Luna Zárate tenía 14 años y la madrugada del 24 de diciembre acordó un encuentro con un joven de 21 años en la ciudad de Rosario.
La chica murió atropellada y permaneció en la morgue del Instituto Médico Legal (IML) hasta que el miércoles, tras una entrevista de su familia en un canal de TV, se dieron cuenta de que era ella.
Un complejo entramado familiar, vulnerabilidad social, negligencia estatal y desidia judicial, detrás del caso.
Un delincuente lo confundió, lo atropelló y lo arrastró 30 metros con un VW Vento cuando volvía en moto de jugar al fútbol con amigos.
Recibió 8 disparos en una pierna y 7 en otra, que le quedaron «hechas un colador», más dos en la cadera con orificio de salida.
Tras la amputación de una pierna y dos semanas de agonía, falleció en el hospital de Río Cuarto. Su hija de 7 años pregunta «por qué un chico malo» le hizo esto.