2.	Mercurio tiene un núcleo que concentra cerca del 65 por ciento de su masa, ese dato alimenta la idea de un antiguo choque planetario (NASA)

Durante décadas, la explicación más difundida sobre el nacimiento de la Luna sostuvo que un cuerpo del tamaño de Marte, conocido como Theia, chocó contra la Tierra primitiva y lanzó al espacio una enorme masa de roca que, con el tiempo, dio origen al satélite.

Ahora, dos avances distintos empujan esa discusión hacia un terreno nuevo. Por un lado, la misión BepiColombo se acerca a Mercurio con instrumentos capaces de examinar su composición con un nivel de detalle inédito.

Por otro, simulaciones recientes plantean que la Luna pudo tomar forma en apenas cinco horas después del impacto, un plazo mucho más breve que el aceptado hasta ahora.

Esta imagen, facilitada por la Agencia Espacial Europea, muestra fotografías en primer plano del polo norte de Mercurio captadas por la sonda espacial euro-japonesa BepiColombo. (ESA vía AP, Archivo)

La coincidencia entre ambas líneas de investigación no prueba por sí sola una respuesta definitiva, pero sí reordena el mapa de preguntas sobre los primeros millones de años del sistema solar. El eje ya no pasa solo por identificar qué objeto chocó con la Tierra, sino también por establecer de dónde salió el material expulsado, qué les ocurrió a los planetas rocosos en esa etapa caótica y por qué Mercurio conserva rasgos tan extraños para su tamaño.

La nave BepiColombo, desarrollada por la Agencia Espacial Europea (ESA) junto con la agencia japonesa JAXA, inició en estos días la fase final de un viaje que comenzó en 2018. Tras separarse de su módulo de crucero, los dos orbitadores que integran la misión siguieron rumbo al planeta más próximo al Sol. Si el cronograma se cumple, entrarán en órbita en noviembre y luego comenzarán a estudiar el mundo más pequeño del sistema solar desde distintas alturas.

Esa llegada tiene un peso especial porque Mercurio todavía conserva varios enigmas abiertos. Su núcleo de hierro representa cerca del 65 % de su masa total, una proporción muy superior a la de la Tierra, cuyo núcleo concentra alrededor del 32 %. Esa diferencia llevó a muchos investigadores a pensar que el planeta perdió buena parte de sus capas externas en una gran colisión ocurrida hace unos 4.500 millones de años. Si eso fue así, la pregunta inmediata resulta inevitable: dónde terminó ese material ausente.

BepiColombo puede medir en Mercurio señales que hasta ahora solo eran hipótesis

BepiColombo buscará pistas sobre la pérdida de su corteza y su posible vínculo con el origen lunar (ESA)

Una de las ideas que circulan en la ciencia planetaria sostiene que parte de ese material pudo contribuir, de alguna forma, al origen de la Luna. El planteo no reemplaza de manera automática el modelo de Theia, pero sí suma una variante más compleja, en la que los primeros choques entre cuerpos jóvenes del sistema solar habrían mezclado restos, trayectorias y superficies con mayor intensidad de la que se creía.

El científico principal del proyecto BepiColombo en la ESA, Geraint Jones, resumió esa línea de trabajo con una hipótesis de larga data.

“Se cree que en algún momento del pasado lejano, hace 4.500 millones de años, cuando todos los planetas se estaban formando en los restos que rodeaban al Sol, Mercurio comenzó a formarse, creó un planeta de tamaño modesto y luego fue golpeado por otro gran planetesimal, que le arrancó la corteza exterior”. Según agregó, entender mejor el interior del planeta permitirá poner a prueba esa teoría.

Infografía que muestra las diferentes etapas de la llegada de BepiColombo a Mercurio. Cada paso muestra la configuración de las distintas naves espaciales a medida que se separan, representadas mediante dibujos grises simplificados sobre un fondo azul oscuro. Una línea vertical conecta la imagen de cada paso con la fecha y la descripción correspondientes en la parte inferior. Una imagen de Mercurio se encuentra en el borde derecho de la infografía. Crédito: ESA. Agradecimientos ATG Europa

La misión lleva instrumentos destinados a estudiar la composición mineralógica y elemental de la superficie, el campo magnético, la estructura interna y la actividad geológica. Ese conjunto puede ayudar a determinar si Mercurio perdió materiales livianos en un choque de gran escala y si sus capas externas presentan huellas compatibles con ese episodio. También puede precisar cómo se distribuyen elementos que funcionan como marcadores de origen y temperatura.

Ese punto importa porque una misión anterior de la NASA, Messenger, ya había encontrado una pista llamativa. Los niveles de potasio y torio observados en Mercurio no encajaban del todo con la idea de que el planeta se formó donde hoy orbita. En términos simples, el potasio se evapora con facilidad en ambientes muy calientes, mientras el torio resiste mejor esas condiciones. Si Mercurio hubiera nacido tan cerca del Sol como está ahora, los científicos esperarían una relación diferente entre ambos elementos.

El científico del proyecto Johannes Benkhoff lo explicó así: “El potasio se evapora muy rápidamente en un ambiente caliente, mientras que el torio sobrevive incluso a temperaturas muy altas”. Y añadió: “Los planetas que se formaron más cerca del Sol suelen tener más torio que potasio. Pero en Mercurio vemos mucho más potasio del que cabría esperar”.

Las fotos explican cómo dos estructuras gigantes  del manto terrestre observadas sísmicamente pueden representar restos del planeta Theia, que habría colisionado con la Tierra hace más de 4.500 millones de años dando lugar a la formación de la Luna. Autor: Hernán Cañellas.

Esa anomalía fortaleció otra posibilidad: que Mercurio se hubiera formado más lejos del Sol y que, después de una colisión o de varias interacciones violentas, terminara desplazado hacia su órbita actual. Dentro de ese escenario, la pérdida de corteza cobra todavía más relevancia.

Si el planeta sufrió un despojo extremo de material superficial, ese faltante pudo dispersarse por el sistema solar interior y mezclarse con cuerpos que luego dieron forma a la Tierra, Venus o la Luna.

El profesor Dirk Schulze-Makuch, de la Universidad Técnica de Berlín, sugirió que la Luna podría estar compuesta por parte de ese material perdido. A su vez, científicos de la Universidad de Arizona plantearon que Mercurio pudo chocar con objetos que más tarde se integraron a la Tierra y a Venus.

Ilustración del orbitador BepiColombo MIO observando el entorno de plasma cerca de la superficie de Mercurio.
 - JAXA

Esa propuesta no afirma que Mercurio “fabricó” la Luna, pero sí instala una posibilidad más amplia: que el origen del satélite terrestre incluya restos de más de un mundo primitivo.

BepiColombo también puede aportar datos sobre otros rasgos que vuelven a Mercurio un caso aparte. Los científicos quieren saber por qué su superficie es tan oscura, si existe grafito en grandes cantidades, qué sostiene su campo magnético y si aún persiste alguna forma de actividad geológica. Además, la misión buscará precisar la presencia de agua en zonas heladas de los polos, donde hay cráteres que nunca reciben luz solar directa.

La ingeniería de la misión debió adaptarse a un ambiente extremo. En la superficie de Mercurio, la temperatura puede superar los 427℃ (800℉), mientras que en los polos sobreviven depósitos de hielo dentro de regiones en sombra permanente. Ignacio Tanco, jefe de operaciones de la misión en la ESA, describió el desafío con una comparación directa: “Es prácticamente lo mismo que trabajar con un horno de pizza muy caliente encendido justo en la espalda”.

Imagen de Mercurio tomada por la NASA, cuyo aspecto y superficie oscura se asemejan a las del exoplaneta LHS 3844 b, según observaciones del telescopio James Webb que indican un planeta rocoso sin atmósfera y erosionado por el espacio.

Credito: NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Carnegie Institution of Washington

Antes de esta etapa final, la nave recorrió una trayectoria enorme para perder velocidad y alinearse con su destino. Según la ESA, acumuló unos 10.000 millones de kilómetros de viaje y necesitó nueve sobrevuelos planetarios para reducir energía suficiente como para quedar capturada por la gravedad de Mercurio.

En enero de 2025, el último de esos pasos dejó imágenes de cráteres y llanuras volcánicas que anticiparon el valor científico de la fase orbital.

La directora de la misión, Santa Martínez, subrayó la singularidad del operativo con una meta que va más allá de la tecnología.

“Pero lo que hace que esta misión sea realmente única es que, por primera vez en la exploración espacial, vamos a llevar dos naves espaciales a las proximidades del planeta y a ponerlas en órbita alrededor de este misterioso cuerpo, lo que proporcionará a la humanidad y a la comunidad científica una visión sin precedentes del planeta Mercurio”, sostuvo Martínez.

Un estudio propone que la Luna tomó forma en apenas cinco horas tras el impacto

3.	Un nuevo estudio propuso que la Luna pudo formarse en apenas cinco horas, tras la colisión que sacudió a la Tierra primitiva hace 4500 millones de años - NASA

Mientras BepiColombo se prepara para estudiar el planeta más difícil de alcanzar del sistema solar interior, otro trabajo reciente reabrió una discusión central sobre el origen lunar.

Investigadores del Southwest Research Institute y de la Universidad de Arizona presentaron simulaciones de alta potencia que sugieren que la Luna pudo formarse casi de inmediato después de la colisión que dio inicio al proceso.

La novedad del estudio no radica en la existencia del choque, una idea instalada desde hace décadas, sino en la velocidad del resultado. El esquema clásico planteó que el impacto expulsó grandes cantidades de roca fundida al espacio y que esos restos se agruparon poco a poco hasta dar origen al satélite. El nuevo análisis propone una variante mucho más rápida: en ciertos escenarios, una Luna casi intacta apareció en solo cinco horas.

La misión BepiColombo toma vistas únicas de la superficie de Mercurio. - ESA/JAXA

La autora principal, la científica planetaria Adeene Denton, explicó que el resultado depende de las condiciones previas de los cuerpos que chocaron. “Todo depende de la temperatura que tuvieran la Tierra y Theia antes de la colisión. El impacto podría destruir Theia y producir un gran disco de escombros que eventualmente formaría la Luna”, dijo.

Pero luego agregó el punto decisivo del trabajo: “Sin embargo, cuando utilizo los mismos parámetros que en el modelo de impacto original, incluida la misma estructura de temperatura, se forma una Luna prácticamente intacta en unas cinco horas”.

El estudio, publicado en Astrophysical Journal Letters, no clausura el debate, pero sí modifica su escala temporal y obliga a revisar varias interpretaciones. Si la Luna surgió de forma tan veloz, los científicos deberán reevaluar cómo se distribuyeron sus materiales, cuánto calor retuvo al nacer y por qué algunas de sus características químicas no terminan de encajar con los modelos más aceptados.

6.	Científicos buscan saber si parte del material perdido por Mercurio terminó en otros cuerpos, incluida la Luna o incluso la Tierra y Venus - ESA

Ese cambio también puede tener consecuencias sobre la lectura de Mercurio. Si el sistema solar temprano produjo colisiones capaces de formar satélites en cuestión de horas y de arrancar cortezas enteras a planetas rocosos, entonces los mundos interiores pudieron intercambiar material con una intensidad mayor a la prevista. En ese marco, la historia de la Luna deja de ser un episodio aislado entre la Tierra y Theia y pasa a integrarse en una red de impactos que involucró a varios cuerpos en formación.

Mercurio aparece como un candidato central para poner a prueba esa imagen, porque combina dos rasgos difíciles de explicar al mismo tiempo: un tamaño pequeño, apenas un poco mayor que la Luna, y una densidad desproporcionada para un planeta de ese volumen. Si BepiColombo confirma que su composición superficial e interna coincide con la marca de una gran pérdida de material, esa prueba reforzará la idea de que el sistema solar interior atravesó una etapa de violencia mucho más desordenada de lo que sugerían los modelos lineales.

La misión también puede aclarar si ciertos compuestos orgánicos detectados por Messenger tienen relación con la química primitiva de la región donde nació Mercurio. Los científicos no creen que haya vida en el planeta, pero sí consideran que esos rastros pueden aportar información sobre la materia presente en la infancia del sistema solar y sobre el contexto que hizo posible el desarrollo de la vida en la Tierra.

12.	La investigación sobre Mercurio y la Luna apunta al mismo problema, cómo los grandes choques moldearon el sistema solar temprano(Imagen Ilustrativa Infobae)

En los próximos meses, cuando BepiColombo concrete su inserción orbital y despliegue sus campañas de observación, Mercurio dejará de ser solo un mundo abrasado junto al Sol para convertirse en un archivo geológico de los choques que moldearon a los planetas rocosos.

Si ese archivo conserva señales del material que perdió, la investigación sobre el origen de la Luna puede entrar en una fase distinta, apoyada ya no solo en simulaciones sobre Theia, sino también en mediciones directas sobre uno de los planetas más extraños del sistema solar.