Las redes sociales son cada vez más un reflejo de nuestras vidas. Una especie de lado B que puede contribuir a mejorar o empeorar, incluso, nuestro escenario laboral o profesional. Pero, ¿qué relación existe entre el empleo y las redes sociales? Y, sobre todo, ¿las empresas monitorean los perfiles de sus trabajadores?
Un estudio realizado recientemente por Bumeran —la app de empleo con presencia en toda Latinoamérica— sobre un universo de 3503 trabajadores y especialistas en Recursos Humanos de Argentina, Chile, Ecuador, Panamá y Perú explora el impacto que tienen las redes sociales de los talentos en su vida profesional y en la imagen de las organizaciones.
Del sondeo se desprende que un 46% de los trabajadores experimentó o presenció algún caso en el que las publicaciones en redes sociales tuvieron consecuencias negativas en la carrera laboral —propia o de sus conocidos—, siendo Chile (50%) el país que lidera la tendencia, seguido de cerca por Argentina (46%); Panamá (42%); Ecuador (36%); y Perú (35%).
Mientras el 61% indica que la principal consecuencia fue un daño en la reputación, con pérdida de confianza y credibilidad; un 28% señala la pérdida de oportunidades de ascenso; otro 28% indica que el episodio terminó con la pérdida del empleo; el 9% dice que hubo un cambio de rubro laboral debido a la cancelación; y el 5% pérdida de clientes o potenciales clientes.

Redes sociales e identidad profesional
“Las redes sociales se convirtieron en una extensión de la identidad profesional. Muchas personas ya no solo piensan qué publicar para su círculo personal, sino también cómo ese contenido podría ser interpretado en el ámbito laboral. La reputación digital dejó de ser un aspecto secundario y hoy influye en la manera en que los talentos gestionan su presencia pública”, explica Federico Barni, CEO de Bumeran en Jobint.
De acuerdo con las organizaciones y los especialistas en Recursos Humanos, pensar qué y cómo nos vamos a mostrar es una decisión más que acertada, ya que el 34% de los reclutadores tiene en cuenta los perfiles sociales de los candidatos durante los procesos de selección. El principal motivo es conocer aspectos de la personalidad e intereses de los candidatos; identificar posibles conductas controversiales; evaluar su reputación online y su profesionalismo; o bien para verificar que la información presentada por el candidato sea consistente.
“Las redes sociales forman parte de la identidad pública de las personas y, en algunos procesos de selección, las organizaciones pueden consultar la información que los candidatos tienen disponible públicamente. El objetivo debería ser complementar la información obtenida durante las distintas etapas del proceso y conocer mejor el perfil profesional del candidato, respetando la privacidad de las personas y evitando que aspectos de su vida personal que no tienen relación con el puesto influyan en la decisión de contratación”, indica Mariana D’ardis, HR Business Partner de Adecco Argentina.
Y aunque el 75% de las personas trabajadoras consultadas sostiene que la organización para la que trabaja no tiene políticas específicas sobre el uso de redes sociales personales; el 30% de los especialistas consultados reconoce que monitorea las redes sociales de los talentos que forman parte de su organización según el siguiente detalle: 54% revisa las redes sociales de toda la organización; 21% las redes sociales de personas puntuales como voceros o representantes; y el 25% las redes de personas con cargos directivos.

En un escenario donde los límites entre lo público y lo privado, y entre lo personal y lo profesional, se desdibujaron casi por completo, también surge la pregunta sobre cómo aprovechar la exposición digital a nuestro favor.
“Cuando hablamos de huella digital, muchas veces ponemos el foco exclusivamente en los riesgos o en las posibles consecuencias negativas. Sin embargo, la presencia en redes sociales también puede ampliar oportunidades profesionales y contribuir a construir una determinada identidad en el ámbito laboral”, asegura Barni.
Cómo usar nuestra huella digital a nuestro favor
“Hoy tu perfil de redes es, en la práctica, la primera reunión que tenés con cualquier persona que esté evaluando trabajar con vos, contratarte o asociarse: un cliente, un jefe, un inversor, incluso un futuro socio te busca en Instagram o LinkedIn antes de conocerte en persona. Y lo que encuentra ahí construye una percepción, para bien o para mal, antes de que vos digas una sola palabra”, indica Den Borgg, especialista en estrategia de marca personal.
“Durante mucho tiempo pensamos la marca personal como algo reservado para quienes buscaban convertirse en referentes, generar contenido o desarrollar una estrategia profesional en redes sociales. Hoy el concepto es mucho más amplio; la marca personal también se construye a partir de lo que publicamos, comentamos, compartimos y celebramos, e incluso de lo que otras personas publican sobre nosotros”, esgrime Barni.

“Actualmente, es prácticamente estándar que un reclutador o un cliente potencial revise tus redes antes de una entrevista o una reunión. Alguien puede ver tu contenido, puede gustarle o llamarle la atención, y sin embargo no sentir la confianza suficiente como para hacer negocios con vos”, explica Borgg.
Y en tal sentido, reconoce que no hay una receta única o un tipo de perfil “exitoso”, y apunta más bien al criterio, a tener una coherencia entre lo digital y lo presencial. “Así como elegís cómo vestirte para una entrevista pensando en la imagen que querés transmitir, en redes también tomás decisiones sobre qué mostrar y qué no, pero esas decisiones tienen que ser un reflejo genuino de quién sos, no un disfraz”, sostiene.
No se trata de convertir nuestros perfiles personales en una especie de currículum, sino de reconocer que nuestra presencia digital forma parte de cómo nos mostramos, incluso cuando no buscamos comunicar algo de manera explícita”, agrega Barni.

La regla no es no mostrar, sino más bien mostrar con intención, poniendo especial cuidado con aquellos contenidos “que exponen conflictos, quejas constantes sobre trabajos anteriores, jefes o compañeros; publicaciones con opiniones extremas o agresivas sobre temas sensibles; o que exponen incoherencia entre el discurso y la acción. Si tu contenido dice una cosa y tu comportamiento online muestra otra, esa grieta es lo que más rápido te cuesta credibilidad”, aconseja Borg. Y claro está, “evitar compartir información confidencial, respetar a compañeros, clientes y proveedores, revisar las configuraciones de privacidad y diferenciar las opiniones personales de las comunicaciones institucionales”, agrega D’ardis.
Al igual que en la vida real, cada industria tiene sus propios códigos sobre aquello que genera confianza y lo que puede generar ruido. Sin embargo, hay un principio que atraviesa a todas las profesiones: la coherencia.
“No importa el rubro, siempre tiene que haber una alineación entre lo que mostrás, lo que decís y lo que hacés en el mundo real. Esa es la base de cualquier marca personal, sea cual sea la industria”, concluye la especialista en marca personal.


