El 6 de abril de 1992 por la mañana, Evandro Ramos Caetano, de seis años, estaba en la escuela primaria Olga da Silveira, en Guaratuba, una ciudad del litoral del estado brasileño de Paraná.

El chico estudiaba por la tarde, pero ese día había acompañado a su madre, Maria Caetano, que trabajaba como empleada en el mismo establecimiento.

En un momento de la mañana, Evandro le dijo a su mamá que iba a volver caminando a su casa, que quedaba a unos 100 metros de la escuela, porque se había olvidado un juguete. Fue durante ese breve trayecto cuando desapareció.

Cuando Maria volvió a su casa para el almuerzo, descubrió que el juguete seguía allí. Evandro nunca había entrado a la casa y nunca volvió a ser visto con vida. Su desaparición movilizó a la Policía y durante los días siguientes se realizó una intensa búsqueda en la zona.

Poco después, el cuerpo del chico fue encontrado en un área de vegetación de Guaratuba: presentaba signos de violencia y mutilaciones en una escena que parecía sacada de una película de terror.

El macabro hallazgo conmocionó a la ciudad y rápidamente comenzó a instalarse una hipótesis que tendría una enorme repercusión: Evandro habría sido secuestrado y asesinado durante un supuesto ritual de magia negra.

La investigación terminó apuntando contra siete personas, entre ellas la hija y la esposa del entonces intendente de Guaratuba, Aldo Abagge.

Un ritual de magia negra

Cinco días después de la desaparición, el 11 de abril de 1992, dos hombres que se encontraban en la zona encontraron el cuerpo de un chico en un terreno de vegetación de Guaratuba.

Estaba en avanzado estado de descomposición y presentaba múltiples mutilaciones. El nene había sido golpeado y tenía cortes en distintas partes del cuerpo. También le habían extraído algunos órganos y partes de las manos, los pies, las orejas, los ojos y los genitales.

Una foto de Evandro Ramos Caetano, cuyo asesinato dio origen a una de las investigaciones policiales más controvertidas de Brasil. (Foto: Folha)
Una foto de Evandro Ramos Caetano, cuyo asesinato dio origen a una de las investigaciones policiales más controvertidas de Brasil. (Foto: Folha)

El cuerpo fue reconocido por Ademir Batista Caetano, el padre de Evandro, y posteriormente su identidad fue confirmada mediante estudios odontológicos y de ADN. Los análisis determinaron con un 99,997% de confiabilidad que se trataba del hijo de Ademir y Maria.

A partir de las primeras investigaciones, comenzó a tomar fuerza una hipótesis que cambiaría para siempre el rumbo de la causa: Evandro habría sido llevado hasta un aserradero de la familia Abagge, donde habría sido asesinado como parte de un supuesto ritual de magia negra.

La acusación sostenía que el crimen había sido planeado para realizar un “trabajo” que buscaba favorecer la situación política, económica y social de la familia.

Según esa versión, Celina Abagge, esposa del entonces intendente de Guaratuba, Aldo Abagge, y su hija Beatriz Cordeiro Abagge habrían encargado el ritual a Osvaldo Marcineiro, conocido como “pai-de-santo”.

Beatriz Abagge (izquierda) junto a su madre Celina Abagge (derecha) el 2 de julio de 1992. (Foto: G1)
Beatriz Abagge (izquierda) junto a su madre Celina Abagge (derecha) el 2 de julio de 1992. (Foto: G1)

Osvaldo habría participado del supuesto ritual junto con Vicente de Paula Ferreira y Davi dos Santos Soares. Airton Bardelli dos Santos, empleado del aserradero de los Abagge, y Francisco Sérgio Cristofolini, vecino de Osvaldo, también fueron señalados como participantes.

De esta manera, los siete acusados quedaron vinculados a la misma hipótesis, aunque con distintos roles dentro de la acusación: Celina y Beatriz eran señaladas como quienes habrían encargado el ritual; Osvaldo y Vicente, como quienes habrían participado directamente de él; Davi como colaborador de Osvaldo; y Airton y Francisco como otros dos hombres vinculados al lugar y al supuesto crimen.

La teoría del ritual satánico, sumada a la participación de la familia del intendente, tuvo una enorme repercusión en Brasil. La investigación incluso comenzó a relacionar a los acusados con otros casos de chicos desaparecidos en Paraná, aunque esas sospechas nunca permitieron establecer su responsabilidad en esos hechos.

Cuatro de los acusados del caso: Beatriz Abagge (arriba a la izquierda), Osvaldo Marcineiro (arriba a la derecha), Davi dos Santos Soares (abajo a la izquierda) y Vicente de Paula Ferreira (abajo a la derecha). (Foto: CBN Curitiba)
Cuatro de los acusados del caso: Beatriz Abagge (arriba a la izquierda), Osvaldo Marcineiro (arriba a la derecha), Davi dos Santos Soares (abajo a la izquierda) y Vicente de Paula Ferreira (abajo a la derecha). (Foto: CBN Curitiba)

Las autoridades detuvieron a los sospechosos y las confesiones de algunos de ellos se convirtieron en una de las principales pruebas de la causa. Beatriz, Celina, Osvaldo, Vicente y Davi reconocieron inicialmente su participación en el crimen durante interrogatorios policiales. Airton y Francisco, en cambio, nunca confesaron y finalmente fueron absueltos.

Pero con el paso de los años, esas declaraciones comenzarían a ser el centro de una controversia que cambiaría por completo la historia del caso.

Una investigación cuestionada

La causa por el asesinato de Evandro atravesó cinco juicios. En 1998, Beatriz y Celina fueron absueltas. Sin embargo, el Ministerio Público apeló y consiguió que ese proceso fuera anulado.

En 2004, Davi dos Santos Soares fue condenado a 18 años y ocho meses de prisión, mientras que Osvaldo Marcineiro recibió una pena de 20 años y dos meses. Vicente de Paula Ferreira también fue condenado ese año y murió en prisión en 2011. Airton Bardelli dos Santos y Francisco Sérgio Cristofolini habían sido absueltos en 2005.

Beatriz volvió a ser juzgada en 2011 y recibió una condena de 21 años y cuatro meses. Celina, en cambio, no llegó a ser sometida a un nuevo juicio porque la acusación en su contra prescribió debido a su edad.

Los padres de Evandro en una audiencia de uno de los juicios por la muerte de su hijo. (Foto: Gazeta do Povo)
Los padres de Evandro en una audiencia de uno de los juicios por la muerte de su hijo. (Foto: Gazeta do Povo)

En ese momento, Maria, la mamá de Evandro, habló sobre el largo proceso que había atravesado la familia. “Fueron 19 años de sufrimiento. No se lo deseo a ninguna madre del mundo. Siempre tuvimos fe y esperanza. Finalmente se hizo justicia. El dolor continúa, pero tenemos un poco de alivio”, dijo en diálogo con Gazeta do Povo.

Durante décadas, los acusados sostuvieron que las confesiones habían sido obtenidas mediante torturas. Pero recién muchos años después aparecieron pruebas que permitieron revisar esas denuncias.

En 2018, el periodista e investigador Ivan Mizanzuk comenzó a reconstruir el expediente para su podcast Proyecto Humanos: El caso Evandro. Durante su investigación accedió a grabaciones de los interrogatorios que habían permanecido fuera del conocimiento público.

Los audios mostraban escenas de violencia y presiones durante los interrogatorios y permitieron cuestionar la validez de las confesiones que habían sido utilizadas para sostener las condenas.

Beatriz y Celine aseguraron haber sido torturadas para confesar que habían estado involucradas en el crimen de Evandro. Por ello, la Justicia las absolvió. (Foto: Folha)
Beatriz y Celine aseguraron haber sido torturadas para confesar que habían estado involucradas en el crimen de Evandro. Por ello, la Justicia las absolvió. (Foto: Folha)

Las grabaciones también fueron incorporadas al proceso judicial. En 2021, peritos identificaron elementos compatibles con torturas y las defensas de los condenados solicitaron revisar las sentencias.

El giro judicial después de más de 30 años

En noviembre de 2023, la 1ª Cámara Criminal del Tribunal de Justicia de Paraná revisó el caso y, por tres votos contra dos, anuló las condenas de Beatriz Abagge, Davi dos Santos Soares, Osvaldo Marcineiro y Vicente de Paula Ferreira.

Los jueces entendieron que las confesiones habían sido obtenidas bajo tortura y que, al excluirlas, no quedaban pruebas suficientes para sostener las condenas.

El Ministerio Público de Paraná intentó revertir la decisión. Sin embargo, en septiembre de 2025, la Sexta Sala del Superior Tribunal de Justicia rechazó el recurso por unanimidad y mantuvo la absolución de los cuatro acusados.

El último capítulo llegó en marzo de este año, cuando el ministro Gilmar Mendes, de la Corte Suprema de Brasil, rechazó otro recurso presentado por el Ministerio Público y mantuvo la decisión que había dejado sin efecto las condenas. El 31 de marzo, el proceso quedó firme y ya no fue posible presentar nuevos recursos.

Así, más de tres décadas después de la desaparición de Evandro, ninguna persona permanece condenada por su asesinato.