2027: Derechas en danza
En las tres últimas elecciones presidenciales argentinas, triunfaron Mauricio Macri, Alberto Fernández (sin reelecciones) y Javier Milei, representando a coaliciones distintas, con tres mujeres en la vicepresidencia (Gabriela Michetti, Cristina Fernández y Victoria Villarruel). En 2015, tras 78 años

En las tres últimas elecciones presidenciales argentinas, triunfaron Mauricio Macri, Alberto Fernández (sin reelecciones) y Javier Milei, representando a coaliciones distintas, con tres mujeres en la vicepresidencia (Gabriela Michetti, Cristina Fernández y Victoria Villarruel). En 2015, tras 78 años, volvió a ganar una coalición conservadora, repitiéndose en 2023 por otro sello de ese campo, ambos con balotaje. El triunfo oficialista en la elección legislativa de 2025 permitió observar hasta dónde había avanzado la transformación del mapa político de las derechas argentinas.
Los conservadores, laicos o católicos, liberales o nacionalistas, republicanos o corporativistas, demócratas o no, participaron de ciclos constitucionales como de facto. Según la etapa, priorizaron alguna característica: afianzar la autoridad, valoración de tradiciones y continuidad histórica, reticencia a reformas, defensa de la propiedad privada y el libre mercado, consolidación de un modelo agroexportador, enfoque pragmático, gradualismo o shock, entre otras.
Constitucionalizada y organizándose la República, los partidos Federal y Unitario compiten en 1860 (Santiago Derqui venció a Mariano Fragueiro, abroquelado el mitrismo en la Provincia de Buenos Aires) y en 1862 triunfará éste (partido Nacional). En 1868, Domingo Sarmiento (independiente) aventajó al nacionalismo (de Elizalde), al unitarismo no mitrista y al federalismo (Urquiza). Expresiones conservadoras, con canales partidarios en mutación, se afirmaron en 1874 con el Partido Autonomista Nacional (integración entre Avellaneda y Alsina), consolidándose con Roca desde 1880 y una larga etapa de alianzas conservadoras.
En 1908, Figueroa Alcorta clausuró por decreto el Congreso y terminó el “acuerdismo” roquista. En la presidencia “modernista” de Sáenz Peña se aprobó en 1912 -con acuerdo radical- el sufragio “universal” (acotado a los hombres mayores de 18 años), secreto y obligatorio.
La etapa radical encontró al conservadurismo partidario como oposición. Hipólito Yrigoyen planteó un reformismo moderado que Alvear (un radical conservador) contrajo. Derrocado el “Peludo” en 1930, regresó la dirigencia conservadora, algunos -cercanos al general Uriburu, presidente de facto- corporativistas; otros, ligados al general Justo, presidente entre 1932 y 1938, de extracción diversa: protopopulistas como Manuel Fresco, ex PAN como Carlos Saavedra Lamas, Nacional-Demócratas como Julio Roca (h) o Cárcano (h), radicales antipersonalistas o tecnócratas vinculados al empresariado, como Federico Pinedo o Roberto Ortiz, presidente desde 1937 mediante el “fraude patriótico”.
Muertos Ortiz (1942), Alvear y Justo (ambos en 1943), impulsando el presidente Ramón Castillo (“conservador antediluviano”, en palabras del historiador Robert Page) la candidatura de Robustiano Patrón Costas, aparecen móviles para la revolución militar de 1943. Tras ella, Perón reclutó demócratas en las provincias -desde Cárcano (padre) hasta Cámpora-, mientras otras ramas conservadoras, aliadófilos y nacionalistas “antiperonistas”, apoyaron a la Unión Democrática.
En los golpes de 1955, 1962 y 1966 -once de los dieciocho años de proscripción a Perón corresponden a gobiernos de facto- hubo presencia conservadora civil o militar. Nacieron la Democracia Cristiana y el Partido Cívico Independiente, de Alsogaray, ministro de Aramburu, Frondizi y Guido y embajador de Onganía. Aunque cuadros como Adalbert Krieger Vasena, Atilio Dell’Oro Maini, Luis Podestá Costa, Carlos Adrogué o Gillermo Borda, influyentes en las élites -muchos desde antes de 1943-, no tenían, en un país que ya había conocido al peronismo, visibilidad electoral.
Ciertas variantes “neoperonistas” provendrán del sector, como Francisco Solano Lima (conservadurismo popular); otros intentarán acercarse al general exiliado en Madrid, como el mismo Pedro E. Aramburu a finales de los sesenta.
En 1973 hubo opciones conservadoras como Nueva Fuerza, Democracia Progresista, Partido Federal y Alianza Republicana Federal. Think tanks aportaron sustento programático a la dictadura militar desde antes del golpe de 1976: José Martínez de Hoz, o el Grupo Perriaux. Apellidos como Madariaga, Loncan, Braun, García Belsunce, Zorreguieta o Blaquier, según fundadas investigaciones, integraron esas usinas y luego fueron funcionarios.
En 1983, agrupaciones como Alianza Federal, Unión de Centro Democrático, Democracia Progresista y Democracia Cristiana no incidieron ante la polarización entre peronismo y radicalismo; aunque “Paco” Manrique (AF), exministro de Lanusse, fue funcionario de Alfonsín entre 1986 y 1988.
La UCD tendrá inserción en el programa liberal de Menem aportando dirigentes: los Alsogaray (padre e hija), Adelina Dalesio de Viola, Francisco Durañona y Vedia, Alberto Albamonte, Germán Kammerath, etc. Dirigentes jóvenes como Sergio Massa y Amado Boudou, primero ucedeístas, se harán menemistas, duhaldistas o kirchneristas; Emilio Monzó abrevará en el peronismo y posteriormente en el PRO.
Este último partido, liderado por Macri tras presidir Boca Juniors, nació como Frente Compromiso para el Cambio en 2003, sumando justicialistas, manriquistas, autonomistas, demócratas y sectores de Acción por la República, fundada en los noventa por Domingo Cavallo. En 2005 apareció Propuesta Republicana donde también figuraba el economista radical Ricardo López Murphy. Con el liderazgo de Macri, triunfó en la CABA en 2007 y 2011 y se expandió nacionalmente, conformando Cambiemos junto al radicalismo y la Coalición Cívica: gana en 2015 y las legislativas de 2017. Mutando a Juntos por el Cambio la coalición fue derrotada en 2019.
En 2021, un outsider, Javier Milei, apeló al desencanto de ciudadanos de todas las clases sociales y junto a Victoria Villarruel llegó al Congreso. Vinculó al Partido Libertario, el Movimiento de Integración y Desarrollo y, provincialmente, al Partido Demócrata, Fuerza Republicana en Tucumán, Cruzada Renovadora en San Juan, Acción Chaqueña, Conservadurismo Popular, entre otros sellos.
En 2023, Juntos por el Cambio y el kirchnerismo llegan muy desgastados al proceso electoral. Tercera su candidata, Bullrich, en la primera vuelta, Macri alentó el apoyo a Milei en el balotaje. Cuadros del PRO se sumaron a la gestión presidencial y al armado político. La elección de 2025 consolidó el liderazgo oficialista. El PRO, que había logrado en 2015 conformar una fuerza nacional competitiva y acreditando experiencia de gobierno, debió afrontar una disyuntiva: preservar la identidad, sostener la alianza con el gobierno o asumir la diáspora de dirigentes y votos.
Milei no es simplemente otro dirigente situado a la derecha. Su liderazgo es excluyente y cuenta en su entorno con la ejecutividad de Karina Milei, el soporte de Santiago Caputo o las ideas aportadas por Agustín Laje. Su discurso libertario cuestionó el gradualismo y la negociación parlamentaria. Su disruptiva aparición (su perfil mediático y su armado a través de una fuerte ingeniería en redes sociales) en un gobierno gestionado en gran parte por viejos conocidos como Guillermo Francos, Diego Santilli, Federico Sturzenegger, Luis “Toto” Caputo, Martín y “Lule” Menem y -hasta 2025- José Luis Espert) nos lleva a preguntar ¿estamos ante una nueva derecha o ante una nueva etapa de una vieja historia?
DISTINTOS CAMINOS PARA 2027
Una posibilidad que se analiza, es la concurrencia separada de La Libertad Avanza y el PRO a la presidencial, buscando conservar identidad propia (como pasó con la elección legislativa de CABA en 2025, cuando Manuel Adorni venció a Silva Lospennatto).
Otro camino es la fusión por absorción, con la incorporación de una fuerza (PRO) a otra (LLA) que ha conseguido convertirse en dominante.
Un tercer escenario sería la alianza electoral, procurando evitar la dispersión del voto. Sería una solución pragmática, pensando en una segunda vuelta.
Existe, finalmente, la posibilidad de una elección con cuatro listas relevantes. Una LLA consolidada; un PRO separado o aliado con sectores radicales; un peronismo kirchnerista; y una candidatura surgida de sectores peronistas no kirchneristas, provinciales o “moderados”.
Esta última hipótesis merece atención. El peronismo ha demostrado históricamente capacidad de adaptación y, también, de fraccionalismo. No sería extraño que una parte de su dirigencia intentara construir una alternativa autónoma frente al kirchnerismo y frente a Milei, como también alianzas tácticas con alguno de ellos o con ambos.
La eventual existencia de cuatro listas tampoco impediría convergencias posteriores. El antecedente de 2023 así lo demuestra. Esto abre otra cuestión: las alianzas de segunda vuelta, particularmente en sistemas presidencialistas, no necesariamente construyen una coalición de gobierno.
Desde el PAN hasta el PRO las derechas argentinas se han reorganizado una y otra vez alrededor de nuevos liderazgos. Milei introdujo una combinación novedosa: liberalismo económico extremo, crítica a la política profesional, reivindicación de la confrontación cultural y liderazgo personalista. ¿La combinación puede convertirse en una tradición política más allá de su fundador?
Buena parte de la reconstrucción de las derechas argentinas tuvo como punto de partida a la CABA. Allí nació el macrismo nacional; allí se consolidó buena parte de su electorado; allí se desarrolló también una parte sustantiva de la nueva cultura política libertaria. ¿Estamos frente a una coalición eminentemente “porteña” o hay cauce para un proyecto federal de largo aliento? ¿Cómo podrán sumarse, en tal caso, otros actores?
Hay además una cuestión generacional. Las derechas anteriores podían transmitir partidos, cuadros, vínculos empresariales, tradiciones familiares y redes territoriales. ¿Puede La Libertad Avanza construir algo semejante? ¿Le interesa hacerlo? ¿O su principal capital seguirá siendo el liderazgo de Milei y la adhesión a su programa?
La historia argentina demuestra que las derechas saben mudar de piel. En un tiempo en el que la sociedad latinoamericana, salvo algunas excepciones, parece estar mirando con más atención a los líderes conservadores, sigue siendo pertinente una legendaria frase del expresidente Carlos Pellegrini -qué duda cabe de su pertenencia ideológica-: “lo que nuestro país necesita (...), no son grandes americanos, ni libertadores, ni restauradores que invocando leyes, libertades y principios empiezan por incitar a la anarquía y acaban por suprimir todo gobierno (...), sino ciudadanos constantes en el ejercicio pacífico de los derechos políticos (...); la reforma de nuestros malos hábitos sólo se ha de conseguir por la prédica y el ejemplo”.



