Brasil avanza hacia una mayor regulación de la exploración de sus tierras raras, unos minerales estratégicos para la transición energética, la industria tecnológica y el sector militar. El país cuenta con algunas de las mayores reservas del mundo, pero gran parte de estos recursos permanece todavía bajo tierra, mientras China domina la producción global. La apuesta brasileña abre una nueva disputa por estos minerales, pero también despierta preocupación entre comunidades indígenas por el posible impacto ambiental de su explotación.