En 1964, Jane Sewall, con apenas 27 años, tomó una decisión que cambiaría para siempre la historia de Witch Island, una isla de 7 hectáreas frente a la costa de Maine. Decidió mudarse sola, construyó una pequeña casa y vivió ahí durante 22 años, rodeada sólo por la naturaleza y el mar.
La isla, que había pasado por varios dueños y nombres —fue conocida como Stewart’s Island y Davis Island—, ya tenía un pasado singular. En el siglo XIX, Anna Loomis, actriz y clarividente famosa como Grace Courtland, se hizo célebre por sus supuestas predicciones financieras y por recibir visitantes en su cabaña entre los abedules. Su apodo, “la bruja de Wall Street”, terminó dándole el nombre actual al lugar: Witch Island.
De refugio personal a santuario natural
Cuando Jane Sewall llegó, la isla estaba abandonada y las construcciones existentes habían sido vandalizadas. Ordenó quemar la antigua casa de verano y la caseta para botes, y levantó su propia vivienda en el extremo sur. Durante más de dos décadas, se dedicó a proteger el entorno: colocó carteles para advertir a los visitantes y reclamó respeto por los árboles y el ambiente, evitando fogatas y daños.
En 1983, Sewall donó un tercio de la isla al Maine Coast Heritage Trust. Tres años después, transfirió el resto a la Maine Audubon Society para que se convirtiera en un santuario de vida silvestre. Finalmente, en 2019, la gestión pasó al Coastal Rivers Conservation Trust (CRCT).
Cómo es Witch Island hoy y qué se puede hacer
En la actualidad, Witch Island permanece deshabitada. Los visitantes pueden llegar en kayak tras recorrer unos 800 metros y explorar dos senderos principales: uno hacia el este, con miradores y ramales, y otro hacia el oeste. En el lado norte, cerca de la playa, se observan antiguos nidos de águilas y restos de la residencia de verano de la familia Chittenden, como escaleras de piedra y un viejo embarcadero.
El CRCT invita a realizar picnics en la playa sur o en las rocas del extremo este, y a estar atentos para avistar aves costeras, águilas pescadoras y águilas calvas. En el extremo sur, la pequeña casa que construyó Jane Sewall sigue en pie, como testigo de su vida solitaria y su compromiso con la conservación.
Cerca del noroeste, una cabaña es utilizada ocasionalmente por el programa Island School de Coastal Rivers, sumando una nueva página a la historia de la isla.



