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¿Por qué sentimos que en septiembre tiembla más? Lo que la UNAM descubrió tras analizar 100 años de sismos

Septiembre no registra más sismos en México que otros meses del año, según el análisis de más de un siglo de datos del Servicio Sismológico Nacional de la UNAM . La percepción surge por la memoria colectiva de los terremotos del 19 de septiembre de 1985 y de 2017, además de la atención que reciben l

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¿Por qué sentimos que en septiembre tiembla más? Lo que la UNAM descubrió tras analizar 100 años de sismos
¿Por qué sentimos que en septiembre tiembla más? Lo que la UNAM descubrió tras analizar 100 años de sismos


FOTO: ISAAC ESQUIVEL /CUARTOSCURO.COM

Septiembre no registra más sismos en México que otros meses del año, según el análisis de más de un siglo de datos del Servicio Sismológico Nacional de la UNAM.

La percepción surge por la memoria colectiva de los terremotos del 19 de septiembre de 1985 y de 2017, además de la atención que reciben los simulacros y las conversaciones en redes sociales durante este mes.

Los registros del SSN, creado en 1910 y administrado por la UNAM, permiten observar los movimientos telúricos desde una escala que rebasa la experiencia de una generación. Bajo esa perspectiva, septiembre no concentra un pico de actividad sísmica ni existe una temporada de terremotos ligada al calendario.

El mes con mayor número de movimientos detectados en los registros es diciembre. Ese dato tampoco significa que diciembre concentre los sismos de mayor magnitud o los que producen más daños. La frecuencia de eventos y su intensidad son variables distintas.

El Servicio Sismológico Nacional no identifica un pico en septiembre

Arturo Iglesias Mendoza, jefe del SSN, explicó para UNAM Global TV que la distribución de los sismos de mayor magnitud en México no muestra una concentración especial durante septiembre cuando se toma una muestra suficientemente amplia.

“Si nos guiamos por la historia de los sismos importantes, nos daremos cuenta que esta distribución no tiene un pico en septiembre, si es que la muestra se toma suficientemente amplia”, señala Iglesias Mendoza.

El Servicio Sismológico Nacional no identifica un pico en septiembre

 (Wikimedia Commons)

La asociación entre septiembre y los terremotos se alimenta de fechas que permanecen en la memoria nacional. El 19 de septiembre de 1985 ocurrió un sismo que devastó zonas de Ciudad de México. Treinta y dos años después, el 19 de septiembre de 2017, otro terremoto causó daños en la capital y otras entidades.

Esas coincidencias de fecha aumentan la atención pública cada año. Durante septiembre también se realizan simulacros, se revisan protocolos de Protección Civil y circulan mensajes sobre prevención. La conversación crece y cada movimiento telúrico adquiere mayor visibilidad.

La actividad sísmica, en cambio, no responde a los aniversarios ni a los meses. Los especialistas de la UNAM sostienen que los temblores se originan dentro de la Tierra y dependen de los procesos geológicos que ocurren bajo la superficie.

La UNAM descarta una “temporada” de terremotos en México

Luis Quintanar Robles, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica, afirmó para UNAM Global TV que es un mito pensar que hay meses destinados a los sismos, como ocurre con las lluvias o los ciclones.

“En el mes de septiembre surgen creencias de que hay épocas en las que tiembla, así como las hay para las lluvias. Hay que dejar claro que los sismos se originan al interior de la Tierra y nada tienen que ver con fenómenos atmosféricos. Los sismos suceden a lo largo del año y hay que estar preparados”, indica.

La lluvia, el calor, los huracanes o los frentes fríos no provocan los terremotos que se registran en el país. Los sismos de mayor magnitud en la costa del Pacífico se relacionan con el desplazamiento de placas tectónicas.

En la franja costera del sur de México, la placa de Cocos se introduce por debajo de la placa de Norteamérica. Ese proceso, conocido como subducción, acumula energía durante periodos prolongados. Cuando la energía se libera, puede generar movimientos de distinta magnitud.

La costa de Guerrero y la de Oaxaca concentran parte de la actividad sísmica nacional por esa interacción tectónica. La fecha en que ocurre un sismo no modifica el riesgo ni anticipa otro evento similar durante el mismo mes.

La brecha sísmica de Guerrero mantiene vigilancia geológica

La UNAM descarta una “temporada” de terremotos en México

(AP Foto/Paul Conklin, Archivo)

Quintanar Robles señala que la costa de Guerrero concentra una zona conocida como la brecha sísmica de Guerrero, ubicada entre Acapulco y Zihuatanejo. En ese segmento no se ha registrado un terremoto de gran magnitud desde 1911.

La cercanía de esa zona con Ciudad de México obliga a mantener vigilancia y preparación. Un sismo originado en la costa de Guerrero puede sentirse con fuerza en la capital debido a la distancia y a las características del suelo del Valle de México.

El especialista advierte que los eventos fuera del Valle de México también pueden inducir sismicidad local. En la capital existen fallas geológicas que el Instituto de Geología de la UNAM mantiene bajo estudio y cartografía.

El Instituto de Geología ha identificado entre 20 y 30 fallas en Ciudad de México. La zona oriente concentra mayor actividad local, aunque también se han detectado movimientos en alcaldías como Cuajimalpa y Benito Juárez.

La extracción de agua puede ser un factor que concurra con la sismicidad local, pero no representa la causa principal de los terremotos. Los movimientos de mayor magnitud que afectan a Ciudad de México suelen tener origen en la costa del Pacífico.

Más estaciones permiten detectar sismos que antes pasaban inadvertidos

La idea de que ahora tiembla más también está relacionada con el aumento de la capacidad tecnológica para registrar movimientos pequeños. La red sísmica tiene más estaciones y equipos que permiten localizar eventos que antes no eran detectados o no llegaban al conocimiento público.

En el Valle de México opera una red de 30 estaciones para identificar los sismos que se generan dentro de la cuenca. Muchos de esos eventos tienen magnitudes menores a 3 o 3.5 y apenas son perceptibles para la población.

Jorge Aguirre González, investigador del Instituto de Ingeniería, explica que los acelerógrafos registran las oscilaciones intensas de los terremotos. Esos equipos permiten elaborar mapas de intensidad para identificar en qué zonas se sintió con mayor fuerza un movimiento.

Los mapas también ayudan a ubicar infraestructura expuesta, como hospitales, escuelas, carreteras y viviendas. Esa información sirve para evaluar daños potenciales, revisar normas de construcción y determinar medidas de prevención.

En Ciudad de México, los registros de aceleración se comparan con los códigos de construcción. La finalidad es conocer la respuesta de los edificios ante las sacudidas y reforzar las estructuras que puedan presentar riesgos.

Los destellos durante un sismo pueden tener más de una explicación

Los destellos durante un sismo pueden tener más de una explicación

 (Infobae Centroamérica/Cortesía Redes sociales)

Las luces observadas durante algunos terremotos tampoco prueban que exista una relación entre septiembre y la actividad sísmica. Esteban Hernández Quintero, coordinador de Servicios Geofísicos del Instituto de Geofísica, menciona la triboluminiscencia como una posible explicación.

El fenómeno ocurriría cuando ciertas rocas, como el basalto y el gabro, presentan imperfecciones en sus cristales. El paso de una onda sísmica puede producir fricción, liberar cargas eléctricas y generar destellos al interactuar con la atmósfera.

Víctor Manuel Cruz, sismólogo del Instituto de Geofísica, afirma al mismo sitio de la UNAM que el movimiento del suelo puede producir perturbaciones dinámicas y señales electromagnéticas.

Carlos Valdés, investigador del Instituto de Geofísica, señaló al noticiero  En Punto que algunos destellos también pueden explicarse por choques entre cables eléctricos o por cortos en transformadores durante la oscilación del suelo.

La recomendación de los especialistas no cambia por la fecha: revisar las condiciones de las construcciones, atender los avisos de las autoridades, participar en simulacros y contar con un plan familiar de Protección Civil. Mientras no podamos predecirlos, la preparación sigue como la medida disponible para reducir daños.

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