El presidente Javier Milei cuestionó en cadena nacional el avance del proyecto Sea Lion, que busca explotar petróleo en aguas cercanas a las Islas Malvinas, y anunció una serie de medidas para impedir que empresas extranjeras extraigan recursos en territorios nacionales bajo ocupación británica.
Según Milei, si la Argentina no actúa con rapidez, el Reino Unido podría apropiarse de reservas de petróleo en el Atlántico sur, algo que —advirtió— nunca había ocurrido antes. El mandatario remarcó que permitir este tipo de proyectos incentivaría la profundización de la ocupación británica y la explotación de recursos argentinos.
El jefe de Estado aseguró que Sea Lion es solo uno de los proyectos en marcha en la zona y que existen otras iniciativas y empresas que también representan un riesgo para los intereses nacionales. Por eso, sostuvo que la situación exige una respuesta proporcional y anticipó que la Argentina no se quedará de brazos cruzados.
Cómo es el proyecto Sea Lion y quiénes lo impulsan
Sea Lion es un yacimiento offshore ubicado en el Atlántico sur, a unos 220 kilómetros al norte de las Islas Malvinas y a 450 metros de profundidad. De avanzar según lo previsto, sería el primer desarrollo de crudo en aguas cercanas al archipiélago.
El proyecto es impulsado por la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration.
El hallazgo del yacimiento se remonta a mayo de 2010, cuando Rockhopper anunció el descubrimiento de crudo en la zona. Tras años de estudios, ambas compañías adoptaron la decisión final de inversión en diciembre de 2025, lo que implica que el proyecto es considerado viable desde el punto de vista técnico y económico.
Según datos de Navitas, al 31 de julio pasado el yacimiento contaba con 314 millones de barriles de reservas probadas y probables. La primera fase apunta a una producción de 50.000 barriles diarios, con el primer petróleo previsto para marzo de 2028.
La inversión inicial será de USD 1.800 millones hasta la obtención del primer crudo, a los que se sumarán otros USD 2.100 millones para el resto de la explotación, que se proyecta a 30 años.
El desarrollo por etapas y la reacción argentina
El plan de Sea Lion está organizado en fases y áreas. La primera etapa se concentrará en el Área de Desarrollo Norte (NDA), con la perforación de 11 pozos submarinos conectados a una plataforma flotante de producción, almacenamiento y descarga (FPSO). Tres años después, comenzará la “fase 2” en la misma área, con otros 12 pozos.
Además, está previsto el desarrollo del Área de Desarrollo Central (CDA), cuya primera fase contempla la perforación de 20 pozos y el inicio de la producción hacia fines de 2030. Luego, se sumarán otros 18 pozos en una segunda etapa. En total, el proyecto prevé más de 60 pozos submarinos.
El avance de Sea Lion reactivó el reclamo argentino sobre los recursos naturales en disputa. La Cancillería calificó la explotación como “unilateral” y la consideró incompatible con las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que instan a no modificar la situación de las islas mientras siga el proceso de negociación por la soberanía.
Desde el Ministerio de Exteriores, en diciembre de 2025, expresaron el rechazo a la “Decisión Final de Inversión” de Rockhopper y Navitas, por avanzar sin permisos de la autoridad argentina. Además, remarcaron que toda exploración y explotación unilateral de recursos en áreas en disputa contradice la Resolución 2065 (XX) y otras normas de la ONU.
El rechazo argentino se extiende a todos los actos vinculados al avance productivo del proyecto, incluidas concesiones, contratación de proveedores y cualquier medida asociada a la explotación de hidrocarburos en la plataforma continental próxima a las Malvinas.




