Lo que siguió después fue pura oscuridad y desolación. El dolor y el enojo los invadió. Se repuso para hacer lo último que podía hacer por su hijo: justicia. “A Facundo le debemos justicia. No podés llevar a tu hijo a jugar a una pileta y que te lo devuelvan muerto”. Su motor ahora es que sean imputados y acusados los directivos del club. En la causa, los únicos imputados son de menor rango: la guardavidas, el encargado de mantenimiento, el responsable de operaciones y dos intendentes. Por eso luchan María José y Gabriel. Por eso hablan y cuentan.
—¿Cómo era la vida hasta ese enero?
—La vida era una familia feliz. Nuestra vida giraba en torno a la vida familiar y a Facundo, porque por supuesto que cuando tenés un hijo chico el proceso de acompañamiento es mucho más intenso que a lo mejor cuando tenés un hijo grande. Digo acompañamiento en el sentido de llevarlo al colegio, al club, a los cumpleaños, irnos de vacaciones. Todo lo que hacíamos lo hacíamos con él. Eran viajes, proyectos, sueños.
—¿Facu cómo era?
—Facu era un chico muy alegre, muy alegre. Era un chico que siempre sonreía. Era un chico muy querido. Era querible Facundo. Lo querían, lo siguen queriendo. Su familia, sus amigos, lleno de amigos, sus maestras, sus profesores, sus entrenadores. Mis amigas siempre dicen que Facu era muy especial. Si yo lo digo no tiene mucho valor pero soy la mamá, pero ellas siempre dicen que Facundo era un chico muy especial. Se hacía querer.
—¿Y con vos?
—Conmigo era muy pegado, conmigo y con el papá. Con los dos era muy pegado. Nos hacía dibujos. Encontré una carta que me escribió, me la había dado, pero después del 2 de enero no sabía dónde estaba. Era un chico cariñoso. Uno de mis hermanos siempre decía que Facu tenía amor para darle a todo el mundo. Él enseguida generaba un vínculo afectuoso. Era divertido, para su corta edad era un chico responsable. Era muy dulce. Tenía una mirada muy dulce, una sonrisa muy dulce. Era de buena madera, tenía nobleza Facundo.
—¿Cómo era el plan ese verano?
—Habíamos venido acá a Buenos Aires para pasar el año nuevo con mi familia política. Y el plan era irnos de vacaciones en febrero con amigos y todo enero ir al club a que él se encuentre con sus amiguitos.

—¿Tenía muchos amigos ahí?
—Muchísimos tenía. Porque Facu jugaba al rugby, tenía todos los amiguitos de rugby. Jugaba al fútbol, tenía todos los amiguitos de fútbol. Muchos de sus amigos del colegio van al club.
—¿Qué club era?
—El Jockey Club de Rosario.
—¿Estaba en una colonia o iban y se encontraban y listo?
—No, iban y se encontraban los chicos. Jugaban al fútbol. Iban al barcito a tomarse unas gaseosas. Iban a la pileta.
—Es el momento de ir al bar con los amigos y sentirse grandes.
—Exacto, en el club es donde los chicos pueden empezar a tener los primeros pasos de independencia. Yo estaba, yo iba siempre, de hecho mis amigas me cargaban porque me decían, bueno hagamos ronda y un día lleva una, otro día lleva otra. Y yo le decía, no, yo todavía prefiero ir yo y estar. Yo todavía no lo había terminado de soltar, ni siquiera en el club.
—¿Era un lugar en el que era feliz?
—Era feliz, Facundo en el club fue feliz.
—¿Y en la vida?
—También era feliz. Mis amigas siempre me dicen fue feliz Facu, fue feliz. Eso da un poco de paz.
—¿Querés que charlemos de qué pasó ese día?
—Sí, sí, cómo no.
—¿Estás preparada para eso?
—Sí, sí estoy preparada.
—Enero. ¿Qué día de enero?
—2 de enero. Habíamos vuelto el 1° de enero. Llegamos a Rosario y el 2 de enero yo estaba cansada, llegas de viaje, tenés que ordenarte, desarmar los bolsos, lavar la ropa. Pero sabía que para él ir al club era un plan entonces “dale Facu, vamos al club así te encontras con tus amigos, jugás”. Fuimos al club y él se fue a jugar al fútbol con los amigos. Al ratito va a la pileta con sus amigos. Yo me encontré con una amiga, que es la mamá de uno de sus amiguitos. Nosotras nos sentamos en el bar enfrente a la pileta. La pileta es la pileta dulce del Jockey Club de Rosario. Nos sentamos en el bar de la dulce mirando a la pileta. Y en un momento dado yo veo que en una de las puntas hay una mamá que está evacuando la pileta. Mi amiga sale corriendo primero, yo salgo atrás de ella. Es una pileta muy profunda, tiene hasta cuatro metros. Y yo veo que en el fondo había un chico que estaba ahí y que nadie lo sacaba. Entonces empiezo a gritar. Ya había un clima de desesperación en la pileta. Todos los que estaban ahí estaban desesperados. Nadie entendía bien qué estaba pasando. Yo me pongo a gritar, por favor, voy corriendo y me pongo a gritar por favor que alguien salve a ese chico, sáquenlo. Y viene un amigo de él y me dice “Majo, es tu hijo”. ¿Qué te puedo decir? Lo que nunca querés escuchar.
—¿Ahí entendiste?
—La pesadilla de toda madre es que le pase a algún hijo. Y en ese momento me di cuenta de que era Facu. Ahí entré en estado de shock total. Los padres se tiraban a la pileta y volvían a la superficie y no lo sacaban. Y se volvían a tirar otros padres y los guardavidas y no lo sacaban. Y vinieron otras madres, me decían “quedate tranquila, ya lo van a sacar”. Facu es fuerte. Empezamos a rezar. Todos los socios gritando, los chicos asustados. Toda una sensación de caos y de desesperación. Los que subían gritaban “apaguen la bomba, apaguen la bomba”. Yo gritaba “apaguen la bomba”. Ahí entendí por qué no lo sacaban. Ahí entendí que había algún tipo de atrapamiento. Estuvimos así, yo no tenía mucha noción del tiempo por el estado de shock y de desesperación. Dicen los informes que fueron entre ocho y once minutos. Después lo logra sacar un amigo nuestro que es médico. En un momento dado yo me acerco, le agarro la mano, le hablo. Me dicen que me tenía que ir, que me tenía que ir, que deje trabajar a los médicos. Y fue todo un caos eso. No había ningún tipo de protocolo de emergencia. No había ningún protocolo para resolver esta situación. Actuaban los médicos que eran padres. No había ningún grado de organización. En un momento dado los médicos empiezan a gritar “traigan pilas”. Yo gritaba “traigan pilas”. ¿Pero quién va a tener pilas en el club? ¿Qué tipo de pilas? ¿Para qué? O sea, el instrumental médico no tenía pilas. Decían que iban a llamar a un helicóptero para trasladarlo más rápido al Sanatorio de Niños de Rosario. Cuando llega el helicóptero se dan cuenta de que el helicóptero no tiene todo lo necesario para que Facundo llegue con pulso al sanatorio. Entonces llaman a la ambulancia. Fue todo un caos, una desorganización total. Y bueno, después lo trasladan al sanatorio.

—A tu hijo le hacen RCP ahí mismo. ¿Y en ese momento había latido?
—Recuperan el latido en ese momento. Logra el pulso. Lo que tengo entendido es que Facundo igualmente entra con muerte encefálica al sanatorio. Ese pulso entiendo que se mantenía artificialmente. Por eso necesitaban una ambulancia para trasladarlo, para mantenerle ese pulso artificialmente.
—Vos te das cuenta de que era tu hijo el que estaba bajo el agua porque te lo dice un amiguito de él. ¿Entendiste rápido lo que te estaba diciendo?
—Sí, lo entendí rápido. Lamentablemente lo entendí rápido. Después de eso empecé a no entender y a que la desesperación y el shock nublen todo. Yo no sabía cuánto tiempo había pasado. No entendía si los que se metían eran padres, eran guardavidas. Las madres desesperadas conmigo me abrazaban, rezaban. Ahí fue todo un caos. A partir de eso empezó el caos.
—¿Vos te dabas cuenta qué estaba pasando?
—Yo me doy cuenta cuando empiezan a gritar apaguen la bomba. Ahí me doy cuenta de que la bomba lo había succionado, había algún atrapamiento. Porque la desesperación era que se tiraban y no lo podían sacar. No lo podían sacar, había algo que lo estaba atrapando muy fuerte, no lo podían sacar.
—Explicame de qué estamos hablando. ¿Cómo era el piso de esa pileta?
—Te explico. Es una pileta muy antigua, de 1935, 1936. Es una pileta muy profunda. Esa pileta tiene en la pared lateral norte un ducto con una boca de 15, 16 centímetros de diámetro y a través de ese ducto se filtra el agua de la pileta. Con la cual absorbe, succiona como una aspiradora. Ese ducto no tenía la rejilla reglamentaria que tienen que tener todos los ductos para que esto no pase. Si vos tenés esos ductos sin protección lo que va a pasar es esto. Quien hizo esta obra declaró ante las fiscales que ese ducto sin protección es muerte segura. No hay escapatoria. Literalmente.
—No solo estamos hablando de que un nene de 10 años no podía salir. Estamos hablando de que adultos no lo podían sacar. Para entender la magnitud de cómo estaba funcionando esa succión sin la rejilla y con gente en la pileta.
—Sin la rejilla, con gente en la pileta, un ducto con una boca enorme. A Facundo le succionó las dos piernas hasta la altura de la rodilla. Y con una bomba de 20 caballos de fuerza. Que para quien entiende esto se da cuenta que esa bomba era descomunal. Con una bomba de 7.5 o de 5.5 hubieran logrado filtrar el agua de esa pileta. 20 caballos de fuerza.

—¿Qué te contaron los amigos de Facundo con los que él estaba en la pileta? ¿Qué pudieron reconstruir?
—Los chicos nunca más hablaron conmigo de ese tema. Es más, hubo chicos que nunca más hablaron de ese tema con sus padres. Nunca más quisieron hablar de ese tema. No quisieron hablar del tema. Porque son los amigos los que se daban cuenta de que era Facundo el que estaba ahí abajo y quienes avisan a la guardavidas.
—La guardavidas no se da cuenta.
—No, la guardavidas no se dio cuenta. Según lo que me enteré yo son los chicos los que le avisan a la guardavidas. Aparte es una pileta muy compleja en sus formas. Tiene un puente que es peligrosísimo. Esa pileta debería haber tenido, por la cantidad de niños, de personas que acuden a la pileta y por la cantidad de metros, mínimo dos guardavidas. Esto ya había quejas de los socios pidiendo que esa pileta dulce no podía estar con un solo guardavidas.
—Ya había quejas por la cantidad de guardavidas.
—Exactamente, los padres solicitaban que esta pileta tuviera más guardavidas. Porque es una pileta muy grande y como te digo es muy compleja. Está como partida, tiene como tres partes. Es muy difícil ver la totalidad de la pileta con la cantidad de personas que van a esa pileta y sobre todo niños. Esa pileta necesitaba como mínimo dos guardavidas. Y ya hubo temporadas donde había uno, los socios se quejaron y siguió habiendo un solo guardavidas.
—No estamos hablando de niños que no supieran nadar, no fue un accidente.
—No fue un accidente. Los directivos del club dijeron que fue un accidente pero esto no fue un accidente. Esto es un homicidio. Mi hijo fue a nadar a una pileta que tenía una trampa mortal. Esa pileta no debería haber sido nunca habilitada con ese ducto sin protección.
—Se lo terminan llevando en ambulancia. ¿Le pudiste avisar al papá de Facundo?
—No, yo no pude. Llamé a una amiga mía para que su marido, que es amigo de Gabriel, lo vaya a buscar sin decirle nada, que lo pase a buscar y que lo lleve al sanatorio y que ahí en el viaje le cuente.

—¿Cuándo pudiste pensar y procesar cómo habían sido esos minutos?
—Eso es lo que a mí más me tortura. Los minutos de mi hijo abajo del agua. Primero porque deben ser desesperantes para cualquier persona. Y segundo porque Facundo debe haber sido consciente de lo que estaba pasando. Debe haber sido plenamente consciente de que se estaba ahogando. La pérdida de un hijo es siempre desesperante, pero cuando vos perdés a un hijo y la forma en que muere es evitable es mucho peor porque la aceptación es muchísimo más difícil. Yo creo que si hubiera sido por muerte natural, por supuesto que lo estaría extrañando y llorando, pero me parece que a mí me hubiera resultado más fácil aceptarlo. Cuando vos pensás que una rejilla te hubiera salvado la vida no podés entender por qué esa rejilla no estuvo en su lugar.
—Te abrazo porque la muerte de un hijo es terrible pero esto de pensar esos minutos de Facu, ponerte en la piel de tu hijo esos minutos es imposible.
—Esos minutos es la mayor tortura con la que cargo. Pensar en esos minutos. De hecho fui a hablar con su pediatra y le pregunté cuánto tiempo tuvo conciencia él para saber lo que estaba pasando. Porque yo quiero que sean segundos, pero bueno, es un poco más que segundos lamentablemente.
—¿Qué necesitabas saber?
—Facundo ya tenía muerte encefálica cuando sale del agua. Yo le pregunté si la muerte encefálica era que ya estaba muerto. Entiendo que sí, que ya cuando llega al sanatorio el niño Facundo, que cuando sale de la pileta ya está muerto.
—¿Le preguntaste si le dolió?
—No, si le dolió no. Yo creo que más que doler él sufrió. Sufrió.
—¿La justicia calma este dolor?
—Siempre digo que yo ya a mi hijo no le puedo dar nada. Lo único que le puedo dar post mortem es justicia. Creo que el dolor por la pérdida de Facundo no se va a calmar con nada pero sí creo que todos a Facundo le debemos justicia y tiene que tener justicia. No podés llevar a tu hijo a jugar a una pileta y que te lo devuelvan muerto. ¿Por qué? Porque no hicieron lo que deberían haber hecho.

—Tuviste que contarle a Gabriel en el sanatorio, en el hospital qué había pasado.
—No. No sé si le conté o si ya le habían contado. El estado de shock de los dos… lo único que queríamos en ese momento era que Facundo no se muera. Qué había pasado ya pasaba en segundo plano. Vos lo único que querés es que tu hijo no se muera. Los dos pensábamos que había alguna esperanza.
—¿Fueron dos días?
—No, un día. Él queda atrapado el 2 de enero y el 3 de enero ya decretan su muerte. De hecho los médicos me decían hay que esperar a ver si reacciona. Pero no, nunca reaccionó.
—¿Le hablaste?
—Siempre le hablo. Siempre. Todos los días.
—¿Te pudiste despedir?
—No. Es un hasta pronto. Nunca te despedís de un hijo. ¿Cómo me voy a despedir? No, nunca. Jamás. Vamos a estar juntos siempre, de la manera que sea. No, no me despido de Facundo. No puedo. No quiero. Es parte mía.
—¿Qué aparece ahí: dolor, enojo?
—Aparece dolor. Por momentos desesperación. Impotencia. Enojo sí con quienes deberían haber hecho las cosas bien. Con quienes tenían el deber de cuidado y no lo cumplieron. Con las autoridades del Jockey estoy enojada, sí.
—¿Eso lo entendiste inmediatamente? Porque había que seguramente rearmar lo que pasó. Y primero todo duele.
—Todo duele. Yo estuve cuatro meses en estado de shock. Mis abogados nos empezaron a explicar a partir de las evidencias que se iban colectando qué había pasado, por qué esto era un homicidio, por qué las autoridades del club eran responsables, por qué había antecedentes, por qué las autoridades del club sabían que esto estaba así y lo dejaron así. Entonces, a partir de que yo empiezo a entender que fue un homicidio, quiénes eran los responsables, que la fiscal Mariela Oliva no había imputado a nadie en la causa. A partir de ahí yo entendí lo que estaba pasando y entendí que si yo no visibilizaba mi reclamo de justicia, que no iba a pasar absolutamente nada.
—Iba a quedar como un accidente.
—Iba a quedar como un accidente, que fue lo que dijeron las autoridades del club. Lo que nos dijeron todas las autoridades del club a todos los socios. Porque acá hay algo también que es llamativo, las autoridades del club no hicieron un sumario interno, nunca investigaron qué pasó. Yo soy autoridad de una institución, se muere un nene y quiero investigar. Quiero saber qué pasó, dónde estuvo la falla. Jamás investigaron qué pasó, nunca. Y no solamente eso, nunca nos dieron una explicación a todos los socios. Se muere un nene de 10 años, un miembro de la comisión directiva, el único que renuncia, el doctor Gripa García, dice es el hecho más tremendo de la historia del club, el más tremendo de 125 años de historia.
—¿Renuncia por esto?
—Renuncia por esto. El único que renunció a su cargo de comisión directiva. Él renuncia y dice eso. Y nunca nos dieron una explicación.

—Ahora voy a ir a toda la parte legal, pero ¿alguien tuvo algún gesto de humanidad de toda esa gente con ustedes?
—Con nosotros no. Conmigo se comunicó Charles Roberts por WhatsApp pero después de que hiciéramos un abrazo. Después de lo de Facu los socios hicimos varios abrazos, tanto en el country como en la sede del centro. Porque como dijo una mamá “esto no te pasó a vos, esto nos pasó a todos”. Hicimos varios abrazos. Después del primer abrazo en el country, más o menos a los seis meses, pero después del abrazo se comunica Jorge Sánchez Almeira pero no conmigo sino le dice a una amiga que le gustaría hablar conmigo. Seis meses. Y el presidente del Jockey después de Charles Roberts, después de que hiciéramos otro abrazo en la sede del centro, dice que quiere tomar un café conmigo.
—Lo que te levanta es el deseo de justicia entonces.
—Sí, en un momento dado entendí que si yo no pedía justicia por mi hijo nadie iba a hacer nada.
—¿Cómo estaba caratulada la causa hasta ese momento?
—Homicidio culposo. Siempre fue la carátula homicidio culposo pero hasta los cuatro meses y medio, no habían imputado a nadie. Lo que es una locura, yo veo casos de chicos que mueren ahogados y a los tres, cuatro días ya hay imputados aunque sea la guardavidas que es alguien al que seguramente van a imputar. Acá pasaron cuatro meses y medio y nadie.
—¿Habían hecho allanamientos, habían periciado esa pileta?
—Sí, periciaron esa pileta.
—¿Clausuraron?
—Clausuraron esa pileta primeramente para poder hacer una pericia. Los bomberos zapadores hacen una pericia y en el informe dicen que se demuestra que ese ducto no tenía protección. No tenía ningún rastro de haber tenido protección antes. No quedaban agujeritos de una rejilla. No había pegamento. No había un pedazo de rejilla. No había nada. Esa pileta había sido habilitada con ese ducto sin protección y no había rastros de que hubiera habido protección antes.

—En el medio, durante la investigación y esta lucha, empezás a conocer casos que ya advertían de que esto podía pasar.
—Sí, los socios que van a declarar. Cuando pasa lo de Facundo, el shock de los socios fue muy grande porque la sensación de todos fue podría haber sido el hijo de cualquiera. Entonces los socios van a declarar y ahí nos enteramos de que esto ya había pasado en 1983 con un socio que ahora tiene mi edad, un chico había sido atrapado por un ducto en la misma pileta, otro ducto pero la misma pileta, y él se salva porque estuvo menos tiempo debajo del agua, lograron sacarlo antes.
—¿Él declaró?
—Sí declaró.
—¿Y vos hablaste con él?
—Sí hablé con él. Él vive en Estados Unidos pero justo estaba acá.
—¿Y qué le preguntaste?
—Lloramos los dos, nos abrazamos, no sé si le pregunté, le agradecí.
—Él debe haber revivido también el horror.
—Exactamente, él revivió todo. Él dice que se siente muy cercano a Facu. Y en una nota que él da al diario La Capital de Rosario él cuenta cómo fueron esos minutos debajo del agua.
—Yo solo puedo imaginar terror.
—Sí, terror, desesperación, miedo y mucha conciencia de lo que estaba pasando.
—¿Él se había quedado atrapado con las piernitas también?
—No, con el brazo, a él le succiona el brazo.
—¿Y pudo salir solo o lo ayudaron?
—No, lo ayudaron guardavidas. No, solo es imposible salir, esas bombas chupan con una fuerza terrible.
—¿Cómo te puede pasar dos veces?
—Pasó más de dos veces. Después nos enteramos que más o menos en el 2019, la fecha no está precisa, un adulto ve el agujero, le da curiosidad y mete el brazo, lo succiona y con todo el resto de la fuerza del cuerpo logra salir. Él declara que escribe una nota a las autoridades informando de esta situación. Lo más llamativo es que un amigo de él, que a su vez era amigo del chico que quedó atrapado en el 83, muy asustado porque dice ya le pasó a mi amigo en el ’83, vuelve a pasar, lo cruza al presidente del Jockey, a Charles Roberts, y le dice Charles, acá hay una trampa mortal, hay que hacer algo, ya pasó dos veces. ¿Qué estamos esperando? O sea que Charles Roberts sabía que eso estaba así. Y después hay otro incidente, más o menos en enero de 2021, donde unos chicos jugaban con unos toallones y los dejaban en el fondo de la pileta. Y el ducto succionó el toallón de uno de los chicos. Las autoridades se enteraron de que el toallón había sido succionado, lo consideraron una travesura del niño y decidieron sancionar al niño por dos semanas para que no vaya más al club.
—Es increíble.
—Sí, es increíble que sabiendo que tenés esa trampa mortal y sabiendo lo que esa trampa mortal puede generar, porque ya existía el caso de 1983, el chico que queda atrapado en el 83 termina en terapia intensiva. O sea, sabemos lo que puede generar un ducto sin protección en un niño o en un adulto también ¿no? Pero un niño yo lo veo todavía más indefenso y más vulnerable.

—Quedaste embarazada. ¿Cómo fue eso?
—Ese embarazo fue, por supuesto, una luz de esperanza. Ante la muerte y ante la oscuridad de esa muerte el embarazo fue esperanza. Pero es como que es un momento de muchísima alegría, de muchísima esperanza, pero Estanislao no reemplaza a Facu. El dolor que siento por Facundo lo voy a seguir sintiendo y el amor y la esperanza que me genera Tani la voy a seguir sintiendo.
—¿Daba culpa volver a ser feliz?
—Tuve la sensación de que si era completamente feliz con Tani traicionaba a Facu. Y de que si seguía estando triste traicionaba a Tani. Esa dualidad la pude superar cuando me acordé de que Facu quería tener un hermano.
—Me imagino que Facu está super presente en tu casa.
—Siempre, claro, súper presente. Yo ya le hablo de Facu, le digo que era su hermano. Obviamente que entiende muy poco, pero tratando de que sea todo con naturalidad.
—Entiendo la contradicción y el dolor, pero vos no dejás ni una hora de pensar en Facu.
—Es que no podés, es como que me constituye, estoy todo el día con él, lo llevo conmigo. Ni siquiera es una decisión racional. Sería imposible, aunque quisiera no pensar no puedo.
—¿Creés que la justicia puede empezar a transformar algo que hoy es dolor en un recuerdo feliz?
—Aante un dolor tan terrible, si a eso le sumás impunidad se potencia. Si hubiera justicia, habría algo de sosiego, de paz. El dolor va a seguir estando.
—Hablemos de la falta de justicia. ¿Quiénes están imputados hoy?
—Están imputados y acusados los empleados de rango más bajo del Jockey Club de Rosario, que son la guardavidas, el encargado de mantenimiento, el responsable de operaciones y dos intendentes. Y nuestro pedido como querella fue desde el principio que sean imputados y acusados los directivos del Jockey que son Charles Robert y Jorge Sánchez Almeira. Y también hay un gerente general que se llama Luis Lucini, que nosotros entendemos que por sus deberes él debería ser acusado también e ir a juicio junto con las autoridades.
—¿Qué pidió la fiscal?
—Al principio estuvo a cargo de esta investigación la fiscal Mariela Oliva. A fines del año pasado el Ministerio Público de la Acusación, las autoridades del Ministerio Público decidieron cambiar a la fiscal Mariela Oliva. Y en su lugar vinieron dos fiscales nuevas, Mariana Prunotto y Valeria Piazza Iglesias. Lamentablemente actuaron exactamente igual que Mariela Oliva, que es considerar que las autoridades del club no debían ser acusadas. Cerraron la investigación penal preparatoria, es decir, ya no se investiga más. Hicieron una resolución en la cual desestiman nuestro pedido para que sean imputados y acusados Charles Robert, Jorge Sánchez Almeira y Luis Lucini.
—Y elevan a juicio al resto.
—Ellas pretenden elevar a juicio pero mis abogados manifestaron su disconformidad con esa resolución porque tiene varias inconsistencias judiciales muy notorias y muy llamativas. Pedimos que se cambien a las fiscales, que esa resolución no tenga más valor y que sean imputados los directivos del club.
—¿La Fiscalía decidió no imputar a estas tres personas?
—Nunca fueron parte de la causa. Ni siquiera fueron a declarar como testigos como en una declaración testimonial. Nunca fueron parte de la causa. Nunca fueron investigados. Aun sabiendo las fiscales que ellos conocían ese ducto, que sabían que estaba sin protección, que sabían que los operarios y los trabajadores que debían poner la rejilla, controlar, supervisar, no lo estaban haciendo.
—¿Y por qué creés que pasa?
—Creo que hay impunidad. Creo que las autoridades del club tienen contactos políticos.
—¿Hay algo que no hayamos hablado que te parezca importante?
—Sí, yo lo que quiero decir es que es muy triste y muy preocupante vivir en una sociedad donde las personas que ocupan cargos institucionales gozan de impunidad. Yo siempre creí que existía igualdad ante la ley y lo que me está diciendo la realidad es que no es así, porque hay muchísimas evidencias colectadas de que ellos conocían esta situación. Hay un Acta del Jockey Club de Rosario donde los miembros de la comisión deciden sancionar a este chico y pareciera que ese dato a los fiscales no les importa. Es más, me había olvidado de contarte, yo siempre voy y llevo flores a esa pileta que sigue clausurada. Y un día fui con otra mamá que me acompaña y un miembro de la comisión directiva que estaba ahí, una persona mayor de 88 años, se acerca a mí muy compungido y me pregunta qué puede hacer por mí. Y yo le digo “señor, pasaron 11 meses”. Y me dice “bueno, pero de todas maneras quisiera saber de qué manera te puedo ayudar”. Le digo “señor, ¿ustedes sabían que esto estaba así“. ¿Y sabes qué me dice? “Sí, nosotros sabíamos. Teníamos a un empleado que se ocupaba de esto y cuando se jubiló nadie más se ocupó”. Ese hombre, al verme a mí ahí en ese momento tan sagrado y tan doloroso, se quiebra y reconoce que lo sabía. Después por supuesto fue a hablar con abogados y todo se embarró, pero él me reconoció que todos ellos lo sabían. Es la única razón por la cual yo entiendo nunca hicieron un sumario interno.
—Porque sabían.
—Porque sabían y porque ellos no podían decir las responsabilidad es de tal, de tal o de tal, porque fue una responsabilidad de todos.
—¿Lo soñás a tu hijo?
—Lo soñé una sola vez. Todavía mis amigas siempre me dicen ya lo vas a soñar. Esos sueños donde dicen que vienen y te dicen que están bien. Yo ese sueño no lo tuve nunca. Yo soñé una sola vez con él que estaba conmigo y que yo le decía a mi mamá, “¿viste mamá? Facu no se murió, los médicos se equivocaron”. Después me desperté y me di cuenta de que era un sueño. Pero esa fue la única vez que soñé con él, que estaba yo con él y que le iba a decir eso a mi mamá.
—Esos sueños que uno quiere volver a dormirse y tener un ratito más, ¿no?
—Exactamente. Me genera paz saber que fue feliz. Fue y es terriblemente amado. Facundo fue un hijo buscado, soñado, totalmente amado. Mi marido siempre le decía siempre “soñé tener un hijo, pero vos sos mucho mejor de lo que yo me imaginaba que podía ser un hijo”.
—Ustedes aprendieron a ser mamá y papá con él.
—Facundo me dio tanta, tanta, tanta... Es increíble lo que te da un hijo. Facundo me dio tanta felicidad que aún con el dolor que hoy siento elegiría volver a pasar todo lo mismo.