Felipe Camiroaga fue llorado por el pueblo chileno hace 15 años cuando murió en un accidente aéreo

El 2 de septiembre de 2011, Felipe Camiroaga subió a un avión de la Fuerza Aérea de Chile con un equipo de Televisión Nacional y no volvió. Tenía 44 años, casi una década conduciendo el programa matinal Buenos Días a Todos y una carrera que Chile había hecho propia. El vuelo hacia la isla Robinson Crusoe, en el archipiélago Juan Fernández, era una misión solidaria: cubrir la reconstrucción del poblado arrasado por el maremoto del 27 de febrero de 2010.

El accidente del CASA-212 en que viajaba Felipe Camiroaga rumbo a la isla Robinson Crusoe dejó 21 muertos y marcó para siempre a Chile. Ninguno de los 21 pasajeros a bordo del CASA-212 de la Fuerza Aérea sobrevivió.

La nave partió hacia Robinson Crusoe con un equipo de TVN compuesto por Camiroaga, los periodistas Roberto Bruce y Silvia Slier, la productora Carolina Gatica y el camarógrafo Rodrigo Cabezón. También viajaba el empresario Felipe Cubillos, impulsor del Desafío Levantemos Chile, y otros profesionales de la comunicación y la cultura, entre ellos Galia Díaz Riffo, integrante del Consejo de las Artes.

El avión intentó aterrizar dos veces en el pequeño aeródromo de la isla. Los fuertes vientos se lo impidieron en ambas ocasiones. Después del segundo intento fallido, la nave desapareció del radar.

El general de la Fuerza Aérea Maximiliano Larraechea fue, hace 15 años, directo ante la prensa: “Tenemos la convicción de que el avión está siniestrado”. No había margen para otra interpretación.

Durante más de 24 horas, Chile vivió en vilo. El gobierno, la Fuerza Aérea y la Armada desplegaron un operativo conjunto de búsqueda por aire y mar, liderado en terreno por el entonces ministro de Defensa, Andrés Allamand.

El presidente Sebastián Piñera visitó las instalaciones de TVN para dar una muestra de apoyo. “Tanto el gobierno como las fuerzas armadas han hecho todo lo que era posible”, dijo, y agregó que, “dadas las características del accidente, éste es extraordinariamente grave”. Nunca usó la palabra esperanza sin rodearla de advertencias.

La Marina confirmó los primeros hallazgos de los cadáveres en el océano Pacífico y horas después el gobierno informó que no hubo sobrevivientes entre los 21 pasajeros del CASA-212 (AFP)

Afuera del canal, centenares de personas se acercaron espontáneamente. Velas encendidas y ramos de flores se acumularon en la entrada de TVN mientras los presentes pedían en voz baja por un milagro que no iba a llegar.

La mañana del sábado 3 de septiembre, la Marina confirmó el hallazgo del primer cuerpo. El contralmirante Cristián de la Masa informó a TVN que el hallazgo se produjo a las 7:20 por personal que realizaba labores de búsqueda en la zona. “Todavía no tenemos información sobre la identidad”, precisó.

En menos de una hora, pescadores de la zona encontraron otros dos cuerpos: uno femenino y uno masculino. Poco después se anunció un cuarto hallazgo. Ninguno fue reconocido de inmediato.

El accidente ocurrió a unos 700 kilómetros del continente, en pleno océano Pacífico. Los cuerpos aparecieron flotando en el mar y sin chalecos salvavidas, un detalle que el alcalde de la localidad isleña, Leopoldo González, interpretó con crudeza: no hubo tiempo para que los pasajeros se prepararan ante el impacto. González había sido pesimista desde el primer momento. “Es imposible que haya sobrevivientes”, había dicho el sábado, antes de que se confirmara cualquier cosa.

En la noche de ese mismo sábado, Allamand salió a hablar. No hubo sobrevivientes. Los 21 pasajeros habían muerto. El gobierno argentino por aquellos días expresó su solidaridad. Chile, en tanto, procesaba una pérdida que iba mucho más allá de las pantallas.

Camiroaga llevaba más de 20 años en televisión cuando murió. Había conducido Animal Nocturno, el Festival de Viña del Mar en 2009 y 2010, y casi una década al frente de Buenos Días a Todos, un matinal de cuatro horas diarias que lo instaló en los desayunos de medio país.

Felipe Camiroaga viajaba a la isla Robinson Crusoe para cubrir la reconstrucción de Juan Fernández tras el maremoto del 27 de febrero de 2010 (AFP)

La periodista Soledad Onetto, su compañera en el Festival de Viña, lo describió en una entrevista antes de que se confirmara su muerte: “Es una persona espectacular. Tuvimos una relación increíble, nos hicimos amigos prontamente. Es un tremendo profesional, de lo más talentoso probablemente que ha tenido la televisión”.

Desde Israel, Mario Kreutzberger —el célebre animador conocido como Don Francisco— también habló. “A Felipe lo conozco desde muy joven, colaboró con nosotros en la Teletón desde siempre y siempre estuvo dispuesto a ayudarnos”, dijo a TVN. Y añadió algo que resumía el espíritu de ese vuelo: “En ese avión iban 21 personas felices a realizar una misión de solidaridad”.

TVN lo definió como uno de sus rostros más destacados y lo comparó directamente con Kreutzberger: veinte años de carrera, programas muy distintos, y la capacidad de mantenerse cerca del público, según lo presentó la televisora chilena.

Lo que vino después del duelo fue, para las familias de las víctimas, una segunda herida.

Tras siete meses de investigación, el fiscal de la Fuerza Aérea, Leopoldo Moya, estableció responsabilidades administrativas contra 13 oficiales de la institución. El accidente fue catalogado como el mayor desastre aéreo de los últimos años en Chile. Los generales de brigada Marcos González y Julio Frías fueron pasados a retiro. Se ordenó además el reemplazo del comandante César Pineda. El resto de los oficiales involucrados recibió entre uno y dos días de arresto militar.

Pero antes de ese cierre formal, la investigación había producido revelaciones que encendieron la indignación pública. El 14 de abril de 2012, la propia Fuerza Aérea dio a conocer la baja del general de Aviación Carlos Bertens por dilatar la entrega de información que indicaba que el avión había partido con un sobrepeso del 2%, equivalente a 165 kilos. Un día después, el diario La Tercera reveló que la nave había estado inactiva durante cinco meses antes del accidente y que le faltaba mantenimiento.

Las familias de las víctimas reaccionaron con dureza ante esas demoras. La tardanza en entregar datos que la institución ya tenía fue vivida como una falta de respeto hacia quienes esperaban respuestas.

Allamand defendió el proceso. Elogió la investigación calificándola de “acuciosa, exhaustiva, rigurosa y grave” y subrayó que las responsabilidades “cayeron en generales y oficiales que tenían deberes de mando”. Para las familias, sin embargo, las sanciones administrativas difícilmente alcanzaban para cerrar algo.

El accidente del avión CASA-212 de la Fuerza Aérea de Chile en la isla Robinson Crusoe dejó 21 muertos, entre ellos Felipe Camiroaga y un equipo de TVN (AFP)

Jorge Camiroaga tiene 89 años y vive en Santiago, la capital de Chile. En su departamento, las fotos de Felipe están por todas partes. A 15 años de la tragedia, habla de su hijo con una mezcla de orgullo y de esa tristeza quieta que no desaparece pero que con el tiempo uno aprende a cargar.

“Cuando alguien me habla del Halcón de Chicureo, de Washington o de alguna cosa que hizo en televisión, muchas veces sonrío porque yo estoy viendo otra película”, dice. “Estoy viendo al niño que tuve delante mío muchos años antes de que existiera todo eso”.

Para Jorge, Felipe fue primero su hijo y después una figura pública. Tuvo que aprender, con el paso del tiempo, a mirar también esa otra dimensión. “Con los años tuve que aceptar algo que para un padre es muy particular: Felipe ya no era solamente nuestro. Había entrado en las casas, en las conversaciones y en los afectos de muchísima gente”.

Lo que más lo conmueve, dice, no son las fechas ni las efemérides. Es la gente que se le acerca y le habla de su hijo no como un recuerdo sino como una presencia. “Algunos incluso me dicen que sienten que los acompaña o que los ha ayudado en determinados momentos. Yo escucho esas historias y pienso: qué recorrido tan extraordinario hizo este hijo mío”.

Jorge describe a un Felipe observador, curioso, libre. Alguien que podía estar haciendo bromas e inventando personajes mientras al mismo tiempo registraba todo a su alrededor. “Conservó algo infantil, en el mejor sentido: todavía podía sorprenderse y jugar”.

Habla también de Villa Alegre, el pueblo del sur donde Felipe pasaba sus vacaciones, donde conoció los caballos y el campo que lo acompañaron de por vida. El 16 de noviembre de 2011, parte de sus cenizas llegaron hasta allí. Cientos de personas esperaron en las calles. Un cortejo de jinetes acompañó el último recorrido hasta el Cementerio Parroquial.

“Recuerdo ese momento. Fue tremendamente impactante, quizás incluso más que el funeral que vivimos en Santiago”, dice Jorge. “Quizás ese fue realmente su funeral, porque llegó a un pueblo que quería mucho y que también lo quería a él”.

La muerte de Felipe Camiroaga golpeó a Chile por la trayectoria que había construido en TVN, Buenos Días a Todos, Animal Nocturno y el Festival de Viña del Mar. En la foto, un espectador llora la muerte de la estrella televisiva (AFP)

Desde entonces, parte de sus cenizas permanece en el sector de los Hombres Ilustres del cementerio. El pueblo lo declaró Hijo Ilustre. El Museo Histórico de Villa Alegre mantiene una sala dedicada a él.

Jorge Camiroaga piensa seguido en los otros padres. En los que perdieron a sus hijos ese mismo día y cuyos nombres no aparecen con la misma frecuencia en los aniversarios.

“Me hace feliz y me emociona que después de 15 años la gente todavía me pregunte por Felipe, pero yo también pienso en los padres de las otras personas que murieron ese día junto a mi hijo”, dice. “Seguramente han sufrido tanto como yo. Y ese dolor es algo que realmente no podría describir con palabras”.

Hay algo que el tiempo vuelve extraño, admite. Él sigue cumpliendo años y Felipe no. “Uno inevitablemente se pregunta cómo tendría el pelo, cómo sería su cara, qué cosas le preocuparían ahora, de qué se estaría riendo. Son preguntas que no tienen respuesta”.

Una vez soñó con él. Lo vio con el pelo largo, vestido de blanco, muy contento. “Así me lo imagino también”, dice. “Estoy seguro de que el alma de Felipe sigue jugando por ahí, quizás andando a caballo”.