El juicio oral y público contra la organización coercitiva conocida como los "Sanadores egipcios" comenzó esta semana en los Tribunales Federales de Córdoba. En el banquillo de los acusados se encuentra Álvaro Juan Aparicio Díaz -autodenominado "licenciado Sahú Ari Merek"- junto a su entorno, enfrentando graves cargos por trata de personas con fines de reducción a la servidumbre y explotación, además de hechos de abuso sexual. En diálogo con Ahora Noticias por SRT Media, el abogado querellante Miguel Juárez repasó el trasfondo de una causa que dio un giro determinante al pasar del fuero provincial a la órbita federal. Aquellas personas que durante meses permanecieron detenidas bajo la sospecha de ser complicidad en la estructura criminal, hoy declaran en calidad de querellantes tras demostrarse que eran víctimas de un entramado de sometimiento, manipulación psicológica y violencia. VÍCTIMAS CAPTADAS Durante las primeras jornadas del debate oral, cinco mujeres prestaron su testimonio ante el tribunal. Al detallar el perfil de las damnificadas, Juárez destacó que se trata de personas con un alto nivel de formación académica e intelectual. Entre las testigos que ya declararon figuran una abogada con trayectoria en el Poder Judicial de Santa Fe, una técnica en ciencias audiovisuales oriunda de Rosario, una profesora de historia, una estudiante avanzada de la carrera de psicología y una comerciante. Ninguna de las víctimas, cuyas edades oscilan entre los 34 y los 55 años, contaba con antecedentes penales. Su acercamiento a la denominada "Escuela de Medicina Sêshen" se produjo entre los años 2014 y 2021, coincidiendo en todos los casos con situaciones de profunda vulnerabilidad personal, tales como el duelo por la pérdida de un familiar, enfermedades severas o cuadros depresivos. AISLAMIENTO PROGRAMADO Y FALSOS DIAGNÓSTICOS MÉDICOS La modalidad de captación se iniciaba a través de cursos y charlas dictadas en oficinas céntricas y prestigiosos hoteles de la ciudad de Córdoba. Una vez dentro de la estructura, Aparicio Díaz ofrecía sesiones de terapia individual atribuyéndose títulos universitarios falsos de grado en psicología. A partir de ese contacto, el líder ejercía un control progresivo que buscaba anular la capacidad de decisión de sus seguidores. El proceso de sometimiento exigía la ruptura sistemática de los lazos afectivos. En un plazo de entre un año y 18 meses, las víctimas eran inducidas a distanciarse de sus parejas, padres, hijos y amigos. El argumento utilizado por el imputado sostenía que debían alejarse de su "familia de sangre" para integrarse de manera exclusiva a una supuesta "familia cósmica" o "álmica". A la par del aislamiento, la organización montó un esquema de estafa basado en la invención de patologías. Aparicio Díaz diagnosticaba falsos tumores o cuadros de cáncer a las asistentes, para luego someterlas a costosos tratamientos de "sanación". Meses después, las enviaba a realizarse estudios en centros de salud privados cuya lectura, a cargo de otros miembros de la red, confirmaba la inexistencia de la enfermedad. De este modo, atribuía el resultado a sus poderes curativos y generaba en las víctimas un sentimiento de gratitud y subordinación permanente. LOS CARGOS La acusación principal que pesa sobre Álvaro Aparicio Díaz comprende nueve hechos articulados bajo la figura de trata de personas mediante coerción, reducción a la esclavitud y servidumbre, e intromisión con explotación laboral y económica. Asimismo, el expediente incluye cuatro acusaciones por delitos contra la integridad sexual, con agravantes por acceso carnal cometidos en el contexto de las supuestas revisiones y diagnósticos corporales que realizaba a las damnificadas. Las audiencias en los Tribunales Federales se reanudarán el viernes de la próxima semana y continuarán durante los días 14, 15 y 16 de septiembre, fecha en la que se espera completar la ronda de testimonios de las sobrevivientes.