Usar el calor que sobra para producir frío. Aunque parezca magia, hoy estamos un paso más cerca de hacerlo realidad. Los investigadores del Instituto Tecnológico de Karlsruhe en Alemania y de la Universidad de Tsukuba en Japón han conseguido desarrollar un prototipo que convierte las altas temperaturas en aire fresco.
Y para colmo, lo hace sin necesidad de un motor eléctrico.
No es brujería. Es tecnología elastocalórica. Este dispositivo usa dos películas ultrafinas de níquel y titanio que tienen memoria de forma, cada una con una función diferente. En un primer paso, cuando se expone a una fuente de calor, la primera película (el actuador) se contrae bruscamente para recuperar su forma y convierte esa energía térmica en una fuerza de tracción mecánica directa.
A continuación, esta fuerza estira una segunda película (el refrigerador) diseñada para enfriarse cuando se libera la tensión. Este principio recuerda al de un refrigerante convencional, solo que aquí no hay un fluido que se evapore. Por el contrario, el efecto de refrigeración se produce mediante la deformación de un material sólido. Además, como el ciclo se acciona mediante estos movimientos mecánicos, no necesita un motor eléctrico para funcionar.




