
El resurgimiento de la sífilis preocupa a las autoridades sanitarias y organizaciones internacionales, tras los datos presentados en la 26.ª Conferencia Internacional sobre el Sida, celebrada en Río de Janeiro (Brasil).
La Aids Healthcare Foundation (AHF) alertó sobre un incremento global de esta infección, con especial concentración en América Latina y el Caribe. En Colombia, se estima una incidencia entre 12 y 15,9 casos por cada 100.000 habitantes, representando el 6,1% de los diagnósticos anuales de infecciones de transmisión sexual (ITS).
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) reportó en 2024 alrededor de 4,2 millones de casos de sífilis en las Américas, de los cuales el 90% corresponde a América Latina y el Caribe.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que entre 2020 y 2022 los casos en adultos aumentaron un 13% globalmente. La sífilis congénita es uno de los mayores desafíos: solo en 2022 se registraron 68.000 nacimientos con la infección y 355.000 desenlaces adversos vinculados al embarazo en la región.
Según el Sistema de Vigilancia en Salud Pública, Colombia notificó hasta julio 6.735 casos de sífilis gestacional y 751 de sífilis congénita.

Así se transmite
La transmisión de la sífilis ocurre principalmente por contacto sexual directo, transmisión vertical de madre a hijo durante el embarazo, contacto con lesiones infecciosas, transfusiones sanguíneas o exposición a agujas contaminadas, según explicó el médico y epidemiólogo Duván Javier Rodríguez Rodríguez, especialista de la Universidad del Rosario a Infobae Colombia.
El profesional remarcó que la enfermedad no se propaga a través de contacto casual ni por compartir objetos, como suele creerse.
El uso inconsistente de preservativos, la presencia de múltiples parejas sexuales y la participación en prácticas sexuales de alto riesgo aumentan la probabilidad de adquirir la infección. “El condón disminuye el riesgo, pero no lo elimina completamente”, sostuvo Rodríguez.
Añadió que las áreas expuestas con lesiones pueden ser una vía de entrada, incluso si se utiliza protección. El grupo más afectado, según datos nacionales e internacionales, citados por el doctor Rodríguez, corresponde a hombres que tienen sexo con hombres, especialmente quienes utilizan aplicaciones de contacto, y personas con VIH, pues “la sífilis facilita la adquisición y transmisión del VIH, y viceversa”.

El fenómeno del “chemsex” —consumo de sustancias como metanfetaminas en contextos sexuales— y el trabajo sexual también figuran entre los comportamientos de mayor riesgo. La falta de tamizaje periódico en poblaciones vulnerables dificulta la detección temprana. “El tamizaje anual es clave en hombres que tienen sexo con hombres, y cada tres a seis meses si presentan factores adicionales”, recomendó el especialista.
Síntomas de la sífilis
Los síntomas varían según la fase de la infección. La sífilis primaria suele manifestarse con una úlcera indolora y de bordes definidos en el sitio de exposición, acompañada de ganglios cercanos. Esta lesión puede desaparecer sin tratamiento, lo que lleva a que muchos no consulten.
La etapa secundaria, que aparece semanas o meses después, se caracteriza por un exantema (erupción cutánea) en palmas y plantas, fiebre baja, malestar general, cefalea y lesiones orales o anogenitales. “La sífilis es conocida como ‘la gran simuladora’ por sus manifestaciones inespecíficas”, puntualizó Rodríguez.
La ausencia de tratamiento permite que la infección progrese hacia estadios más graves, como la neurosífilis, que afecta el sistema nervioso central, o la sífilis cardiovascular y terciaria, con lesiones destructivas en órganos internos. La transmisión vertical puede ocasionar sífilis congénita, con riesgo de aborto, muerte fetal o malformaciones.

El diagnóstico se apoya en pruebas serológicas, mientras que métodos directos como la microscopía de campo oscuro o PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa) se reservan para lesiones activas. Las pruebas rápidas facilitan el tamizaje, aunque requieren confirmación posterior.
Tratamiento de la enfermedad
El manejo de la sífilis depende de la etapa y las condiciones del paciente. Duván Javier Rodríguez precisó que “la penicilina G benzatínica es el tratamiento preferido para la mayoría de los casos”.
Para sífilis primaria, secundaria o latente temprana, la indicación es una sola dosis intramuscular. En cambio, para sífilis latente tardía, de duración desconocida o terciaria sin complicaciones neurológicas, se recomienda “una inyección semanal durante tres semanas”.
En situaciones de neurosífilis, ocular u ótica, el tratamiento consiste en penicilina G cristalina acuosa, entre 18 y 24 millones de unidades diarias (concentración de miligramos que debe aplicarse), administradas por vía intravenosa.

El especialista subrayó que la penicilina mantiene tasas de éxito superiores al 95%. Sin embargo, advirtió que la escasez del medicamento en el mercado responde a su bajo costo, lo que desincentiva su producción. “Las alternativas también logran éxito clínico en la mayoría de los casos”, afirmó el epidemiólogo.
El seguimiento posterior al tratamiento de la sífilis exige controles serológicos periódicos para confirmar la eficacia terapéutica.
El epidemiólogo Duván Rodríguez explicó que la evaluación de títulos no treponémicos, como RPR o VDRL, a los 6 y 12 meses tras el tratamiento, permite verificar la respuesta, especialmente en casos de sífilis primaria, secundaria o latente temprana.
En pacientes con VIH o en sífilis de duración desconocida, el control se extiende hasta los 24 meses. “El descenso de al menos cuatro veces en los títulos indica éxito terapéutico”, detalló Rodríguez. Si los títulos no descienden o aumentan, o si reaparecen síntomas, se considera posible fallo o reinfección y se debe reevaluar el caso. Las pruebas treponémicas, como Ftabs, permanecen positivas de por vida y no sirven para monitorizar la curación.
La abstinencia sexual durante el periodo infeccioso y hasta completar el ciclo antibiótico constituye una medida clave para evitar nuevas transmisiones.
El experto enfatizó que “sin tratar a la pareja, el riesgo de reinfectarse es alto”, por lo que se recomienda notificar y tratar a todas las parejas sexuales recientes, independientemente de su serología.

El tamizaje de otras infecciones de transmisión sexual y la evaluación para VIH resultan imprescindibles. “Toda persona diagnosticada con sífilis debe realizarse la prueba de VIH y repetirla a los tres meses si fue negativa”, resaltó el epidemiólogo. En perfiles de alto riesgo, se sugiere considerar profilaxis preexposición (PrEP).
La sífilis representa un riesgo considerable durante el embarazo. El Treponema pallidum puede atravesar la placenta en cualquier momento, causando abortos, muerte fetal o restricción del crecimiento intrauterino. “El único tratamiento válido en embarazadas es la penicilina; si hay alergia, debe realizarse desensibilización”, puntualizó Rodríguez.
A nivel comunitario, el fortalecimiento del sistema de salud, el acceso a pruebas rápidas y la capacitación del personal sanitario son pilares para controlar la transmisión, de acuerdo con el especialista consultado por Infobae Colombia.
¿Qué tanto puede afectar emocionalmente a una persona tener una ETS?
Ante el diagnóstico de sífilis o una enfermedad de transmisión sexual, la reacción inmediata suele ser “confusión y rechazo”, afirmó la psicóloga Susana Ramírez, especialista en salud pública. Para la experta, la noticia llega como “una sorpresa”, acompañada de inseguridad y temor por las implicancias en la vida íntima y el vínculo con la pareja.
La profesional señaló que “nadie espera este tipo de diagnósticos”, y subrayó el fuerte impacto emocional que produce el hallazgo de infecciones que se asocian a la vida sexual.

“El descubrimiento obliga a revisar los contactos sexuales recientes y despierta dudas respecto a la confianza en la pareja”, destacó Ramírez.
La sífilis es una infección que puede afectar de forma diferente a hombres y mujeres. “Ellos pueden transmitir la bacteria sin notarlo, mientras que ellas pueden desarrollar complicaciones en el sistema reproductor”, explicó la especialista. El riesgo se agrava durante el embarazo, ya que la infección puede provocar “daño en el desarrollo fetal o muerte del bebé”.
Recibir un resultado positivo puede generar ansiedad, depresión o crisis de pánico, especialmente en personas con antecedentes de violencia sexual o problemas de salud mental previos. Según Ramírez, “la noticia afecta la autoestima y la percepción de seguridad en las relaciones”.
Para enfrentar el estigma y preservar la salud mental, la psicóloga recomendó “información clara y diálogo permanente con la pareja”. El uso de preservativo y la realización periódica de exámenes son medidas clave para la prevención.
“Los centros de salud ofrecen pruebas rápidas y orientación para detectar y tratar estas infecciones”, resaltó Ramírez, quien enfatizó la importancia de los controles prenatales y el acceso gratuito al tratamiento como parte de las políticas públicas de salud.