Robin Williams no solo buscó una casa de descanso cuando decidió construir su refugio en California. A comienzos de los 2000, el actor diseñó una enorme propiedad en las montañas Mayacamas, entre los valles de Napa y Sonoma, y la bautizó Villa Sorriso, que significa “Villa de las sonrisas”.

El terreno tenía unas 640 acres, lo que equivale a 259 hectáreas, y en el centro se levantaba una mansión de casi 20.000 metros cuadrados. El lugar estaba rodeado de viñedos, olivos, senderos y espacios destinados al entretenimiento.

Una mansión de casi 20.000 metros cuadrados

La propiedad estaba pensada para combinar privacidad, naturaleza y lujo. La casa principal tenía cinco dormitorios, biblioteca con paneles de roble, sala de billar, cine privado para 12 personas, ascensor y una bodega con temperatura controlada. También contaba con habitaciones de seguridad y una torre desde la que se podían observar los alrededores.

La propiedad tenía una mansión de casi 20.000 metros cuadrados, viñedos, piscina infinita, cancha de tenis y extensos terrenos. (Foto: gentileza Idealista News)
La propiedad tenía una mansión de casi 20.000 metros cuadrados, viñedos, piscina infinita, cancha de tenis y extensos terrenos. (Foto: gentileza Idealista News)

En el exterior había una piscina infinita de 19 metros, una cancha de tenis, establos, senderos para cabalgatas y caminatas, un estanque y una casa independiente para huéspedes o personal.

Uno de los grandes atractivos era el terreno destinado a la producción de vino. Alrededor de 18,4 acres estaban plantados con viñedos, principalmente de Cabernet Sauvignon, además de Cabernet Franc, Merlot y Petit Verdot. La finca también tenía más de un centenar de olivos.

Robin Williams pidió US$35 millones por la propiedad

Después de disfrutar durante años de Villa Sorriso, Williams decidió ponerla a la venta. En 2012, el precio inicial fue de US$35 millones. Sin embargo, el enorme valor de la propiedad y sus características tan particulares hicieron que encontrar un comprador no fuera sencillo.

En 2014, la propiedad volvió al mercado por US$29,9 millones. Después de la muerte del actor ese mismo año, el precio volvió a reducirse: primero a US$25,9 millones y finalmente a US$22,9 millones.

Williams había explicado anteriormente que sus problemas económicos estaban relacionados, entre otras cosas, con los costos de sus divorcios. En una entrevista de 2013 habló de las cuentas que debía afrontar y de su decisión de desprenderse del rancho de Napa.

La propiedad terminó vendiéndose por US$18,1 millones

Finalmente, en enero de 2016, Villa Sorriso encontró comprador. La operación se cerró por US$18,1 millones en efectivo, casi US$17 millones menos que el precio inicial con el que había salido al mercado.

Los compradores fueron Alfred y Melanie Tesseron, productores franceses vinculados a Château Pontet-Canet, una reconocida bodega de Burdeos. Para ellos, la propiedad no era solamente una mansión de lujo: también representaba una oportunidad para desarrollar un proyecto vitivinícola en California.

La operación convirtió a Villa Sorriso en uno de los ejemplos más llamativos de cómo una propiedad de lujo puede cambiar de valor cuando pasa años sin encontrar comprador. Lo que había comenzado con un precio de US$35 millones terminó cerrándose en US$18,1 millones, casi la mitad del valor inicial.