Agosto fue el mes más seco en El Salvador desde 1971 y dejó 15 récords de temperatura máxima, según Danilo Ramírez. (Foto cortesía @MedioAmbienteSV).

Agosto fue el mes más seco registrado desde 1971 y dejó 15 récords de temperatura máxima en El Salvador, afirmó Danilo Ramírez, meteorólogo e ingeniero agrónomo, durante una entrevista en La Tribu. El especialista señaló que en Santa Rosa de Lima se alcanzaron 44 ℃ y sostuvo que los registros del Servicio Meteorológico se remontan a más de un siglo, aunque parte de la información antigua se conservó en papel y enfrentó dificultades de digitalización.

Ramírez ubicó a 1982 como el segundo antecedente más seco y mencionó a 2015 como otro año de referencia. Explicó que estos datos deben analizarse bajo la influencia de El Niño, pero también a partir de los cambios que han afectado la cobertura vegetal, el estado de los suelos y la disponibilidad de agua.

El meteorólogo recordó un episodio de altas temperaturas durante El Niño de 1997-1998. Según relató, cuando trabajaba en el Servicio Meteorológico recibió desde San Miguel un reporte de 46 ℃, cerca de las 14:00 o 14:30. Con esa experiencia, indicó que los registros extremos no son nuevos, aunque advirtió que las condiciones actuales se desarrollan en territorios más vulnerables.

Ramírez sostuvo que durante las décadas de 1960 y 1970 había una mayor cobertura vegetal, que contribuía a mantener patrones climatológicos distintos. A su juicio, la deforestación y la degradación de los suelos han modificado esas condiciones y aumentan el impacto de los períodos de calor y de la falta de lluvia.

El Niño y las formas de sequía que, según Ramírez, ya vive el país

Ramírez definió a El Niño-Oscilación del Sur como parte de la variabilidad climática natural. Aclaró que no debe confundirse con el cambio climático, aunque sus efectos se producen en un escenario marcado por el aumento de temperaturas, el deterioro ambiental y una mayor vulnerabilidad de los territorios.

Santa Rosa de Lima alcanzó 44 ℃ en agosto, en un contexto de calor extremo y déficit de lluvia en El Salvador.

El especialista explicó que la Organización Meteorológica Mundial reconoce cuatro categorías oficiales para este fenómeno: El Niño débil, moderado, fuerte y muy fuerte. Cuestionó, además, las denominaciones que se popularizan fuera del ámbito científico para identificar episodios de mayor intensidad.

“Ya los demás apodos, que Superniño, que Niño Godzilla, eso no tiene sustento técnico ni científico”, afirmó. Ramírez sostuvo que esas denominaciones no corresponden a las clasificaciones técnicas utilizadas por los organismos especializados.

Para revisar la evolución de las condiciones climáticas, indicó que la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de El Salvador toma como referencia información de la Organización Meteorológica Mundial, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y el Instituto Internacional de Investigación sobre Clima y Sociedad de la Universidad de Columbia.

A partir de esos informes, Ramírez sostuvo que el país enfrentaba un escenario de El Niño muy fuerte. Entre sus posibles consecuencias enumeró déficit de lluvia, sequías, temperaturas elevadas y afectaciones para la agricultura, la ganadería, la salud humana, la energía y los recursos hídricos.

El meteorólogo explicó que la reducción o irregularidad de las lluvias provoca una sequía meteorológica. Esa fase puede derivar en sequía agrícola, cuando el suelo pierde la humedad necesaria para que las plantas mantengan su desarrollo fisiológico y fenológico.

Si el período seco continúa, añadió, el impacto llega a los mantos acuíferos, los ríos, las lagunas y los embalses. Esa etapa corresponde a la sequía hidrológica, que reduce los caudales y limita todavía más la disponibilidad de agua para consumo, producción y otras actividades.

Ramírez sostuvo que El Salvador ya atraviesa una sequía socioeconómica, la cuarta fase de ese proceso. Según explicó, esa situación se produce cuando la falta de agua afecta cultivos, ganado, fuentes de abastecimiento, ingresos de las familias y acceso a alimentos. “Estamos complicados”, resumió.

El Salvador enfrenta un escenario de El Niño muy fuerte, con riesgo de afectaciones para la agricultura, la ganadería, la salud, la energía y los recursos hídricos. (Foto cortesía MARN)

Chubascos focalizados, polvo del Sahara y patrones alterados

Ramírez aclaró que una sequía no significa que dejarán de ocurrir lluvias por completo. Puede haber chubascos o tormentas focalizadas, pero esos eventos aislados no eliminan el déficit acumulado ni garantizan condiciones adecuadas para las actividades agrícolas.

El meteorólogo indicó que las lluvias observadas en algunas zonas del país respondían al paso de ondas tropicales desorganizadas. También señaló la presencia de líneas de baja presión, o vaguadas, sobre la península de Yucatán, que generaban campos nubosos trasladados hacia Honduras y El Salvador por los vientos del este.

Según Ramírez, esos mecanismos explican que ocurran chubascos en puntos específicos, sobre todo en el occidente, pero no garantizan una secuencia de precipitaciones frecuentes o regulares. Esa falta de continuidad, explicó, dificulta la planificación de siembras y otras actividades del campo.

El especialista identificó varios factores que, según su análisis, limitan la formación de ciclones, campos nubosos y lluvias. Uno de ellos es el polvo del Sahara, que describió como una masa de aire seco y cálido transportada por los vientos del este.

Indicó que este polvo suele estar presente desde marzo hasta octubre o noviembre. Aclaró que no es un fenómeno nuevo, aunque la tecnología actual permite observarlo con mayor detalle mediante imágenes satelitales y otros sistemas de monitoreo.

Ramírez explicó que el polvo sahariano puede extenderse entre tres y cuatro kilómetros de espesor. Según señaló, el aire cálido y seco restringe la formación de nubosidad y puede generar sombra sobre el mar, lo que limita el calentamiento de la superficie que necesitan los sistemas ciclónicos para desarrollarse.

Como ejemplo, relató el monitoreo de la tormenta tropical Dolly, formada en el Atlántico el 27 de agosto. Dijo que revisó imágenes satelitales, modelos numéricos, la vorticidad, la ecuación omega, los vientos en distintas alturas y la cizalladura vertical, y concluyó que el sistema no progresaría.

Los chubascos focalizados y las tormentas aisladas no revierten el déficit de lluvia ni resuelven la sequía que afecta al país. (Foto cortesía MARN)

Al día siguiente, explicó, las imágenes mostraban que el fenómeno se había disipado y el Centro Nacional de Huracanes lo declaró como tal. Para Ramírez, el polvo del Sahara fue uno de los elementos que influyeron en esa evolución.

El especialista también mencionó que la Zona de Convergencia Intertropical, que durante septiembre, octubre y noviembre suele acercarse a las latitudes de Centroamérica, se encontraba alejada de la región. Sumó a ese escenario la presencia de altas presiones en el Atlántico, que dificultan la formación de nubes.

Todo está alterado: todos los patrones climatológicos, meteorológicos, ambientales se han roto”, sostuvo. Ramírez relacionó esas alteraciones con la irregularidad de las lluvias y con el aumento de las temperaturas que, según afirmó, ya experimentan distintas zonas del país.

El Niño, el efecto invernadero y la responsabilidad humana

Ramírez reiteró que El Niño forma parte de la variabilidad climática natural. Sin embargo, diferenció esa condición de los efectos asociados al incremento de gases de efecto invernadero por las actividades humanas.

El meteorólogo aclaró que el efecto invernadero es un proceso natural. El problema, explicó, ocurre cuando las emisiones generadas por el uso de combustibles fósiles, los vehículos, la industria y otras actividades humanas alteran la cantidad de gases presentes en la atmósfera.

El gran responsable son los humanos”, afirmó. No obstante, señaló que El Salvador tiene una contribución menor al calentamiento global si se compara con las grandes industrias y los países más desarrollados.

Ramírez consideró que los acuerdos internacionales no han logrado producir las medidas necesarias para enfrentar el aumento de las temperaturas. Al ser consultado sobre la posibilidad de revertir la situación, respondió que existen alternativas desde el punto de vista técnico, pero apuntó a los obstáculos políticos.

“Técnicamente es posible, pero políticamente ahí está la traba”, afirmó. También mencionó que las guerras pueden alterar las concentraciones de gases en la atmósfera.

El especialista sostuvo que cada Estado debe adoptar medidas de mitigación, adaptación, reducción y gestión de riesgos. “Que sean realizables, que sean reales”, pidió al hablar de las acciones que deberían aplicarse en favor de la población.