
Ramona Gorraiz, de 85 años, ha convertido el gimnasio en una parte vital de su rutina diaria con la que busca conservar energía, bienestar y autonomía. La octogenaria, que utiliza su cuenta de TikTok (@ramona_gorraiz) para animar a otras mujeres a hacer deporte, sostiene que el envejecimiento no implica necesariamente perder fuerza, sino que el cuerpo pierde capacidades cuando deja de utilizarse y cuidarse.
En una de sus publicaciones, Gorraiz señala que “la gente cree que envejecer es perder fuerzas, pero no es verdad”. Al menos, no en su caso. Esto se debe a su constancia: “Yo estoy llena de energía. ¿Sabéis por qué? Porque no he dejado de cuidarme día a día. El cuerpo es maravilloso, pero tiene una regla: si no lo usas, se pierde. Si no te mueves, pierdes fuerza. Si no te cuidas, pierdes energía. Y poquito a poco te vas apagando”.
Gimnasio y “taconeo” para no perder la fuerza
Para Gorraiz, la clave para mantenerse ágil es la constancia y no abandonar nunca el deporte, ni siquiera cuando se alcanza la vejez. En una entrevista de enero de 2026 para el podcast Tengo un Plan, Gorraiz explicaba que entrena de lunes a viernes y reserva el fin de semana para el “taconeo”. Su programa incluye brazos, espalda, recuperación activa, piernas, glúteos y pecho.
Los lunes trabaja bíceps y tríceps con poleas, una opción que prefiere a las mancuernas. Los martes dedica la sesión a la espalda, mientras que los jueves concentra el entrenamiento en glúteos y piernas. El miércoles no interrumpe la actividad, aunque cambia el tipo de trabajo. Acude al fisioterapeuta para “descontracturar” y estirar, dentro de una jornada que considera de recuperación activa.
Los viernes entrena el pecho y termina con un protocolo de calor y frío: permanece 15 minutos en el baño turco y después se introduce durante 10 minutos en agua fría hasta la cintura.
Para Gorraiz, el gimnasio es más que un lugar de ejercicio. “Para mí es mi templo, además tengo el presentimiento de que me voy a morir en el gimnasio”, contaba.
Su vínculo con el cuidado físico procede de su etapa como modelo, una experiencia que la llevó a prestar atención a su cuerpo y que acabó consolidando el ejercicio como un hábito mantenido durante décadas. Resume su planteamiento con una idea: “Para cuidar, tienes que cuidarte”.
Una dieta saludable sin restricciones extremas
La alimentación ocupa el otro eje de su rutina. No se adscribe a dietas extremas ni considera imprescindible adoptar un patrón concreto como el veganismo: su criterio consiste en atender a las necesidades del organismo y dejar de comer antes de sentirse llena, “aunque quede un garbanzo en el plato”.
En su dieta habitual incluye lentejas, garbanzos y purés de verduras, además de pollo y huevos como fuentes de proteína. Ha dejado de sentir interés por los dulces al habituar el paladar a tomar menos azúcar: “A mí no me gusta ya el dulce, porque no he acostumbrado mi paladar a comerlo”.
La compra forma parte de esa estrategia. Gorraiz considera que la presencia de productos poco saludables en casa dificulta evitar su consumo y lo ha expresado con una advertencia dirigida a los jóvenes: “Si la nevera la llenas de porquería, seguro que te engorda”.



