
La relación entre el intestino y el cerebro volvió a quedar en el centro de la escena a partir de nuevas evidencias científicas. Conocido como eje intestino-cerebro, este sistema de comunicación conecta de manera permanente al aparato digestivo con el cerebro a través de señales nerviosas, hormonales e inmunológicas, y su influencia va mucho más allá de la digestión: también puede incidir en el estado de ánimo y la salud mental.
En esa línea, un estudio del Instituto de Investigación Médica QIMR Berghofer, Australia, publicado en Nature Genetics, ha identificado un fuerte vínculo genético entre las afecciones de salud relacionadas con el intestino y la depresión, lo que ofrece nuevas perspectivas sobre por qué las enfermedades físicas suelen acompañar a los problemas de salud mental.
El hallazgo cobra especial importancia si se tiene en cuenta que las personas con depresión pueden morir hasta 12 años antes que quienes no padecen esta afección. Entre todas las enfermedades analizadas, las gastrointestinales fueron las que mostraron la asociación genética más fuerte.

Los billones de microorganismos que habitan en el aparato digestivo no solo asisten en la asimilación de nutrientes y la defensa inmunitaria, sino que “tienen un impacto significativo en la salud mental”, afirmó anteriormente Emilia Caro, bióloga molecular y directora ejecutiva de la Fundación GEDYT, a Infobae.
La doctora María Eugenia Rojas (MN 134368), coordinadora de la Unidad de Trastornos Afectivos del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) definió la depresión a Infobae en una nota reciente como “un trastorno del estado de ánimo caracterizado por una persistente sensación de tristeza, pérdida de interés o placer en las actividades cotidianas; cambios en el apetito o peso; dificultades para dormir o dormir en exceso; agitación o letargo; fatiga; sentimientos de inutilidad o culpa; dificultad para concentrarse”.
“En los casos más graves, pueden aparecer pensamientos de muerte o suicidio. La depresión es una condición clínica que afecta la calidad de vida y el funcionamiento diario de una persona”, subrayó la experta.
Qué descubrió el estudio sobre intestino, cerebro y genética

La investigación comparó la relación genética entre la depresión y cuatro grupos de enfermedades físicas: cardiovasculares, metabólicas, gastrointestinales e inmunitarias.
Las cuatro presentaron conexión genética con el trastorno, aunque el trabajo ubicó al grupo gastrointestinal como el más estrechamente asociado, con afecciones como el síndrome del intestino irritable, la enfermedad por reflujo gastroesofágico, la colelitiasis y la úlcera péptica entre las que concentraron la mayor superposición.
El estudio reveló que los factores de riesgo genéticos vinculados a estas enfermedades físicas coincidían con casi la mitad de los relacionados con la depresión.
Damian Woodward, autor principal y estudiante de doctorado en QIMR Berghofer, explicó que el hallazgo sugirió la necesidad de mirar más allá del cerebro al abordar la depresión. Según el investigador, la relación compartida con las enfermedades gastrointestinales respaldó el papel del eje entre intestino y cerebro en la coexistencia de depresión y enfermedad física.
Las afecciones gastrointestinales lideraron la superposición genética

El estudio identificó un vínculo genético más marcado entre la depresión y los problemas de salud relacionados con el intestino que el observado en los grupos cardiovascular, metabólico e inmunitario. Ese patrón llevó a los autores a plantear que parte de la coexistencia entre ambas condiciones podría estar mediada por vías biológicas comunes.
Las enfermedades gastrointestinales fueron las que tuvieron la relación genética compartida más fuerte con la depresión. El trabajo sugirió que la alteración de factores genéticos que influyen sobre esa comunicación podría ayudar a entender por qué ambas afecciones suelen aparecer juntas.

La investigación describió al intestino como un “segundo cerebro” porque comparte muchas de las mismas sustancias químicas de señalización y contiene un número elevado de células nerviosas. Esa base biológica fue una de las claves que usaron los autores para interpretar la superposición genética detectada.
Los factores genéticos implicados afectarían la comunicación constante entre el intestino y el cerebro. Según Woodward, esa vía también contribuiría a la disfunción intestinal y a otras afecciones, incluidas las relacionadas con el sistema inmunitario.
El hallazgo apuntó a vías biológicas compartidas

El profesor Eske Derks, director del Laboratorio de Neurogenómica Traslacional de QIMR Berghofer, sostuvo que comprender mejor esas vías biológicas compartidas podría mejorar los resultados de salud en personas con depresión y otras afecciones. También indicó que ese conocimiento podría ayudar a identificar nuevas oportunidades terapéuticas.
“Las personas con depresión suelen padecer diversas enfermedades físicas graves. Al comprender mejor las vías biológicas que vinculan estas afecciones, esperamos identificar nuevas oportunidades de tratamiento y ayudar a reducir la grave carga que supone la depresión para la salud”, afirmó Derks.
Además de aumentar la concienciación clínica sobre las enfermedades frecuentes en personas con depresión, los investigadores señalaron que el hallazgo podría orientar la reutilización de medicamentos ya existentes.




