
Ricardo Gareca rompió el silencio sobre una de las decisiones más comentadas de su ciclo al frente de la selección peruana: la marginación progresiva de Claudio Pizarro de las convocatorias y el ascenso de Raúl Ruidíaz como referente ofensivo durante el proceso clasificatorio al Mundial de Rusia 2018.
El DT argentino, que condujo a la Bicolor entre 2015 y 2022 y logró devolverla a una Copa del Mundo tras 36 años de ausencia, explicó que la situación física del histórico delantero fue el factor que inclinó la balanza.
Pizarro, con 85 partidos y 20 goles con la camiseta peruana desde su debut en 1999, disputó su último encuentro con la selección en 2016 y no fue incluido en la lista definitiva para el certamen ruso.
La lesión como punto de quiebre

Según el propio Gareca, cada vez que el ‘Bombardero de los Andes’ se presentaba a las concentraciones lo hacía con algún tipo de dolencia que le impedía sumarse al trabajo grupal con normalidad. Esa situación se repitió con suficiente frecuencia como para que el comando técnico comenzara a explorar otras opciones en la zona de ataque.
“Claudio estaba también, pero él cada vez que venía siempre tenía una molestia o una lesión. Eso le imposibilitaba trabajar con normalidad y empezamos a apostar por Raúl Ruidíaz. Veíamos un poco todo y, en definitiva, fuimos encontrando un grupo muy consolidado”, explicó el entrenador en declaraciones a Flashcore.
La decisión no fue repentina ni arbitraria. Gareca señaló que el proceso de renovación del plantel fue gradual y que contó con el respaldo del entonces presidente de la Federación Peruana de Fútbol, Edwin Oviedo, para avanzar con cambios que generaron resistencia en la prensa local. “Tuve que sacar a los consagrados; pero tenía el apoyo del presidente Oviedo, a pesar de la presión de la prensa para sacarme”, reveló.
Paolo Guerrero, la única excepción

En medio de ese proceso de recambio, hubo una figura que el cuerpo técnico decidió preservar desde el inicio: Paolo Guerrero. Gareca fue explícito al respecto: el delantero del Sport Boys era el eje alrededor del cual debía construirse el nuevo grupo, tanto dentro como fuera del campo.
“Con Paolo sí decidimos que se quedara porque queríamos que él fuera la figura, el capitán, y nos inclinamos por él. Hubo que tomar decisiones muy drásticas y esa fue la más complicada, pero los muchachos del medio local respondieron y se empezó a generar una prioridad, porque nosotros no dudamos de que los muchachos daban todo en el campo de juego”, afirmó Gareca.
Esa apuesta colectiva fue tomando forma con la incorporación paulatina de Jefferson Farfán, Luis Advíncula y André Carrillo, jugadores que terminaron siendo determinantes para conseguir la clasificación. “Luego ya incluimos a Farfán y a Advíncula, fuimos agregando a Carrillo a todos ellos, quienes después fueron fundamentales para lograr la clasificación”, recordó el técnico.
Una concentración sin distracciones

Gareca también reveló otro aspecto que lo incomodaba del funcionamiento previo de la selección: la falta de concentración real durante los períodos de preparación. A su juicio, las convocatorias se habían convertido en una oportunidad para que los futbolistas se reencontraran con familiares y allegados, lo que diluía el foco competitivo que el cuerpo técnico exigía.
“Lo que no nos gustaba era todo lo previo, como que desde que se llegaba (a la concentración) veíamos que la selección era un puente para encontrarse con familiares, con los amigos. Entonces en la preparación previa no era lo que nosotros queríamos, queríamos una absoluta concentración en el partido”, subrayó.
Para corregir eso sin cortar el vínculo afectivo de los jugadores con sus seres queridos, el cuerpo técnico implementó una solución intermedia: habilitar un espacio en el hotel para visitas familiares, pero con límites claros una vez iniciada la concentración formal. “A la familia le dábamos un espacio en el hotel para ir a visitar, que los vieran, que fueran los hijos; pero a partir de que llegaba el primer jugador ya nos concentrábamos y no salíamos más hasta que terminaban las dos fechas de eliminatorias”, detalló.
El resultado de esas decisiones —la renovación del plantel, la apuesta por Ruidíaz, la disciplina de concentración— quedó grabado en la historia del fútbol peruano: la clasificación a Rusia 2018 y el regreso de la Bicolor a un Mundial después de 36 años de espera.