Hace casi 30 años, Rosa y Sixto dejaron la ciudad para comenzar una nueva vida en una parcela de la Amazonía ecuatoriana, cerca del río Napo. Ahí formaron su familia, criaron a sus cinco hijas y encontraron en la agricultura y la cría de animales la manera de sostenerse, sin utilizar productos químicos.

Su hogar se encuentra en una zona de difícil acceso. Para llegar hasta el canal de YouTube Ecuador y sus Paisajes Oficial tuvo que realizar un viaje de ocho horas en auto y cinco en lancha. En la comunidad no hay caminos asfaltados y el río funciona como la principal vía de comunicación con otros lugares.

La vivienda de Rosa y Sixto está hecha de madera y cubierta con palma. A su alrededor se encuentra la chacra familiar, donde cultivan distintos alimentos que luego forman parte de sus comidas.

Entre los productos que cosechan hay yuca, banana, ají y árboles frutales como el mango. Para abastecerse de agua, la familia recibe el suministro desde el centro comunal y lo almacena en un tanque que utilizan para cocinar.

El trabajo comienza temprano, en especial por las altas temperaturas. Rosa explicó que modificaron sus horarios para poder realizar las tareas de la chacra antes de que el calor se vuelva demasiado intenso.

A las cinco de la mañana me estoy yendo, porque ahora ya no se puede trabajar con este sol”, contó.

Lo que producen en la tierra también determina buena parte de la alimentación familiar. Con las cosechas preparan platos como caracoles de tierra al estilo ceviche y caldo de gallina criolla con yuca, maduro y ají.

A su vez, existe una fuerte tradición de compartir con quienes llegan a la comunidad. Una de las costumbres consiste en ofrecer chicha de yuca, una bebida típica que forma parte de los encuentros entre vecinos y familiares.

La chacra, una fuente de alimentos y también de ingresos

Para esta familia, cultivar la tierra no solamente permite conseguir alimentos. Cuando necesitan dinero o tienen productos disponibles en exceso, recurren a la venta de algunos animales y productos de la granja.

Las aves y los huevos son parte de esa economía. Rosa explicó que, cuando su hijo necesita dinero para ir al colegio y ella no tiene efectivo, puede vender algunos de los animales que cría. “Cuando mi hijo necesita para el colegio y no tengo dinero, entonces yo vendo estos”, explicó mientras mostraba el gallinero.

Las gallinas criollas tienen así una doble función: algunas son utilizadas para alimentar a la familia y otras se venden. Los huevos también representan una ayuda económica, aunque su producción está condicionada por la cantidad de alimento disponible para las aves.

Cómo enfrentan el aislamiento y las dificultades

Rosa nació en Tiputín, Ecuador, y lleva aproximadamente tres décadas viviendo en el lugar donde se instaló con Sixto. La distancia genera dificultades para acceder a determinados servicios y para trasladarse, pero ella destaca la paz que encontró: “Aquí es tranquilo; la tierra se siembra, se cosecha, se come y no hay ningún problema”, aseguró.

La familia también logró que sus cinco hijas avanzaran en la escuela pese a las dificultades vinculadas con el aislamiento y el transporte. Cuando aparecen problemas de salud, ellas colaboran desde donde están y ayudan enviando dinero o medicamentos.

La vida cotidiana continúa dependiendo del trabajo en la chacra, del cuidado de los animales y de los viajes por el río Napo, que funciona como conexión entre las distintas comunidades de la región.

Para Rosa, además, vivir en este entorno implica una forma diferente de relacionarse con la familia. “Uno no se pelea con la familia, se vive tranquilo”, sostuvo.