
Tomar té de manera habitual se asoció con una mayor densidad ósea, mientras que beber más de cinco tazas de café al día mostró una relación con valores más bajos en ese indicador. La investigación, publicada en Nutrients y difundida por Prevention, se centró en 9.704 mujeres de más de 65 años después de la menopausia, un grupo en el que la pérdida de masa ósea suele recibir especial atención por el riesgo de osteoporosis y fracturas. Durante 10 años, las participantes informaron a los investigadores cuánto café o té consumían a diario.
Los resultados mostraron una asociación favorable entre el té y la densidad mineral ósea. En cambio, el café presentó un panorama más matizado. El consumo leve o moderado no tuvo una relación relevante con la salud ósea, pero beber más de cinco tazas de café por día quedó vinculado con una menor densidad ósea.
Los especialistas piden cautela antes de convertir el hallazgo en una regla
La nutricionista Melissa Prest, vocera de la Academy of Nutrition and Dietetics, señaló que la principal lectura del trabajo es que el té parece compatible con una buena salud ósea en mujeres mayores. Al mismo tiempo, indicó que el consumo moderado de café no surge como una preocupación importante para la densidad mineral ósea.

Prest remarcó que el hallazgo sobre el café en cantidades altas debe interpretarse con prudencia. Según explicó, esa relación funciona más como una señal para futuras investigaciones que como una prueba de que el café provoca pérdida ósea. El estudio, en otras palabras, detectó una asociación, pero no estableció una relación de causa y efecto.
Tomar té puede encajar en una dieta saludable, pero no reemplaza otras medidas
Para quienes ya toman té con frecuencia, los resultados aportan un dato tranquilizador. Prest sostuvo que incluir té sin azúcar dentro de una alimentación equilibrada puede formar parte de un patrón saludable, aunque advirtió que no debería considerarse un sustituto de las estrategias tradicionales para proteger los huesos.
Entre esas medidas, mencionó una ingesta adecuada de calcio y vitamina D, suficiente proteína, actividad física con carga y ejercicios de fuerza, además de evitar el tabaquismo y el exceso de alcohol. También subrayó la importancia de los controles médicos apropiados según la edad y los factores de riesgo individuales.
En ese marco, el té aparece como un componente menor dentro de una estrategia más amplia. El estudio, además, no definió una cantidad ideal de té que garantice mejores resultados en densidad ósea.

El café moderado no aparece como un problema para la mayoría de las personas
El cirujano ortopedista Daniel Wiznia, profesor asociado de la Yale School of Medicine y codirector de un programa dedicado a necrosis avascular y osteonecrosis en Yale, coincidió en que los datos no justifican cambios drásticos de conducta. Señaló que la relación positiva observada entre el té y la densidad ósea fue pequeña.
Wiznia explicó que, aunque la diferencia fue detectada en el análisis, eso no implica necesariamente una mejora relevante en términos clínicos. Por esa razón, consideró que quienes ya toman té pueden seguir haciéndolo, pero que el trabajo no obliga a quienes no lo consumen a incorporarlo por motivos óseos.
Sobre el café, el especialista apuntó que el posible riesgo aparece recién por encima de cinco tazas diarias, una cantidad alta para buena parte de la población. Con ese matiz, sostuvo que los resultados tampoco deberían desalentar el consumo habitual y moderado de esa bebida.
La dieta general sigue siendo uno de los factores centrales para cuidar los huesos
Más allá de la comparación entre té y café, los expertos destacaron que la alimentación tiene un papel relevante en la salud ósea. Una dieta equilibrada, con frutas, verduras y alimentos ricos en calcio y vitamina D, puede ayudar a mantener la densidad mineral a medida que avanza la edad.

Prest explicó que los huesos necesitan nutrientes suficientes para conservar su estructura y sostener su remodelación normal. En esa línea, recomendó priorizar alimentos con calcio, como lácteos, bebidas vegetales fortificadas, yogur y tofu preparado con calcio. También mencionó fuentes de vitamina D, entre ellas sardinas, huevos y pescados, además de suplementos cuando sean necesarios.
La proteína también integra esa lista. Legumbres, lentejas, alimentos a base de soja, lácteos, frutos secos y semillas forman parte de las opciones sugeridas para acompañar el cuidado del tejido óseo.
La actividad física influye tanto como la nutrición en la densidad mineral
Los especialistas remarcaron que el ejercicio no ocupa un lugar secundario. Prest sostuvo que los huesos responden a la carga mecánica y que mantener la masa muscular ayuda a reducir el riesgo de caídas y fracturas, dos factores clave en la población mayor.
Por eso, los ejercicios con soporte de peso y los de resistencia aparecen junto con la alimentación como pilares del cuidado óseo. La combinación de ambos factores, y no un alimento aislado, concentra la mayor parte de las recomendaciones disponibles para prevenir el deterioro.
La investigación se limitó a mujeres mayores y no prueba causalidad

El propio diseño del estudio impone límites a la interpretación de los resultados. Al tratarse de una investigación observacional, los autores pudieron detectar vínculos entre hábitos de consumo y densidad ósea, pero no demostraron que el té mejore los huesos ni que el café los deteriore.
Además, todas las participantes eran mujeres mayores de 65 años y posmenopáusicas, de modo que todavía falta establecer si el mismo patrón se repite en hombres, en adultos más jóvenes o en otras poblaciones.
Prest también advirtió que quienes toman té pueden diferenciarse de quienes no lo hacen en otros aspectos que inciden sobre la salud ósea, incluso después de los ajustes estadísticos realizados por los investigadores.
Entre esos factores figuran la edad, el índice de masa corporal, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la actividad física, la ingesta de calcio y proteína, el uso de medicamentos y la presencia de otras enfermedades. Con ese contexto, el trabajo suma una pieza al debate sobre salud ósea, pero no modifica por sí solo las recomendaciones médicas actuales.



