
Cada tres años, las pruebas PISA devuelven a la Argentina un retrato de su sistema educativo medido a los 15 años. En esta oportunidad, los resultados de 2025 que se conocieron recientemente volvieron a encender señales de alerta: el país retrocedió en Matemática, Lectura y Ciencias respecto de la edición anterior, con apenas el 24% de los estudiantes por encima del umbral básico en la primera disciplina. Ante ese panorama, la Fundación Más Humanidad planteó esta semana que la discusión comienza demasiado tarde si empieza en la adolescencia.
La organización, que lleva 15 años de trabajo junto a niños y familias en contextos de vulnerabilidad social, sostiene que las condiciones para aprender se construyen desde el comienzo de la vida. “La pregunta no es solamente cómo aprende un adolescente a los 15 años, sino qué oportunidades tuvo ese chico cuando tenía uno, dos, tres o cuatro”, señaló la Fundación en un comunicado difundido este martes. La afirmación no cuestiona la validez de la prueba internacional, sino que propone ampliar el horizonte temporal de la respuesta.
PISA evalúa a estudiantes de 15 años en 91 sistemas educativos. En la edición de 2025, Argentina obtuvo 367 puntos en Matemática —el peor resultado de su historia en esa área—, 389 en Lectura y 393 en Ciencias, con caídas de 11, 12 y 13 puntos respectivamente frente a la medición anterior.
El 76% de los alumnos argentinos no alcanzó el nivel básico de desempeño en Matemática; en Lectura y Ciencias, esa proporción fue cercana al 60%. Son los números que la Fundación toma como punto de partida para correrse del debate habitual y preguntarse por lo que ocurrió antes de que esos adolescentes llegaran al secundario.

El argumento se apoya en la metodología con la que trabaja la organización. Fundación Más Humanidad opera bajo el método CONIN de Prevención de la Desnutrición Infantil, que centra su atención en los primeros 1.000 días de vida, desde la concepción hasta los dos años de edad. Según su marco de trabajo, ese período es determinante para el desarrollo infantil: una nutrición adecuada, los controles de salud, la estimulación temprana y los cuidados durante esa etapa tienen efectos que se proyectan mucho más allá de la primera infancia. Detectar y atender la desnutrición en ese tramo, por tanto, no responde únicamente a una necesidad alimentaria: implica intervenir en una ventana de tiempo que condiciona las posibilidades futuras de aprendizaje de un niño.
Esa lógica se extiende a las cuatro áreas de trabajo con las que la Fundación acompaña a las familias: salud —que incluye nutrición y estimulación—, educación, formación laboral y mejoramiento de la vivienda. El modelo parte de la premisa de que ninguna de esas dimensiones funciona de forma aislada. Actualmente, a través de cuatro centros ubicados en Tigre, Derqui y Lima (Zárate), la organización acompaña a 220 niños y 170 familias con un trabajo personalizado y sostenido.

La Fundación retoma los datos de PISA 2025 para subrayar que los porcentajes de desempeño describen qué ocurre con los aprendizajes a los 15 años, pero no explican qué condiciones tuvo cada estudiante en sus primeros años de vida. En ese sentido, el comunicado de la organización plantea una pregunta que orienta su trabajo cotidiano: qué está pasando hoy con los niños cuyos aprendizajes se medirán dentro de diez o quince años.
La publicación de los resultados coincide con la antesala del Día del Maestro, una fecha que la Fundación tomó como marco para proponer que el foco de la conversación sobre educación no quede limitado a lo que sucede dentro del aula. Nutrición, salud, estimulación, desarrollo del lenguaje, entorno familiar y acceso temprano a experiencias educativas forman parte, según su planteo, de las bases sobre las que luego se construyen los aprendizajes formales.
La organización fue fundada en 2011 y desde entonces trabaja con poblaciones atravesadas por la pobreza estructural. En sus 15 años de trayectoria desarrolló el modelo de acompañamiento integral que hoy aplica en sus cuatro centros del conurbano bonaerense y la provincia de Buenos Aires.
El foco en la primera infancia y en la prevención de la desnutrición infantil es, según la propia Fundación, el núcleo desde el que se articula el resto de las intervenciones: atender ese punto de partida puede ser el primer paso; transformar una realidad de pobreza requiere también trabajar sobre el conjunto de condiciones que rodean al niño.




