Letizia el 11 de septiembre de 2001. (Grosby Group)

Prácticamente todo el mundo guarda grabado en la memoria el lugar exacto en el que se encontraba y la actividad que realizaba aquel 11 de septiembre de 2001. La imagen de las Torres Gemelas desplomándose en directo tras el impacto de los aviones no solo cambió la geopolítica global de manera irreversible, sino que paralizó el planeta entero frente a los televisores.

En las redacciones de noticias de todo el mundo se vivió una jornada de caos e incertidumbre absoluta, marcada por la urgente necesidad de enviar a los profesionales más capacitados hacia el epicentro de la tragedia para informar sobre el atentado más sangriento y trascendental de la historia reciente.

En Televisión Española, la dirección de informativos decidió apostar por una de sus periodistas con mayor proyección y empuje del momento: Letizia Ortiz Rocasolano. La reportera, que estaba a punto de cumplir 29 años el 15 de septiembre de aquel convulso año, se convirtió en una de las enviadas especiales clave del ente público para cubrir la crisis internacional. Sin dudarlo, hizo las maletas para poner rumbo a Estados Unidos y desplegarse en Washington, la capital norteamericana que también sufría el impacto del ataque al Pentágono y el estado de máxima alerta nacional.

A lo largo de más de una semana de intensa cobertura informativa, la joven periodista permaneció sobre el terreno ofreciendo crónicas detalladas, conexiones en directo y análisis de la respuesta estadounidense ante el horror. Aquella compleja misión periodística en la capital de la potencia mundial no solo consolidó su reputación profesional ante millones de espectadores en España, sino que demostró su firme capacidad para gestionar la tensión de las noticias de máximo alcance global en el instante de mayor conmoción que recordaba la sociedad internacional.

El papel de Letizia como enviada de TVE

La estancia en Washington cubriendo las secuelas del 11-S fue un paso decisivo en una carrera periodística que no dejó de asumir retos de primera línea. En los meses y años posteriores a la tragedia de las Torres Gemelas, la presencia de la reportera se volvió habitual en los escenarios donde se decidía o se sufría la actualidad mundial y nacional. En el año 2002, estuvo al frente de la información sobre un hito histórico de carácter social: la entrada en circulación del euro como moneda oficial en España, explicando a la ciudadanía los profundos cambios cotidianos que traía consigo esa transición monetaria.

Ese mismo año 2002, cuando la tragedia volvió a golpear en las costas gallegas con el hundimiento del petrolero Prestige, volvió a desplazarse como enviada especial a la Costa da Morte. A pie de playa y entre el chapapote, informó sobre el grave desastre ecológico que movilizó a miles de personas. Su perfil de reportera todoterreno se reconfirmó en abril de 2003, cuando dio el salto a uno de los escenarios más complejos del planeta al ser enviada especial a Irak para cubrir el conflicto bélico desde el propio terreno.

Un giro del destino hacia la Corona de España

Sin embargo, mientras su trayectoria mediática alcanzaba su punto álgido, el destino le reservaba un giro que cambiaría por completo el rumbo de su vida. Un encuentro en una cena con el entonces príncipe Felipe inició una relación personal que se mantuvo con absoluta discreción mientras ella continuaba al frente de sus compromisos televisivos. De hecho, a finales de octubre de 2003, retransmitió desde Oviedo la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias con su profesionalidad habitual, sin que el gran público sospechara el anuncio que se avecinaba.

Letizia Ortiz y su labor periodística. (Remi Agency/ZUMAPRE)

Apenas unos días después de aquella retransmisión en Asturias, en noviembre de 2003, la Casa Real anunció oficialmente el compromiso matrimonial de la pareja. Aquel hito marcó su despedida definitiva de los platós y de las cámaras de televisión. El 22 de mayo de 2004, con su enlace en la catedral de La Almudena de Madrid, la reportera que informaba en directo desde Washington tras el 11-S dejaba atrás el periodismo para iniciar su trayectoria institucional como princesa y, posteriormente, como reina consorte de España.