Los combates entre las fuerzas del gobierno yemení, respaldado por Arabia Saudita, y los rebeldes hutíes dejaron este jueves al menos 63 muertos en ambos bandos, según fuentes militares cuyas cifras no pudieron ser verificadas de forma independiente. Un responsable militar gubernamental atribuyó veintitrés bajas propias a ataques con misiles y drones hutíes en las provincias de Taiz y Lahj, en el suroeste del país. Fuentes hutíes, por su parte, reconocieron cuarenta combatientes muertos en ataques aéreos sauditas y enfrentamientos terrestres.
El grueso de los choques se concentra en la cordillera de Kahbub, entre Taiz y Lahj, un enclave que domina las rutas hacia la costa occidental de Yemen, el estrecho de Bab el Mandeb y la ciudad de Dhubab. Las fuerzas gubernamentales aseguran haber tomado varias posiciones elevadas en la zona, mientras persisten los enfrentamientos en los frentes de Al Kadha y Jabal Habashi, al oeste de la ciudad de Taiz.
La disputa por ese territorio no es menor. Los hutíes se apoderaron en semanas recientes de la isla de Perim, en pleno estrecho de Bab el Mandeb, así como de la localidad de Dhubab —el último bastión costero occidental en manos del Gobierno— y del puerto de Mokha, ampliando su control sobre una vía por la que transita buena parte del comercio marítimo mundial. El avance coloca a Arabia Saudita, el mayor exportador de petróleo del planeta, en una posición delicada: el reino había reforzado su dependencia de esa ruta hacia el mar Rojo después de que Irán bloqueara el estrecho de Ormuz, en el otro extremo de la península arábiga.
Arabia Saudita, bajo fuego por primera vez
La escalada llegó esta semana hasta el corazón simbólico del reino. Arabia Saudita acusó a los hutíes de intentar atacar con un dron la ciudad santa de La Meca, y aseguró haber interceptado y destruido el aparato antes de que entrara en el espacio aéreo restringido sobre la cuna del profeta Mahoma. Los hutíes negaron el señalamiento y sostuvieron que sus operaciones se dirigen contra instalaciones petroleras y bases militares, no contra lugares sagrados.
Un día después, el jueves, la agencia de Defensa Civil saudí informó de la primera víctima mortal en territorio del reino desde que el grupo intensificó sus ataques. La caída de los restos de un dron interceptado en la provincia de Taif causó la muerte de un residente yemení y heridas a una mujer saudí y a un ciudadano paquistaní, este último en estado crítico, además de daños en edificios y vehículos, según el organismo. Las imágenes difundidas por medios estatales sauditas mostraron ventanas de comercios y automóviles destrozados por la metralla.
De la tregua rota a la guerra regional
La violencia actual tiene un origen preciso. Desde 2022 regía en Yemen una tregua informal, tras casi una década de guerra civil entre los hutíes —que controlan la capital, Saná, y buena parte del norte y el oeste del país desde 2014— y el Gobierno reconocido internacionalmente, apoyado por una coalición liderada por Riad desde 2015. Ese equilibrio se rompió en julio, cuando las fuerzas yemeníes bombardearon la pista del aeropuerto de Saná para impedir el aterrizaje de un avión iraní que trasladaba a una delegación hutí que regresaba del funeral del líder supremo Ali Khamenei, asesinado meses antes.
Ese episodio conectó de forma directa la guerra civil yemení con el conflicto de mayor escala que desde febrero enfrenta a Irán con Estados Unidos e Israel. El 28 de febrero de 2026, ambos países lanzaron una ofensiva militar contra Irán que terminó con la vida de Khamenei y provocó, como represalia, el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, ruta por la que hasta entonces circulaba una cuarta parte del petróleo transportado por mar en el mundo. Los hutíes, aliados de Teherán, aprovecharon ese contexto para reactivar su frente contra Riad y declarar un bloqueo naval contra buques sauditas, una presión económica adicional sobre un país ya golpeado por el conflicto regional.
Las consecuencias humanitarias se acumulan al mismo ritmo que los combates. Según cifras publicadas esta semana por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la escalada en la costa occidental yemení ha desplazado a más de 100.000 personas dentro del país, mientras miles más han cruzado el estrecho de Bab el Mandeb en embarcaciones hacia Yibuti en busca de refugio. El organismo advirtió que el acceso humanitario sigue siendo un problema mayor, agravado por carreteras dañadas, cortes de telecomunicaciones y restricciones de movimiento.
Yemen, el país más pobre de la península arábiga, vuelve así a convertirse en el tablero donde se libra, a través de milicias intermediarias, una parte de la disputa entre Riad y Teherán. Mientras la guerra abierta contra Irán no encuentra un desenlace claro y el estrecho de Ormuz sigue prácticamente cerrado al tráfico comercial, el control del paso alternativo del mar Rojo se ha transformado en la nueva línea roja que ninguno de los actores regionales parece dispuesto a ceder.
