A 25 años del 11-S, la psicología explica por qué el trauma puede persistir y reactivarse con los aniversarios de los atentados. (AP/Ernesto Mora)

El 11 de septiembre no es una fecha cualquiera en el calendario estadounidense. Desde hace 25 años, ese día condensa escenas que siguen regresando: aviones contra edificios, humo sobre Manhattan, llamados telefónicos interrumpidos, personas que no volvieron a sus casas y una sensación de seguridad que se quebró en pocas horas. Para quienes estuvieron allí, para familiares de las víctimas, rescatistas y también para quienes siguieron los atentados por televisión a miles de kilómetros, la memoria puede volver con una intensidad inesperada.

A 25 años de los atentados del 11-S, la psicología ayuda a entender por qué el trauma puede persistir, por qué los aniversarios reactivan emociones y por qué no existe una única forma de atravesar una catástrofe. Según expertos, el tiempo puede atenuar algunos síntomas y permitir que muchas personas reconstruyan su vida, pero no borra de forma automática las huellas de un acontecimiento que alteró a Nueva York, a Estados Unidos y a una generación entera.

La reacción de aniversario del 11-S puede activar recuerdos intrusivos, pesadillas, ansiedad, insomnio y malestar incluso décadas después. (REUTERS/Brendan McDermid)

La fecha vuelve a poner en primer plano una pregunta que excede la conmemoración: ¿qué pasa cuando un hecho histórico se convierte también en una marca íntima? Las respuestas incluyen tristeza, miedo, insomnio, ansiedad, culpa por haber sobrevivido y recuerdos que irrumpen sin aviso. También pueden incluir recuperación, apoyo familiar y una búsqueda de sentido. La experiencia de cada persona es distinta.

Los aniversarios pueden reactivar recuerdos, miedo y malestar

El 11-S dejó una memoria audiovisual difícil de separar de la historia reciente. Las imágenes se repitieron durante horas en 2001 y vuelven cada año en homenajes, documentales, noticieros y redes sociales.

Los especialistas señalan que los síntomas del trauma por el 11-S no equivalen por sí solos a un diagnóstico de trastorno por estrés postraumático. (EFE)

Para muchas personas, el recuerdo conserva detalles precisos: dónde estaban, a quién llamaron, qué sintieron cuando vieron el segundo avión impactar contra una torre. Esa persistencia no significa que todos hayan desarrollado un cuadro clínico. Sí explica por qué el aniversario puede funcionar como un recordatorio emocional.

El Centro Nacional para el Trastorno por Estrés Postraumático del Departamento de Asuntos de Veteranos de Estados Unidos denomina a este fenómeno “reacción de aniversario”. Una fecha, una imagen, un olor, una canción o una noticia pueden activar recuerdos asociados con un hecho traumático y aumentar el malestar durante un período acotado.

Phil Lane sostiene que el 11-S permanece como trauma colectivo porque alteró la percepción de seguridad, previsibilidad y confianza en Estados Unidos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre las reacciones posibles figuran recuerdos intrusivos, pesadillas, irritabilidad, dificultad para dormir, problemas de concentración, tristeza, temor, evitación de noticias y sensación de estar en alerta. El organismo aclara que estas respuestas pueden aparecer incluso décadas después y que, por sí solas, no implican un diagnóstico de trastorno por estrés postraumático.

La diferencia está en la intensidad y en el impacto sobre la vida cotidiana. Si el malestar se sostiene, altera el descanso, el trabajo, los vínculos o lleva a evitar de manera constante todo lo relacionado con el trauma, resulta conveniente consultar con un profesional de salud mental.

Por qué el 11-S continúa como trauma colectivo

En un artículo publicado en Psychology Today, Phil Lane, MSW y LCSW, psicoterapeuta en consulta privada y autor del libro Comprender y afrontar la ansiedad ante la enfermedad, planteó que el 11-S sigue siendo un trauma colectivo. El concepto no supone que toda la población padezca un trastorno, sino que una catástrofe de gran escala puede cambiar la percepción compartida de seguridad, previsibilidad y confianza.

Michael D. Matthews plantea que la respuesta al trauma del 11-S puede incluir patología, resiliencia, invulnerabilidad o crecimiento personal. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lane sostiene que los atentados no afectaron solamente a quienes se encontraban en el World Trade Center, el Pentágono o Pensilvania. También desafiaron supuestos que parecían firmes para gran parte de la sociedad estadounidense: que los espacios cotidianos eran seguros, que los viajes podían realizarse sin temor y que ciertos hechos extremos ocurrían lejos.

El psicoterapeuta recordó que se encontraba en los Países Bajos durante los ataques. Al regresar a Estados Unidos meses después, el aeropuerto de Newark le mostró un país transformado: agentes armados, perros detectores de explosivos y una atmósfera de tensión. Describió aquella sensación como un “latigazo psicológico”: lo que poco antes parecía habitual y seguro había cambiado de significado.

El caso de Marilyn Wills muestra que la culpa del sobreviviente y la falta de apoyo pueden complicar la recuperación tras los atentados del 11-S. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La escena permite observar cómo opera el trauma colectivo. Los atentados modificaron los controles en los aeropuertos, la presencia de seguridad en espacios públicos y la percepción sobre amenazas futuras. Esos cambios materiales estuvieron acompañados por una transformación psicológica: la vida cotidiana dejó de sentirse enteramente previsible.

Lane escribe que, después de una experiencia de esa magnitud, pueden aparecer ansiedad, pánico, depresión, abuso de sustancias y estrés postraumático. Sin embargo, su mirada no se limita a los síntomas. El autor también plantea que las conmemoraciones, los relatos y los homenajes pueden ayudar a buscar sentido frente a un hecho que parece imposible de comprender.

“Incluso 25 años después, nuestro trauma colectivo no está olvidado y nuestra curación colectiva continúa”, escribió Lane. En ese sentido, señala que la memoria pública puede cumplir una función de elaboración cuando permite reconocer las pérdidas, nombrar el dolor y sostener vínculos con quienes murieron.

El trauma no tiene una única trayectoria

Michael D. Matthews, doctor en Filosofía y profesor de psicología de la ingeniería en la Academia Militar de los Estados Unidos, propuso evitar los diagnósticos cerrados sobre quienes vivieron una catástrofe. En otro artículo publicado en Psychology Today, explicó que las personas pueden atravesar distintas trayectorias después de una adversidad: patología, resiliencia, invulnerabilidad y crecimiento personal.

Los atentados del 11-S cambiaron los controles en aeropuertos, la seguridad en espacios públicos y la vida cotidiana en Estados Unidos. (REUTERS/Sara K. Schwittek/File Photo)

La patología incluye cuadros como el trastorno por estrés postraumático, la ansiedad o la depresión. La resiliencia refiere a la capacidad de recuperar un funcionamiento estable después de un período de sufrimiento. Matthews usa el término invulnerabilidad para describir a quienes, pese a la exposición a un evento grave, registran pocas alteraciones en su vida cotidiana. El crecimiento personal, en tanto, nombra cambios positivos que algunas personas identifican con el paso del tiempo.

La advertencia central del profesor es que nadie debería quedar fijado a una de esas categorías. Una persona puede tener síntomas durante años y más tarde recuperarse. Otra puede parecer estable al principio y experimentar dificultades mucho después. La respuesta humana al trauma es compleja y cambia con el tiempo.

Matthews desarrolló esta idea a partir del caso de Marilyn Wills, sobreviviente del atentado contra el Pentágono. Wills trabajaba en el sector alcanzado por el vuelo 77 de American Airlines y logró escapar por una ventana del segundo piso. Varios de sus compañeros murieron ese día.

Un aniversario traumático puede reactivar ansiedad, insomnio, irritabilidad, recuerdos intrusivos o tristeza, incluso décadas después del hecho. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Wills contó que tuvo grandes dificultades durante los meses y años posteriores. Aunque quería continuar su carrera en el Ejército, percibió escasa empatía de sus superiores y recibió poco apoyo profesional. “No tuve crecimiento. Estaba sobreviviendo. Estaba tratando de mantenerme a flote”, relató.

También contó que evitó hablar de los atentados durante años, incluso con su familia. La culpa por haber sobrevivido mientras otras personas murieron fue uno de los aspectos que debió procesar. “En mi mente, me costaba entender por qué yo seguía aquí y esa persona no”, dijo.

En ese aspecto, Matthews explicó que la culpa del sobreviviente puede aparecer después de atentados, accidentes, guerras y desastres naturales. No responde necesariamente a una responsabilidad real, sino a la necesidad de encontrar una explicación ante una pérdida que parece injusta. La psicoterapia puede ayudar a revisar esas ideas, elaborar recuerdos dolorosos y construir una relación menos castigadora con lo ocurrido.

La resiliencia necesita vínculos, atención y tiempo

Con el paso de los años, Wills encontró apoyo en familiares y amigos. También mencionó la espiritualidad, el coraje, el perdón hacia sí misma y la ayuda a otras personas como recursos importantes para su recuperación. Matthews destacó que la resiliencia no siempre aparece de inmediato: puede estar presente como una capacidad que se desarrolla con apoyo y tiempo.

La exposición repetida a imágenes y videos de los atentados en celulares y redes sociales puede intensificar el malestar emocional en personas afectadas por el trauma. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“La resiliencia estaba allí todo el tiempo; era latente”, sostuvo Wills en su conversación con Matthews, quien remarca que el apoyo social puede cambiar el recorrido después de una catástrofe. Escuchar sin presionar, acompañar, preguntar qué necesita la otra persona y evitar frases como “ya pasó” o “tenés que ser fuerte” suele ser más útil que pedir una recuperación inmediata. A veces el acompañamiento consiste simplemente en estar disponible.

El Programa de Salud del World Trade Center, administrado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, brinda monitoreo y tratamiento a rescatistas y sobrevivientes elegibles. Entre las condiciones de salud mental contempladas figuran el TEPT, los trastornos de ansiedad, la depresión, el trastorno de pánico y los trastornos por consumo de sustancias.

Los datos confirman que las secuelas requieren seguimiento de largo plazo. El Registro de Salud del World Trade Center reúne a más de 71.000 personas expuestas a los ataques o a sus consecuencias. El Departamento de Salud de Nueva York informó que cerca del 20% de los adultos expuestos presentó síntomas de estrés postraumático en algún momento y que, para muchas personas, esos síntomas persistieron durante más de dos décadas.

Las secuelas psicológicas no siempre aparecen de inmediato: el trauma puede persistir, cambiar de forma o manifestarse tiempo después ante fechas, imágenes y otros recordatorios. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El número no describe a toda la población estadounidense, ya que el registro incluye a sobrevivientes, rescatistas, trabajadores, residentes y estudiantes con distintos grados de exposición. Pero permite dimensionar la carga psicológica que puede dejar un desastre de esta magnitud.

Recordar no equivale a quedar detenido en el pasado

El 25° aniversario del 11-S reúne dos dimensiones. Está el hecho histórico, con 2.977 víctimas, imágenes que definieron una época y consecuencias que todavía forman parte de la vida pública estadounidense. También está la experiencia privada de quienes perdieron a un familiar, huyeron de los edificios, trabajaron en las tareas de rescate o crecieron bajo la sombra de aquellos ataques.

La psicología permite evitar dos simplificaciones. Una es creer que el tiempo cura de manera automática. La otra es suponer que el trauma condena a una persona a quedar detenida para siempre en el peor día de su vida. Entre ambos extremos hay recorridos distintos, con síntomas, recaídas, tratamientos, vínculos y formas de reconstrucción.

A 25 años, los análisis de Lane y Matthews convergen en un punto: el sufrimiento no se mide con un único diagnóstico ni la recuperación con una única respuesta. La memoria puede doler, pero también puede ofrecer reconocimiento y sentido. La resiliencia puede tardar. Y pedir ayuda cuando los recuerdos se vuelven insoportables forma parte del cuidado.