El administrador de la NASA, Jared Isaacman, advirtió que el avance de China hacia el polo sur de la Luna podría dificultar el acceso de otras misiones a algunos de los sectores más importantes de esa región de nuestro satélite, donde científicos esperan encontrar depósitos de hielo.
La preocupación está centrada en Chang’e 7, una ambiciosa misión robótica china que buscará explorar los alrededores del cráter Shackleton. Su lanzamiento estaba previsto para este año, pero la agencia espacial del gigante asiático informó en agosto que no se realizaría durante la ventana programada y la misión quedó aplazada hasta 2027.
Durante la conferencia Off World, realizada esta semana en Houston, Isaacman sostuvo que el retraso dio algo de margen a Estados Unidos porque los dos programas espaciales apuntan a la misma región del polo sur lunar.

Aunque China no anunció que vaya a establecer zonas de exclusión ni que pretenda impedir el acceso de otros países, la preocupación planteada por el jefe de la NASA se basa en que una misión con capacidad para desplazarse por la superficie podría condicionar las operaciones posteriores alrededor de los lugares de mayor interés científico.
Por qué el cráter Shackleton es uno de los lugares más buscados de la Luna
El centro de esta disputa es una región muy diferente de los lugares visitados durante las misiones Apollo. El cráter Shackleton se encuentra prácticamente sobre el polo sur de la Luna y combina sectores de su borde que reciben luz solar durante gran parte del año con un interior que permanece siempre en sombra.
Esas regiones permanentemente oscuras alcanzan temperaturas extremadamente bajas. De acuerdo a investigaciones científicas, allí podría haberse acumulado hielo durante miles de millones de años, uno de los recursos que más interés despierta para futuras misiones tripuladas.
El agua tendría un valor incalculable, ya que permitiría estudiar la historia y evolución de la Luna, pero también podría resultar útil para una presencia humana prolongada. En futuros asentamientos podría utilizarse para consumo y, después de separar sus componentes, como fuente de oxígeno e hidrógeno.
Chang’e 7 fue diseñada precisamente para estudiar este entorno. La misión incluye un orbitador y un módulo de descenso que transportará un rover y un pequeño robot capaz de desplazarse mediante saltos. Esos vehículos permitirían estudiar el terreno y buscar señales de hielo en zonas de difícil acceso alrededor de Shackleton.
Esa movilidad es una de las cuestiones señaladas por Isaacman. El administrador de la NASA afirmó que los vehículos chinos podrían alcanzar algunos de los puntos de mayor interés del polo sur y sostuvo que esa capacidad podría tener consecuencias sobre el acceso de futuras misiones.
Las próximas misiones a la Luna
El retraso de Chang’e 7 podría permitir que una misión estadounidense llegue antes a esa región. NASA tiene actualmente programado para enero de 2027 el lanzamiento de Blue Moon Mark 1, el gran módulo lunar no tripulado desarrollado por Blue Origin.
La nave, denominada Endurance, transportará dos cargas científicas de la NASA y tiene previsto aterrizar en Shackleton Connecting Ridge, una elevación cercana al cráter. Allí probará tecnologías de descenso de precisión, navegación autónoma y propulsión criogénica que servirán para preparar futuras operaciones tripuladas.
La llegada de misiones robóticas forma parte de planes más amplios de ambos países. La NASA pretende establecer una presencia sostenida cerca del polo sur y utilizar esa región como uno de los puntos centrales de sus próximas expediciones lunares. China, por su parte, mantiene el objetivo oficial de realizar su primer alunizaje tripulado antes de 2030 y ya desarrolla el cohete Long March 10, la nave Mengzhou y el módulo lunar Lanyue para conseguirlo.
Para Isaacman, esa competencia excede el aspecto científico y sostiene que el país que consiga demostrar primero nuevas capacidades en la Luna puede influir sobre la percepción internacional de su poder tecnológico. El jefe de la NASA también afirmó que Estados Unidos perdió parte de la ventaja conseguida con Apollo durante décadas de programas, cambios de estrategia y proyectos que no alcanzaron los objetivos previstos. China realizó su primer vuelo espacial tripulado en 2003 y, desde entonces, amplió de manera sostenida sus capacidades orbitales y lunares.
En ese escenario, Shackleton aparece como uno de los primeros puntos concretos en los que los planes de ambos países podrían coincidir. Antes de que lleguen astronautas, la competencia ya comenzó con robots que buscan determinar qué recursos existen en uno de los lugares menos explorados de la Luna.



