulsado por Agricultura. Son casi las únicas resoluciones que firma el secretario. Y en general, son grandes empresas los que lo utilizan. Sobre todo en dos rubros: la carne y la pesca.
Los datos difundidos por Agricultura dan cuenta de que las exportaciones realizadas bajo el sello “Alimentos Argentinos”, crecieron durante el primer semestre del año un 15% en valor, hasta 661 millones de dólares, y el 5% en volumen, sumando unas 317 mil toneladas. Esto da idea de que a finales de 2026, el monto involucrado de negocios podría rondar los 1.300 millones de dólares.
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La página web del sello Alimentos Argentinos es clara: dice que las empresas que obtengan ese favor oficial, por cumplir ciertos protocolos de calidad en la elaboración de sus productos, obtendrán los siguientes beneficios:
- Obtener un 0,5% adicional a la posición arancelaria en los Reintegros a la exportación de productos.(Decreto PEN N°1341/16).
- Publicación en nuestro catálogo web de Alimentos Argentinos.
- Participación en ferias y exposiciones nacionales
Lo mismo sucede con otros sellos de calidad como el de Alimentos Orgánicos, a los que se les asigna un beneficio adicional de 0,5% sobre el valor de cada embarque. En este caso, las fuentes oficiales no proporcionan el valor de esos embarques, y solo aclaran que totalizaron 78.538 toneladas en el período, mostrando un incremento de 21% en volumen. El año pasado habían totalizado 176 mil toneladas.

Respecto a Origen e Indicación Geográfica, otro sello oficial concedido por Agricultura, se informó que “las ventas externas sumaron 43 millones y 30.100 toneladas en el primer semestre de 2026”. En este caso también corre el reintegro del 0,5% sobre el valor FOB de cada exportación.
Sumando todas estas iniciativas, se puede estimar que el estado Argentina utilizó en el primer semestre del año entre 3 y 6 millones de dólares para subsidiar las exportaciones de alimentos que cumplan con determinados atributos de calidad o de origen. Serían más de 10 millones de dólares al cabo de 2026. Lo que vale aclarar es que en todos esos casos, en especial por al certificación como “orgánicos”, las empresas deben incurrir en mayores costos que si trabajaran con alimentos convencionales.
Pero las cosas como son: en el gobierno de Milei es falso que no haya subsidios ni políticas activas para ciertas actividades relacionadas con el agro. Vale decir que todos estos programas constituyen una política de Estado que ha sobrevivido a varias gestiones. Está muy bien que existen estos estímulos.
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Lo que está mal es que se defina el final de muchas otras iniciativas de políticas activas que beneficiaban a los productores más débiles del sistema agroalimentario, y al mismo tiempo se mantenga una política de la que abrevan, en general (porque hay excepciones) las empresas más grandes.
En el caso del Sello Alimentos Argentinos, por caso de los 660 millones en exportaciones del priemr semestre, una tercera parte corresponde a una veintena de frigoríficos exportadores que colocaron en el exterior carne bovina enfriada y envasada al vacío por 221 millones. También están aquí las ventas de maní y pasta de maní por 145 millones; las papas prefritas y congelados por 106 millones; el calamar por 55 millones y las peras frescas por 43 millones.
En el caso de la certificación orgánica, los envíos se concentran en Yerba Mate (29 millones de dólares) y Té (14 millones).

“El Sello Alimentos Argentinos es una Marca País que distingue los alimentos y bebidas de calidad que son producidos en nuestro país. Para acceder a la certificación deben cumplir requisitos o atributos diferenciales de agregación de valor. Se complementa con otras certificaciones específicas que otorga la Secretaría, como IG, DO y el sello de Orgánico”, indica la gacetilla de prensa de Iraeta, que por supuesto nada dirá sobre el universo de beneficiarios de sus resoluciones.
En general vienen siendo las empresas más grandes del sector, y no los pequeños y medianos productores.