Un estudio dice que hay que ver caminar a los perros y observar si se reduce el largo de los los pasos en las patas delanteras
Los cambios de comportamiento suelen ser una de las primeras señales que hacen sospechar de demencia en los perros , pero no son los únicos. Una nueva investigación encontró que incluso la manera en la que caminan los animales mayores podría aportar información sobre su estado cognitivo. El trabajo,
Los cambios de comportamiento suelen ser una de las primeras señales que hacen sospechar de demencia en los perros, pero no son los únicos. Una nueva investigación encontró que incluso la manera en la que caminan los animales mayores podría aportar información sobre su estado cognitivo.
El trabajo, publicado en la revista Frontiers in Veterinary Science, determinó que el largo de los pasos de las patas delanteras se reduce a medida que empeora el rendimiento cognitivo. Lo llamativo es que este cambio estuvo más relacionado con el deterioro mental que con la edad del perro por sí sola.
Los científicos siguieron a 88 perros mayores y geriátricos, con una edad promedio de 12,7 años. Cada seis meses, los animales eran sometidos a controles físicos, neurológicos y cognitivos, además de distintas pruebas relacionadas con su movilidad, visión, audición y fuerza.
Cuáles son las principales señales de demencia canina
Aunque el diagnóstico siempre debe hacerlo un veterinario, existen algunos cambios que pueden llamar la atención de los dueños, especialmente cuando aparecen en perros de edad avanzada.
Empieza a dar pasos más cortos: el nuevo estudio puso el foco en la forma de caminar. Los investigadores comprobaron que, a medida que empeoraba el deterioro cognitivo, los perros empezaban a dar pasos más cortos con las patas delanteras. Por cada 10 puntos de aumento en la escala utilizada para medir la demencia canina, el largo relativo de esos pasos se reducía alrededor de un 1,2%.
Se desorienta en lugares conocidos: uno de los comportamientos más frecuentes es que el perro parezca perdido en espacios que conoce desde hace años. Puede quedarse quieto mirando una pared, confundirse dentro de la casa o tener dificultades para encontrar una puerta o salir de una habitación.
Cambia sus horarios de sueño: algunos perros empiezan a dormir durante buena parte del día y se muestran más inquietos durante la noche. También pueden levantarse varias veces, caminar por la casa sin un rumbo claro o mostrarse nerviosos en horarios en los que antes descansaban.
Se relaciona de otra manera con las personas: un animal que antes buscaba constantemente compañía puede empezar a mostrarse más distante. También puede pasar lo contrario y que se vuelva mucho más dependiente, busque estar siempre cerca de sus dueños o se muestre más ansioso cuando queda solo.
Pierde hábitos que tenía incorporados: pueden aparecer cambios en conductas que el perro mantenía desde hacía años. Por ejemplo, hacer sus necesidades adentro de la casa, dejar de responder a órdenes conocidas o confundirse frente a rutinas que antes realizaba con normalidad.
Por qué la forma de caminar puede estar relacionada con la demencia
Para estudiar la marcha, los científicos hacían caminar a los perros por una pasarela de cinco metros, con la correa floja y sin usar comida, palabras u otros estímulos para motivarlos.
Los resultados mostraron algo particular: los cambios aparecían principalmente en las patas delanteras y no en las traseras. Según explicó Natasha J. Olby, autora principal del trabajo y profesora de neurología veterinaria y neurocirugía de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, esto podría estar relacionado con las distintas funciones que cumplen al caminar.
El largo de los pasos de las patas delanteras se reduce a medida que empeora el rendimiento cognitivo. (Foto: Adobe Stock).
Mientras que las patas traseras son fundamentales para impulsar el cuerpo hacia adelante, las delanteras intervienen más en movimientos como cambiar de dirección, acomodar el cuerpo o empezar a frenar. Estas acciones requieren una participación más compleja del cerebro y de la información que recibe del entorno.
Algo parecido ya había sido observado en seres humanos. En personas con demencia pueden aparecer pasos más lentos, cortos e irregulares incluso antes de que los problemas de memoria sean demasiado evidentes.
Los especialistas aclararon que ninguno de estos signos alcanza por sí solo para confirmar un diagnóstico. De hecho, el mismo estudio encontró que el dolor crónico también puede hacer que un perro dé pasos más cortos.
La artritis, los problemas en el cuello y algunas enfermedades de la columna pueden modificar la forma de caminar y generar señales parecidas. Por eso, si un perro mayor empieza a moverse distinto, pierde hábitos que tenía incorporados o presenta cambios importantes en su comportamiento, la recomendación es consultar con un veterinario.
Aunque actualmente no existe una cura para la demencia canina, detectarla de manera temprana puede ayudar a adaptar sus cuidados, mejorar su rutina y preservar durante más tiempo su calidad de vida.