Buenos Aires, 6 septiembre (NA) - Cuando me convocaron para escribir sobre las posibles medidas que podría tomar el Gobierno para acelerar el crecimiento sin romper el equilibrio macro no pude menos que sorprenderme y enojarme un poco. Estos primeros tres años del Gobierno de Javier Milei van a arrojar un crecimiento del PBI de punta a punta cercano al 8% en contraposición a la caída que tuvieron los últimos períodos de Cristina, Macri y Alberto Fernández. PRIMERO LOS DATOS No me gusta tanto dar opiniones subjetivas, como sí describir la realidad de los números y las estadísticas. Siento que, si hablamos de sensaciones personales, nos quedamos estancados en una discusión de metros cuadrados subjetivos que no conduce a nada constructivo. Las cifras oficiales nos permiten corrernos de eso y apuntar a un debate objetivo y creíble. Argentina crece. Si partimos de eso, entonces podemos discutir después los matices. En los últimos 20 años todos los sectores vinculados a la exportación fueron relegados por un modelo que no los alentaba, les ponía retenciones, generaba brechas cambiarias inviables y ponía obstáculos para forzar una supuesta falta de licencia social para que estas actividades se desarrollen. A contramano de esto, el modelo apuntaba a inflar ficticiamente sectores vinculados al mercado interno, condenando a los argentinos a pagar el doble o el triple por los productos consumidos bajo la protección de un Estado benefactor (hacia las empresas) pero a costa del bolsillo de la gente. Hoy vivimos un proceso inverso. Los sectores más competitivos vinculados a la energía y al agro crecen con tasas de dos dígitos para hacer el “catch up” de todos los años perdidos. En la frontera del crecimiento productivo, el equilibrio general requiere necesariamente de esta transición hasta que ambos sectores económicos puedan equilibrar el ritmo de expansión. La tentación de la política es “intervenir” para modificar eso como si existiera una mano mágica no tan invisible como la de Adam Smith que pudiera cambiar el rumbo de los acontecimientos sin pagar costos más altos que los que se pretende evitar. “Pues no, mi ciela”: no hay tal cosa como un almuerzo gratis. LOS TRES FALSOS LATIGUILLOS QUE UTILIZAN PARA INSINUAR PASIVIDAD FRENTE A LA URGENCIA 1-EL GOBIERNO “PISA EL TIPO DE CAMBIO”. Quizás el más falso de todos. Podríamos aseverar que el esfuerzo del Gobierno hoy está puesto mucho más en evitar que el peso se siga apreciando, que de lo contrario. Prueba de eso es la cantidad de reservas que compró el BCRA en los primeros ocho meses del año. ¿Alguien calculó cuál sería el TC sin esas intervenciones? ¿$1.300? ¿Menos? Prefiero no saberlo. Y de la falacia del cepo para impedir la dolarización de las empresas…, ¿qué decirles...? Basta ver el dato de la cantidad de dólares que las personas jurídicas compraron y giraron al exterior en concepto de remesas de utilidades y dividendos. 2-EL GOBIERNO DEBERÍA TENER UNA POLÍTICA MONETARIA MÁS EXPANSIVA. ¿Más? La misma estrategia de compra masiva de reservas implica una gran emisión de pesos per se. Luego, aceptado esto, podríamos debatir si la medición de la demanda de pesos es correcta o no y si el Gobierno debería dejar más pesos sin absorber. ¿Esto nos garantizaría que esos pesos se usen para consumo y que no irán a refugiarse al dólar generando inestabilidad de precios vía pass through, como ocurre hace más de 30 años en nuestra economía bimonetaria? La única demanda genuina de pesos que debe convalidar el BCRA es la del crédito. Y este se mueve por ahora muy despacio al ritmo de la baja de la mora. Intervenir en ese proceso traería consecuencias negativas sobre un suficientemente raquítico volumen de préstamos sobre el PBI. Hay que tener paciencia y esperar que las brevas maduren. 3-UN POQUITO MÁS DE INFLACIÓN, POR FAVOR, PARA QUE LA ACTIVIDAD INTERNA SE DINAMICE MÁS RÁPIDO. Este es quizás el más difundido y por eso el más peligroso. Plata para las universidades, para la obra pública, para los jubilados y para un montón de demandas ciertas y sensibles que ningún gobierno pudo resolver en casi 50 años de democracia. El superávit actual es tentador. Pero es la única garantía que tenemos los argentinos de no recaer en la droga que nos trajo hasta acá. CONCLUSIÓN En Economía tenemos una caja de herramientas limitada. Y todos los que sabemos del tema conocemos perfectamente los efectos de cada una. El Gobierno está privilegiando el equilibrio general. Y está bien. Los melones se van acomodando durante el recorrido. Con la inflación bajando sostenidamente (¿agosto, 1,5%?), el PBI creciendo al 2,5% este año y los salarios recuperando su poder adquisitivo gradualmente, llegaremos a 2027 con una foto mucho mejor. Apurar ciertas cosas puede dañar mucho a los sectores más vulnerables de la sociedad. Tener una clase media algo descontenta por su poder de compra menguado es mucho menos grave que abultar desmedidamente la pobreza y la clase baja con altos índices de inflación y precios de alimentos volando como vino ocurriendo en todos los gobiernos anteriores. Tan tentador como inmoral. Agencia NA