Una madre acompaña a su hijo a una consulta con el pediatra (Magnific)

El retinoblastoma es un tipo de cáncer ocular que afecta principalmente a niños pequeños y que se origina en la retina, el tejido sensible a la luz situado en la parte interior del ojo. Suele diagnosticarse antes de los 2 años y, aunque puede afectar a ambos ojos, lo más habitual es que aparezca en uno solo.

Su detección temprana resulta especialmente importante, ya que la enfermedad puede crecer e invadir los tejidos del ojo y, en algunos casos, extenderse a otras partes del organismo. Sin embargo, la Clínica Mayo señala que el retinoblastoma se disemina en pocas ocasiones, especialmente cuando se detecta pronto, y que el pronóstico de los niños diagnosticados es generalmente bueno.

El origen del retinoblastoma está relacionado con alteraciones en el ADN de las células de la retina. Estos cambios pueden hacer que las células crezcan y se multipliquen sin control y que sobrevivan cuando normalmente deberían morir, favoreciendo la aparición de un tumor. En la mayoría de los casos, no se conoce exactamente qué provoca esas alteraciones.

Sin embargo, se sabe que una parte de los casos está vinculada a cambios hereditarios en el gen RB1. De acuerdo con la Clínica Mayo, los niños que presentan estas alteraciones en todas las células del organismo pueden desarrollar la enfermedad a una edad más temprana y tienen más probabilidades de que afecte a ambos ojos. Por este motivo, cuando existe un antecedente familiar, los especialistas pueden valorar la realización de pruebas genéticas.

Síntomas: la señal blanca en el ojo

Uno de los signos más característicos del retinoblastoma es la aparición de un reflejo o color blanco en el centro del ojo cuando recibe luz, algo que puede hacerse visible en fotografías tomadas con flash. La Clínica Mayo también recoge otros posibles síntomas: enrojecimiento del ojo, hinchazón ocular, ojos que parecen mirar en direcciones diferentes (lo que puede manifestarse como estrabismo) y pérdida de visión.

Ante cualquier cambio ocular que preocupe en un niño, la recomendación es consultar con un profesional sanitario. El diagnóstico suele comenzar con un examen ocular y puede completarse con pruebas de imagen, como una ecografía o una resonancia magnética, para determinar el tamaño del tumor y comprobar si se ha extendido fuera del ojo. También pueden realizarse pruebas genéticas para detectar alteraciones en el gen RB1.

Una niña en la revisión con el oftalmólogo (Magnific)

¿Cómo se trata el retinoblastoma?

El tratamiento depende de factores como el tamaño y la localización del tumor, si ha salido del ojo, el estado general del niño y otros aspectos clínicos. El objetivo es eliminar el cáncer y, cuando es posible, conservar el ojo y la visión. Entre las principales opciones se encuentra la quimioterapia, que puede administrarse por vía sistémica, directamente en una arteria próxima al ojo o mediante inyección dentro del propio ojo en determinadas circunstancias. También pueden utilizarse la crioterapia, que emplea frío extremo para destruir las células cancerosas, y la terapia con láser, que utiliza luz láser para dañarlas.

La radioterapia puede ser otra alternativa en determinados casos. La Clínica Mayo explica que puede administrarse mediante una pequeña placa colocada junto al tumor o mediante haces externos de radiación. Esta última opción suele reservarse para situaciones en las que el cáncer se ha extendido más allá del ojo debido al riesgo de afectar tejidos delicados próximos, como el cerebro.

En los casos en los que otros tratamientos no funcionan o el tumor es demasiado grande, puede ser necesaria la enucleación, es decir, la extirpación quirúrgica del ojo afectado. Posteriormente puede colocarse un implante ocular y, una vez completada la recuperación, una prótesis artificial.

La detección precoz es, por tanto, fundamental. Ante un cambio llamativo en el aspecto de los ojos de un niño, especialmente la aparición de un reflejo blanco en la pupila, es importante solicitar una valoración médica sin demora.