El Puerto Ingeniero Buitrago de Ramallo, en el norte bonaerense, recibió esta semana al Hanze Goteborg, un buque granelero de bandera neerlandesa que llegó desde Estados Unidos con 33.900 toneladas de carbón. destinadas al muelle carbonero de Ternium.

A simple vista, se trata de una operación más dentro del intenso tráfico fluvial que atraviesa el río Paraná. Pero el buque que hoy maniobra en estas aguas tiene detrás una historia que trasciende ampliamente la rutina portuaria.

El otro viaje del Hanze Goteborg: una noche en el Atlántico Norte

Pero antes de convertirse en un visitante más de la hidrovía del Paraná, el Hanze Goteborg protagonizó un episodio que lo distingue de cualquier otro granelero que atraca en estas costas.

Uno de los remeros sube por la escala de Jacob al Hanze Goteborg, en plena noche, tras 22 horas a la deriva en el Atlántico. (Foto: Captura de video).
Uno de los remeros sube por la escala de Jacob al Hanze Goteborg, en plena noche, tras 22 horas a la deriva en el Atlántico. (Foto: Captura de video).

El 28 de diciembre de 2022, mientras navegaba por el Atlántico Norte con 25.000 toneladas de arena de ilmenita desde Mozambique rumbo a Contrecoeur, Canadá, su tripulación captó una señal de socorro débil, proveniente de un punto a unas diez millas náuticas de distancia.

El capitán Yevhenii Feshchenko ordenó desviar el rumbo del buque para iniciar una búsqueda que se extendió por más de dos horas en medio de la noche y de un oleaje de hasta cuatro metros.

Finalmente, la tripulación logró localizar una balsa salvavidas de apenas cuatro metros cuadrados, con cuatro hombres a bordo: remeros estadounidenses, veteranos de la Fuerza Aérea de EE.UU . e integrantes del equipo Fight Oar Die, que llevaban 22 horas a la deriva luego de que una ola volcara la embarcación con la que intentaban cruzar el Atlántico a remo, en el marco de la Talisker Whisky Atlantic Challenge, una travesía de más de 4800 kilómetros pensada para visibilizar los problemas de salud mental de los veteranos de guerra.

El bote del equipo Fight Oar Die, cubierto de percebes y recuperado meses después de volcar en el Atlántico, durante la Talisker Whisky Atlantic Challenge de 2022. (Foto: X Afloat Magazine).
El bote del equipo Fight Oar Die, cubierto de percebes y recuperado meses después de volcar en el Atlántico, durante la Talisker Whisky Atlantic Challenge de 2022. (Foto: X Afloat Magazine).

El rescate se completó con los cuatro hombres subiendo uno por uno mediante una escala de Jacob; apenas el último alcanzó cubierta, la balsa semihundida desapareció bajo el agua.

El buque continuó luego su ruta original hacia Canadá, ahora con los cuatro sobrevivientes a bordo, quienes llegaron a Contrecoeur en enero de 2023 y pudieron reencontrarse con sus familias.

El equipo Fight Oar Die a bordo de su embarcación, antes de zarpar en la Talisker Whisky Atlantic Challenge.(Foto: phsprowl).
El equipo Fight Oar Die a bordo de su embarcación, antes de zarpar en la Talisker Whisky Atlantic Challenge.(Foto: phsprowl).

Dos historias, un mismo sistema fluvial

Hoy, ese mismo casco de 180 metros que hace tres años y medio marcó la diferencia entre la vida y la muerte para cuatro náufragos, cumple una tarea silenciosa pero estratégica: integrarse al ida y vuelta constante de graneleros que sostienen, desde el norte bonaerense, una porción del comercio exterior argentino.

Aunque la carga que trajo el Hanze Goteborg es carbón siderúrgico para Ternium, empresa del Grupo Techint, su llegada se inscribe en un escenario portuario mucho más amplio.

La zona integra, junto a Zárate y San Nicolás, uno de los nodos portuarios graneleros del país, un sistema que en conjunto despacha al exterior más del 75% de las exportaciones argentinas de granos, harinas proteicas y aceites vegetales.

Por sus muelles no solo salen la soja, el maíz y el trigo que Argentina vende al mundo: también ingresan insumos clave para sostener esa misma cadena productiva, como la roca fosfórica y los fertilizantes sólidos que opera Bunge Fertilizantes en la zona, materias primas esenciales para la actividad agrícola de la región pampeana.

El presente de esta zona portuaria, además, promete profundizarse: es una de las tres sedes —junto a Timbúes y Escobar— donde avanzan proyectos de expansión portuaria de gran escala en el marco del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

En este caso, la empresa Oramac proyecta un puerto multimodal con una inversión estimada en US$500 millones, pensado para ampliar la capacidad de embarque de granos, subproductos, fertilizantes y otras cargas vinculadas a la cadena agroindustrial.

Es decir: el mismo muelle donde hoy descarga carbón un buque con una historia de rescate en altamar podría, en los próximos años, transformarse en un actor todavía más relevante del comercio agroexportador argentino.

Carbón para la siderurgia hoy; en otros muelles de la misma zona, fertilizantes que alimentan la producción agrícola y, en el futuro cercano, potencialmente más volumen de granos, si los proyectos de expansión portuaria se concretan.

La escala del Hanze Goteborg en esta región es, en definitiva, un cruce poco frecuente entre dos mundos: el de la épica marítima de un rescate en altamar, y el de la logística agroindustrial que, día a día y casi sin que se note, atraviesa el río Paraná a la altura de esa zona bonaerense.