Tenía 30 años y “ni un mango”, pero vio venir un problema del agro y creó una empresa: Julián Etchegoyen apostó por mejorar las aplicaciones y diez años después construye su propia fábrica en Pergamino
Cuando tenía 30 años, Julián Etchegoyen era ingeniero agrónomo recibido en la Universidad Nacional de La Plata y trabajaba para una compañía del sector agropecuario. Su rutina implicaba sobre todo la recomendación y venta de insumos. Por eso, como muchos de sus colegas, acumulaba kilómetros en la ru
Cuando tenía 30 años, Julián Etchegoyen era ingeniero agrónomo recibido en la Universidad Nacional de La Plata y trabajaba para una compañía del sector agropecuario. Su rutina implicaba sobre todo la recomendación y venta de insumos. Por eso, como muchos de sus colegas, acumulaba kilómetros en la ruta. Pero por entonces creyó detectar un espacio que todavía estaba poco desarrollado y decidió largarse por su cuenta.
“Un proyecto personal propio realmente tiene muchos desafíos, pero ahora, con diez años en perspectiva, estamos muy contentos de dónde estamos”, contó Etchegoyen a Bichos de Campo.
La empresa que creó en 2017 se llama Tropfen y ha crecido muchísimo. Nació enfocada en el desarrollo y comercialización de coadyuvantes, productos que se agregan al tanque junto con los fitosanitarios para mejorar la calidad de las aplicaciones.
Dicho en términos sencillos, explicó el agrónomo, funcionan como un aditivo que permite que aquello que se aplica llegue mejor a su objetivo. “Buscan mejorar la performance de ese producto y lograr que sea más eficiente el control de lo que estamos buscando y, por otro lado, que sea más amigable con el medio ambiente y disminuya los riesgos de contaminación”, señaló.
La apuesta no fue azarosa. Etchegoyen ya veía que las aplicaciones agrícolas comenzaban a volverse más complejas y que esa dificultad sólo iba a crecer.
“Conocía la línea de productos. Era una línea que todavía estaba en un inicio de desarrollo potencial y vi que la necesidad de mejorar las aplicaciones iba a ser cada vez más importante. Sobre todo se iban a dar desafíos tecnológicos porque ya se estaban empezando a mezclar diferentes productos, que complejizan las aplicaciones agrícolas”, recordó.
Mirá la entrevista:
El momento de nacimiento de Tropfen coincidía con la aparición y expansión de malezas resistentes, que obligaron a utilizar diferentes herbicidas, y con una creciente discusión sobre el uso de fitosanitarios. Allí Etchegoyen creyó encontrar un espacio donde no sólo podía montar un negocio, sino también “agregar valor” para el productor.
El tiempo, dice, terminó confirmando parte de aquella lectura. “Cuando mirás en perspectiva, la calidad de aplicación en los últimos diez años estuvo en el top tres de temas para el productor serio”, sostuvo.
También apareció otra presión que empujó en el mismo sentido: la económica. “El bolsillo empezó a apretar y hay que ser eficiente con cada insumo que agrego en cada hectárea sembrada”, resumió.
A partir de aquella primera línea de coadyuvantes, Tropfen fue incorporando otros negocios. Sumó productos nutricionales, fertilizantes y bioestimulantes, y durante los últimos cinco años avanzó también sobre los biológicos, un segmento que Etchegoyen considera todavía incipiente en algunos rubros pero con fuerte potencial de crecimiento.
Estos son los hitos destacados pro la propia empresa:
“Se ha invertido muchísimo y todavía creo que no ha vuelto a nivel de negocios como la industria lo espera. Eso va a quedar para un plazo un poco más largo”, evaluó sobre ese mercado.
En ese recorrido la empresa también comenzó a operar, además de Argentina, en Uruguay, Paraguay y Bolivia. Etchegoyen cree que existe en la región un productor dispuesto a incorporar esas nuevas herramientas, aunque en buena medida esa innovación también está empujada por la necesidad de producir más con los mismos recursos.
“El productor argentino es un productor innovador. Cada país tiene su idiosincrasia y sus particularidades, pero veo un productor interesado en mejorar, en superarse. También la coyuntura hace que necesite sacar cada año más kilos y ser más eficiente”, afirmó.
Pero el salto más grande de aquella empresa que empezó con recursos escasos está ocurriendo ahora. Hasta el momento, Tropfen desarrollaba productos propios pero tercerizaba su fabricación. Después de diez años decidió avanzar un casillero hacia atrás en la cadena y montar su propia planta productiva.
“No teníamos un mango, eso seguro. Tuvimos que arrancar con un aporte de capital muy escaso y a partir de eso dimos los primeros pasos. Si me preguntás en perspectiva, creo que nunca me hubiese imaginado estar hoy donde estamos”, reconoció Etchegoyen.
Para financiar ese nuevo paso, la compañía salió durante 2026 al mercado de capitales mediante una Obligación Negociable. La operación estuvo destinada a respaldar el proyecto industrial que ya se encuentra en obra en el predio de la firma, ubicado sobre la Ruta 8, a la altura del kilómetro 218, en Pergamino.
“Era lo que nos faltaba. Creo que el próximo paso era ir un poquito hacia atrás en la integración y poder tener nuestra propia fábrica, nuestra propia área de producción”, explicó el empresario.
Allí se instalarán equipos de formulación y fraccionamiento. La expectativa de Etchegoyen es completar las obras hacia fines de este año y comenzar 2027 con producción propia.
Así, aquella apuesta a que aplicar mejor iba a convertirse en un asunto cada vez más importante para la agricultura termina, una década después, tomando forma en fierros, tanques y máquinas propias. “Realmente estamos muy contentos”, resumió Etchegoyen. Esta vez, después de tantos kilómetros recorridos, la próxima etapa parece empezar puertas adentro.