
Aunque todavía no dominamos todo lo que se esconde en la inconsciencia de la mente humana, sí que sabemos que al menos uno de cada cuatro pacientes en coma o en estado vegetal puede escuchar lo que ocurre en su entorno y tener signos de conciencia oculta. Así lo confirmaba un estudio publicado en The new england journal of medicine en 2024 y lo ratifica Kenya Moreno, una joven sevillana que estuvo un mes en coma tras una grave infección.
Al ser un estado cerebral que sigue siendo estudiado, el testimonio de personas que han pasado por esta experiencia es crucial para comprender las necesidades de las personas que desafortunadamente acaban en esta situación. Por eso, aunque Kenya está muy agradecida con todo el personal sanitario que la atendió en el Hospital Universitario Virgen del Rocío, sus familiares y los vecinos que la apoyaron en este momento tan vulnerable, tiene una petición clara: “Por favor, no le pongáis música a la gente que está en coma”.
Una quemadura, un herpes y una reacción alérgica a la medicación
La joven ha relatado en una serie de videos de TikTok (@kenyamorez) el motivo de su ingreso en urgencias, lo que pasó mientras ella estaba en coma, lo que ella recuerda de ese momento y su recuperación. Todo comenzó con un día normal cuando tenía 10 años y se fue a la playa. “Como iba con mis primos, yo sentí que tenía todo el libre albedrío del mundo y no me puse crema”, explica.

Al volver a casa, “estaba rojísima”. Su madre reaccionó con preocupación al verla, sobre todo porque la quemadura se concentraba en la parte superior de la cara. El problema fue que a las horas “empieza el ojo a hincharse”, hasta que se le cerró. Inmediatamente, su familia la llevó al hospital, donde le dieron una medicación, “sin saber que yo era alérgica”.
Sin embargo, de eso se dieron cuenta más adelante, ya que era la primera vez que le recetaban este tratamiento. Aun así, la reacción alérgica no apareció hasta un mes después. Durante ese tiempo, como explica Kenya, pasó de ser una chica superrisueña a casi no hablar, además de tener mucha fiebre. Pero las alarmas saltaron cuando su madre se dio cuenta de que “hacía pipí con sangre” y “se me empiezan a poner los dedos por la parte de arriba negros como los de un zombie”, relata.
En ese momento, su abuela insiste en llevarla al Hospital Universitario Virgen del Rocío, donde perdió la consciencia: “El último recuerdo que yo tengo antes de estar en coma era ver a mi madre y a mi padre en un pasillo y yo estaba en una silla de ruedas antes de que me pasaran a una camilla”.

El diagnóstico: sepsis y fallo multiorgánico por una bacteria
Al perder la consciencia, “todo lo que voy a contar ahora son cosas que me ha contado mi familia, porque yo no tengo ningún recuerdo de esto”, advierte. Así Kenya explica que, ya encamillada, los médicos tuvieron dificultades para encontrarle una vía debido a su estado. “Me pinchaban y la vena no estaba”, asegura.
El diagnóstico clínico principal de ese día fue un “linfohistiocitosis hemofagocítica probablemente secundaria a sepsis por Estafilococoaureus meticilin sensible” con un posterior “fallo multiorgánico” y una “parálisis bilateral de cuerdas vocales”. Pero, ¿cómo puede afectar de esta forma una reacción solar?
Los sanitarios sospecharon que la infección de la lesión del herpes habría pasado a la sangre, y con ella una bacteria cuya procedencia, suponen, era de “una piscina pública”. Este microorganismo en concreto hace que “cuando tú tienes una infección [herpes], en vez de combatirla para que se te quite, se va a los otros órganos y reacciona como superexageradamente, como si se los comiera”. Es decir, “te los destroza todos”, detalla Kenya.

Su estado era tan grave que los médicos “le dicen a mi madre que me dan horas de vida y que no voy a sobrevivir porque como que ya no me funcionaban los órganos”, asegura. Asimismo, los especialistas le transmitieron que este era un caso inusual que “no solía pasar y que no habían tenido casos de niños que habían sobrevivido”. Por este motivo, le pidieron: “En este tiempo que ella esté con vida, avanzar un poco en investigación para encontrar una solución para otros niños”.
Su madre, aunque destrozada, aceptó la propuesta, ya que parecía no tener salida. “Si no hay manera de que sea conmigo, pues que por lo menos otras familias sí puedan disfrutar de sus hijos”, expresa la joven, aludiendo a lo que pensó en esos momentos.
Los órganos comenzaron a funcionar y despertó de forma inesperada
Durante el mes que Kenya pasó en coma, su madre le ponía su disco favorito de los Gemeliers. Concretamente, la canción ‘Lo mejor está por venir’. “Mi madre me puso en bucle la misma canción durante todo el mes”, cuenta. El sonido de la canción se colaba de fondo “en todos mis sueños”.

De este modo, aunque hasta ese momento era su canción favorita, acabó siendo “una tortura”, ya que la escuchaba “una y otra vez, una y otra vez, en bucle, todo el tiempo”. Por eso, solicita a los familiares y amigos de pacientes que estén en una situación similar que no pongan música repetida constantemente. Igualmente, recuerda los momentos en los que la enfermera hablaba con su familia sobre la temperatura de la habitación. “Yo me estaba muriendo de frío”, afirma, aunque el personal le decía a su madre que se encontraba estable.
En este mismo periodo, su madre recibió advertencias sobre la posibilidad de que, si sobrevivía, tuviera graves consecuencias neurológicas. “Si te llevas a tu hija a tu casa viva, te la llevas vegetal”, expresa la joven. Sin embargo, con el paso de los días, su estado evolucionó. “Empiezan a funcionarme los órganos uno a uno y me desperté”, relata.
La recuperación sorprendió al equipo que la atendía y a su familia, pues estaba “todo el mundo flipando”, resume. Ella, en cambio, al principio pensaba que solo estaba enferma de un resfriado. “Más flipaba yo, que creía que estaba resfriada”, revela. Con el tiempo, recuperó su vida cotidiana, incluso sin secuelas físicas por aquel episodio. “Gracias a Dios estoy viva, estoy sana”, afirma, ante lo que Kenya añade: “Les debo mi vida al Virgen del Rocío”.



