
Cada año, decenas de millones de personas contraen la gripe, y la gran mayoría se recupera en un plazo de una a tres semanas. Sin embargo, ese patrón habitual puede opacar un dato contundente: el virus de la influenza es capaz de matar, incluso a personas sin enfermedades previas.
El especialista en enfermedades infecciosas Dhatri Kotekal, médico osteópata consultado por Cleveland Clinic, subrayó que entender los mecanismos por los que la gripe se vuelve peligrosa es el primer paso para actuar a tiempo.
La mayoría de las muertes vinculadas a la influenza no son consecuencia directa del virus en sí, sino de las complicaciones que desencadena. “Combatir la infección supone un gran estrés para el organismo”, explicó Kotekal.

Además destacó que “eso puede provocar todo tipo de complicaciones, algunas de ellas mortales”. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estimaron que entre 6.300 y 52.000 personas mueren cada año en Estados Unidos a causa de la gripe.
La neumonía y la sepsis, entre las complicaciones más frecuentes y graves
Entre las secuelas potencialmente letales, Kotekal identificó la neumonía como la más habitual. El virus puede propagarse directamente a los pulmones y provocar neumonía viral, pero también puede debilitar las defensas del cuerpo y abrir la puerta a una infección bacteriana secundaria. Cualquiera de las dos vías puede derivar en situaciones críticas.
La sepsis representa otro desenlace grave. Se trata de una respuesta extrema del sistema inmunitario que, en lugar de combatir la infección, ataca los propios tejidos y órganos sanos.
Según el médico, el sistema inmunitario puede volverse tan hiperactivo que empieza a dañar órganos y tejidos, con consecuencias potencialmente irreversibles.

Las complicaciones cardiovasculares también figuran entre los riesgos. En pacientes con enfermedades cardíacas preexistentes, un cuadro gripal severo puede alterar la frecuencia y el ritmo cardíaco, la presión arterial y, en casos extremos, desencadenar un infarto, un derrame cerebral o miocarditis.
A esto se suman las complicaciones respiratorias: la gripe puede agravar afecciones como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y, en los casos más serios, llevar a insuficiencia respiratoria con necesidad de ventilación mecánica.
Las personas mayores, los niños y los enfermos crónicos tienen mayor vulnerabilidad
El riesgo de desarrollar complicaciones graves no se distribuye de manera uniforme. Quienes padecen condiciones crónicas como diabetes, nefropatía, cardiopatía, enfermedades pulmonares u obesidad enfrentan un panorama de mayor vulnerabilidad.
También los extremos etarios concentran riesgo: los menores de 5 años y los mayores de 65, así como las mujeres embarazadas, tienden a tener peores desenlaces ante un cuadro gripal.

No obstante, el médico señaló que “las personas perfectamente sanas pueden sufrir complicaciones graves a causa de la gripe. Es menos probable, pero sin duda puede ocurrir”.
En algunos casos, una internación por gripe permite detectar por primera vez condiciones subyacentes como hipertensión arterial o trastornos de la coagulación.
Gripe A y gripe B, dos tipos distintos con un riesgo compartido
A nivel poblacional, la gripe A causa más hospitalizaciones y muertes que la gripe B. Las pandemias de 1918 y la de gripe porcina de 2009 fueron ambas de influenza A, al igual que la gripe aviar.
Sin embargo, Kotekal advirtió que a escala individual las complicaciones de ambos tipos son similares. “La gripe puede ser mortal, independientemente del tipo”, remarcó. La gripe B circula también de forma anual, aunque su impacto global suele ser menor.
Señales de alarma que indican que el cuadro se agrava
Un indicador especialmente claro de deterioro es la mejoría seguida de una recaída brusca. Según Kotekal, ese patrón suele significar que se desarrolló una infección secundaria, como una neumonía, y representa una señal para buscar atención médica sin demora.

Entre los síntomas que deben tratarse como emergencia figuran la dificultad para respirar, el dolor u opresión en el pecho, la coloración azulada de labios o uñas, la fiebre alta, los signos de deshidratación severa, los vómitos intensos, la confusión, el mareo y el desmayo.
En niños menores de 5 años, se suman señales específicas: fiebre superior a 38 °C, en bebés menores de 3 meses, fiebre por encima de 38,9 °C, en niños de entre 3 meses y 3 años, respiración acelerada, llanto inconsolable o erupción cutánea.
La velocidad de deterioro exige actuar sin esperar
En pacientes con enfermedades preexistentes, el cuadro puede agravarse en apenas 24 o 48 horas. Por eso, el especialista recomendó la vacunación anual, idealmente en septiembre u octubre para los mayores de 6 meses, como medida preventiva central.

Datos preliminares del CDC citados por Cleveland Clinic indicaron que la vacuna reduce tanto la probabilidad de contagio como la gravedad de la enfermedad en caso de contraerla.
Cuando la gripe desencadena complicaciones potencialmente mortales, como sepsis o insuficiencia orgánica, el tratamiento requiere internación hospitalaria urgente.
Las intervenciones pueden incluir líquidos intravenosos, medicamentos antivirales, antibióticos para infecciones secundarias, oxigenoterapia y monitorización en la unidad de cuidados intensivos (UCI). Kotekal insiste en que consultar ante la menor duda es determinante.



