
La nueva y moderna comisaría de policía francesa de Amiens (Somme) lleva apenas ocho meses en funcionamiento, pero ya se ha convertido en el escenario de una crisis sanitaria. Tal y como han denunciado los agentes, hay un grave error en la fontanería que ha causado la intoxicación de al menos diez funcionarios.
Al parecer, desde que se inauguró el edificio en enero, los grifos estuvieron conectados directamente al sistema de recogida de aguas pluviales, mientras que el agua potable se desviaba para abastecer las cisternas de los inodoros. Debido a esta confusión de las empresas encargadas de la obra, el pasado jueves 27 de agosto las autoridades cortaron el suministro de agua en todo el complejo.
Además, cada persona que entraba al edificio podía leer los nuevos carteles que se colgaron para prevenir, tanto a los oficiales como a los ciudadanos: “¡Alerta! Agua no potable”. El protocolo de emergencia que habían activado prohibía expresamente beber, ducharse, lavarse las manos o limpiar cualquier objeto. A cambio, los agentes han distribuido desde entonces botellas de agua mineral y gel hidroalcohólico entre los trabajadores y los asistentes.
“Parece una locura, pero le tocó a la comisaría”
La alarma se hizo pública cuando el sindicato policial Un1té reportó que al menos diez agentes habían enfermado gravemente, sufriendo fuertes dolores de estómago, diarreas y un cansancio extremo que se prolongaba durante tres o cuatro días. Stéphane Fievez, secretario sindical, ha manifestado para la cadena TF1 Info que “estamos enfadados porque se podrían haber evitado unos diez casos. Eso es lo que hemos registrado hoy, pero quizá haya más”.

Fievez también ha advertido de que el impacto sanitario podría ser mucho mayor, dado que las instalaciones son públicas y las transita gente ajena al cuerpo todos los días. Todas las sospechas de los agentes se confirmaron al recibir un análisis de laboratorio que se hizo sobre el agua. Los resultados mostraron niveles alarmantes de contaminación bacteriana, presumiblemente de Escherichia coli. Este descubrimiento ha generado preocupación, ya que el pasado mes de febrero se realizó un control rutinario que no detectó anomalías.
Sin embargo, los trabajadores del centro llevaban semanas quejándose de que el agua salía “turbia y amarillenta”, una situación que se agravó notablemente durante la ola de calor de junio, cuando el flujo del grifo adquirió una preocupante tonalidad marrón. La explicación técnica de esta negligencia es tan absurda como real: “Se produjo una inversión de las válvulas entre la de recuperación de agua de lluvia, que alimenta el sistema de descarga del inodoro, y la válvula de la red de agua potable. Parece una locura, pero le tocó a la comisaría”, lamenta Fievez.
Ante la gravedad del asunto, la Prefectura de Somme emitió un duro comunicado responsabilizando directamente a las constructoras encargadas de la obra: “Esta situación inaceptable, debida al incumplimiento de las empresas implicadas, es objeto de las diligencias pertinentes y se han puesto en marcha las medidas necesarias para restablecer lo antes posible un suministro de agua apta para el consumo”, aseguraban, como recoge Actu17.
La desinfección total de la red de cañerías del edificio está programada para comenzar mañana, martes 1 de septiembre, tras una reunión de crisis celebrada el viernes 28 de agosto. “Los resultados deberían estar disponibles en un plazo de entre 24 y 48 horas, y será una empresa de auditoría la que dé o no su visto bueno para reabrir la red de agua”, ha detallado el secretario sindical.