
La República Dominicana enfrenta una exposición recurrente a huracanes y tormentas tropicales, fenómenos que han afectado de manera sistemática tanto la infraestructura como los ecosistemas de sus áreas protegidas.
De acuerdo con un informe técnico elaborado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), la ubicación geográfica del país lo sitúa dentro de la trayectoria habitual de ciclones tropicales, lo que incrementa el nivel de riesgo para amplias zonas del territorio.
Según datos recopilados por la ONE, los ciclones tropicales representan una de las amenazas naturales de mayor impacto en el Caribe. Estos eventos, que incluyen tormentas tropicales y huracanes, ocasionan inundaciones, deslizamientos de tierra y erosión costera, afectando tanto áreas urbanas como ecosistemas naturales.
Estudios del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) citados por la ONE advierten sobre un aumento en la intensidad de estos fenómenos en las últimas décadas, lo que agrava la vulnerabilidad en regiones expuestas.

Exposición de las áreas protegidas dominicanas a ciclones tropicales
El informe detalla que los ciclones tropicales se clasifican técnicamente por la velocidad máxima sostenida de sus vientos, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).
Una tormenta tropical se define por vientos entre 63 y 118 km/h, mientras que un huracán supera los 119 km/h. A su vez, los huracanes se agrupan en cinco categorías según la escala Saffir-Simpson, lo que permite dimensionar su potencial destructivo y los posibles impactos asociados.
En el contexto dominicano, la exposición a huracanes y tormentas tropicales se vincula estrechamente con la distribución geográfica de las áreas protegidas, especialmente en zonas costeras y montañosas. El análisis de la ONE, basado en la superposición de trayectorias históricas de ciclones con los territorios protegidos vigentes al año 2024, evidencia que las distintas categorías del Sistema Nacional de Áreas Protegidas han enfrentado de forma recurrente estos fenómenos desde 1990 hasta 2025.
La mayor exposición acumulada se registró en las categorías Área de protección estricta y Área de manejo de hábitat/especies, con 20 eventos cada una. Los Parques nacionales sumaron 15 eventos, los Paisajes protegidos contabilizaron 12, las Reservas naturales 10 y los Monumentos naturales seis. Esta distribución destaca el nivel variable de exposición entre las diferentes modalidades de manejo, con acumulados que oscilan entre seis y 20 eventos en el periodo analizado.
El informe aclara que la evaluación de la exposición se realizó considerando los límites espaciales actuales de las áreas protegidas, por lo que algunos eventos sucedieron antes de la declaratoria oficial de ciertas zonas.
En estos casos, la exposición se interpreta en función del territorio actualmente protegido, no de su condición legal en el momento del evento.

La ONE explica que el estudio integró y sistematizó información geoespacial y estadística proveniente de fuentes nacionales e internacionales especializadas, como registros históricos del National Hurricane Center (NOAA), capas cartográficas del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y bases de datos sobre usos de suelo, incendios forestales y actividad sísmica. La información fue procesada en un entorno de Sistemas de Información Geográfica (SIG), lo que permitió identificar patrones territoriales y zonas críticas.
El enfoque del informe no está orientado a estimar impactos directos en el momento de cada evento, sino a superponer amenazas registradas con el sistema vigente de áreas protegidas, con el fin de identificar patrones de recurrencia y prioridades para la gestión preventiva. La ONE destaca que la intersección entre trayectorias de ciclones y áreas bajo protección ambiental permite identificar puntos de alta exposición que no siempre resultan evidentes en un análisis aislado de los eventos.
América Latina y el Caribe, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), registró aproximadamente 3,570 desastres asociados a fenómenos hidrometeorológicos, geológicos y climáticos entre 1960 y 2020, lo que refleja un aumento de la vulnerabilidad y la frecuencia de estos episodios.
La República Dominicana, por su condición insular y tropical, se mantiene como un territorio altamente susceptible a estos eventos. Las áreas protegidas, consideradas barreras naturales y territorios expuestos al mismo tiempo, resultan esenciales en la mitigación de riesgos.