ICL Group nació alrededor de un recurso natural muy particular, pero hace tiempo dejó de ser solamente una compañía minera. La empresa israelí extrae potasa, fosfatos y bromo, transforma esos minerales en fertilizantes, ingredientes para alimentos y productos químicos y, a partir de esa base, construyó un negocio que llega a la agricultura, la industria y la alimentación en decenas de mercados.
Hoy tiene más de 12.000 empleados, plantas productivas en 13 países y operaciones comerciales en más de 30. Cotiza en Nueva York y Tel Aviv y cerró 2025 con ventas por 7.153 millones de dólares. Su EBITDA ajustado fue de 1.488 millones de dólares. En 2025 obtuvo una ganancia neta de 226 millones de dólares, mientras que la ganancia neta ajustada fue de 465 millones.

Su origen está en el Mar Muerto. En 1929, durante el Mandato Británico sobre Palestina, el gobierno concedió a la recientemente creada Palestine Potash Company el derecho a explotar los minerales de esa enorme masa de agua. Durante la década siguiente se construyeron dos plantas de procesamiento para extraer potasa, aunque una de ellas fue destruida en 1948 durante la guerra de independencia de Israel. En 1952, el gobierno israelí creó Dead Sea Works sobre los restos de aquella compañía y, durante las décadas siguientes, amplió la operación.
En 1968 el Estado agrupó bajo Israel Chemicals Ltd. distintas compañías vinculadas con minería, fertilizantes, fosfatos, bromo y productos químicos. Durante los años siguientes el grupo fue incorporando nuevos negocios y en los 90 comenzó la transformación decisiva: el Estado israelí inició su privatización y en 1992 colocó el 19% de las acciones en la Bolsa de Tel Aviv. En 1995 vendió el control a Israel Corporation y hacia 2000 había abandonado completamente su participación.

La privatización cambió la lógica de la empresa. ICL empezó a comprar activos fuera de Israel y a construir una plataforma internacional. Llegaron Iberpotash en España en 2000, las minas de Cleveland Potash en el Reino Unido en 2002, Astaris en Estados Unidos en 2005 y Supresta en 2007, entre otras operaciones. En 2011 compró Everris, el negocio global de fertilizantes profesionales de Scotts Miracle-Gro, además de otras compañías de fertilizantes especiales. En 2020 incluso cambió su nombre a ICL Group, una modificación que buscó reflejar esa transformación.
El negocio actual se puede entender a partir de cuatro grandes segmentos: Potasa, Soluciones de Fosfato, Soluciones para el Crecimiento y Productos Industriales. Potasa concentra la explotación de potasa y el negocio de magnesio; Soluciones de Fosfato trabaja con fosfatos, ácidos y sales utilizados tanto en fertilizantes como en alimentos y distintas industrias; Soluciones para el Crecimiento reúne el negocio de fertilizantes especiales y nutrición vegetal; y Productos Industriales concentra principalmente la cadena del bromo y otros productos químicos especializados.

La potasa sigue siendo uno de los pilares económicos de la compañía. ICL produce este fertilizante en el Mar Muerto mediante un sistema de evaporación y también en España a través de minería subterránea. En 2025 produjo aproximadamente 3,57 millones de toneladas de potasa en el Mar Muerto. Además, de esa misma operación obtuvo unas 150.000 toneladas de bromo, 17.800 toneladas de magnesio metálico, 185.000 toneladas de sal y 112.000 toneladas de cloruro de magnesio sólido.
El proceso productivo aprovecha una característica particular del Mar Muerto: su enorme concentración de minerales y el clima cálido y seco de la región. ICL bombea salmuera desde la cuenca norte hacia una serie de grandes piletas de evaporación ubicadas en la cuenca sur. En 2025 movilizó aproximadamente 476 millones de metros cúbicos de agua hacia esas piletas, que ocupan unas 146,7 kilómetros cuadrados. La evaporación concentra los minerales y permite separar sucesivamente sal, potasa, magnesio y bromo.

El bromo lleva a ICL bastante lejos de la agricultura. La empresa es el mayor productor mundial de bromo elemental y lo transforma en compuestos utilizados, entre otras cosas, en retardantes de llama para componentes electrónicos. En 2025 produjo aproximadamente 155.000 toneladas de bromo elemental y utilizó internamente cerca del 76% para elaborar compuestos de mayor valor. Sus principales competidores en este mercado son Albemarle y Lanxess.
Algo parecido ocurre con los fosfatos. ICL extrae roca fosfórica y la convierte en ácido fosfórico, fertilizantes, sales y otros productos especializados. Una parte termina en el agro, pero otra llega a la industria alimentaria, farmacéutica, de pinturas, limpieza y tratamiento de agua. El segmento también participa, a través de una empresa conjunta en China, en la fabricación de materias primas utilizadas para baterías de fosfato de hierro y litio, empleadas en vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento de energía.

En China, ICL participa con el 50% de Yunnan Phosphate Haikou. En 2025, esa operación produjo aproximadamente 2,45 millones de toneladas de roca fosfórica, 700.000 toneladas de ácido fosfórico, 639.000 toneladas de fertilizantes y 175.000 toneladas de fertilizantes especiales.
Ahí aparece una de las apuestas centrales de la compañía. ICL quiere vender menos materia prima indiferenciada y más productos en los que la tecnología tenga un peso mayor sobre el precio final.
La estrategia quedó especialmente clara durante 2025. La compañía realizó una revisión integral de sus negocios y decidió concentrar el crecimiento futuro en dos áreas: nutrición especializada para cultivos y soluciones especiales para alimentos. Al mismo tiempo, pretende maximizar el valor de sus negocios tradicionales de potasa y productos industriales y revisar aquellas actividades que no tengan suficiente potencial o sinergia.

El cambio se nota especialmente en Soluciones para el Crecimiento. Allí ICL vende fertilizantes de liberación controlada, productos hidrosolubles para fertirriego, fertilizantes foliares, micronutrientes, bioestimulantes, fertilizantes orgánicos y otras tecnologías destinadas a mejorar la eficiencia con la que el cultivo utiliza los nutrientes. La lógica económica es diferente de la de vender simplemente una tonelada de potasa: se intenta cobrar por la formulación, la tecnología y el resultado agronómico.
Brasil se convirtió en uno de los principales laboratorios de esa transformación. La compañía ya había comprado Fertiláqua y otros activos de nutrición vegetal y en 2024 sumó Nitro 1000, una empresa brasileña de productos biológicos, por aproximadamente 30 millones de dólares. Sus soluciones están orientadas principalmente a soja, maíz y caña de azúcar y buscan mejorar la utilización de nutrientes o complementar el uso de fertilizantes.

Brasil ya representaba el 19% de las ventas de ICL en 2025, con 1.325 millones de dólares, lo que lo convierte en uno de los principales mercados individuales para la compañía. La cartera local incluye fertilizantes de eficiencia mejorada y liberación gradual, micronutrientes, macronutrientes secundarios, productos foliares, tratamientos de semillas, acondicionadores de suelo, adyuvantes y productos para nutrición animal e industrias.
La expansión siguió después. En 2024 compró Custom Ag Formulators, una compañía norteamericana especializada en formulaciones agrícolas a medida, y a comienzos de 2026 adquirió el 49,9% de Bartek Ingredients, una firma canadiense especializada en ácidos málico y fumárico de grado alimentario. Bartek atiende a empresas de alimentos, bebidas, confitería y panificación en más de 40 países. ICL pagó aproximadamente 90 millones de dólares en la primera etapa de la operación.
En 2025, las ventas de Potasa alcanzaron 1.714 millones de dólares; las de Soluciones de Fosfato, 2.333 millones; las de Soluciones para el Crecimiento, 2.063 millones; y las de Productos Industriales, 1.254 millones. ICL obtuvo además un resultado operativo de 580 millones de dólares y un resultado operativo ajustado de 873 millones.

Los números ayudan a dimensionar el cambio que atraviesa la compañía. ICL conserva en la potasa, los fosfatos y el bromo una enorme base industrial construida alrededor de recursos naturales difíciles de replicar, pero busca agregar cada vez más procesamiento y tecnología sobre esas materias primas. Esa estrategia explica la expansión de sus negocios de fertilizantes especiales, productos biológicos, nutrición vegetal y soluciones para la industria alimentaria.
En agricultura, esa transformación tiene especial relevancia porque ICL puede partir del potasio y el fósforo que extrae y terminar ofreciendo una solución mucho más específica para el productor. Fertilizantes de liberación controlada, productos para fertirriego, micronutrientes, bioestimulantes y productos biológicos forman parte de una cartera que busca mejorar la eficiencia en el uso de los nutrientes. La compañía conserva así el negocio minero que explica su origen, pero intenta que una porción cada vez mayor del valor se genere después de que el mineral sale de la mina.




